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Félix Fernández: "Entrenar a un perro es una combinación entre cocinar y jugar al tenis"

Félix, con su perro Mandy. VICTORIA RODRÍGUEZ
Félix, con su perro Mandy. VICTORIA RODRÍGUEZ
Este entrenador canino afirma que no hay receta mágica más allá del "trabajo diario"

UNA MIRADA, un gesto, una palabra. Félix Fernández Traseira tiene un lenguaje especial para dirigirse a los perros, a los que entrena, educa, reeduca y prepara para certámenes tanto de agility como de belleza. Este hombre —que, desde Muxa de Abaixo, dirige la empresa Canedupo en Lugo y acaba de solicitar una licencia para acoger competiciones importantes en Lugo— se convirtió en entrenador de perros sin casi quererlo. Una mala situación en la reciente crisis económica lo llevó a cerrar el negocio de hostelería que tenía y se centró, hace ya doce años, en el entrenamiento de sus perros. En principio, como afición. Ahora mismo, como profesión.

"Tenía amistades que tenían perros y me picó el gusanillo. Al principio, empecé a ir a exposiciones de belleza canina con un bull terrier. Después, me centré en el agility. Como en Lugo no había sitios de entrenamiento, hace un par de años monté un centro de entrenamiento en Muxa, donde organizo cursos de introducción al adiestramiento para perros, en los que se trabaja el refuerzo de vínculo, la llamada o el manejo de correa", afirma.

Félix compara el trabajo de entrenamiento de un perro con "una combinación entre cocinar y jugar al tenis". Algo que parece contradictorio lo explica él de esta manera: "Yo transmito la receta al dueño para entrenar el perro pero es el dueño quien tiene que ponerla en práctica y su mano va a influir sobre el resultado. Su mano y su constancia porque, como en el tenis, si no entrenas todos los días, no notas avances".

"Lidiar con el dueño es lo peor. Al final, te conviertes en el entrenador personal del dueño, al que tienes que darle pautas"

El entrenador da las pautas. El dueño las pone en práctica. Pedir que el entrenador lo haga por el dueño es bastante más complicado porque, al fin y al cabo, la relación más cercana es entre el perro y su dueño.

"Hay gente que viene pidiendo que les trabaje el perro pero quien convive con él es el dueño y es él quien tiene que trabajar con el animal", insiste.

La educación de un perro es también similar a la de un niño, al igual que la psicología de un perro tiene también mucho en común con la humana. "Hay una gestión emocional que es muy importante tener en cuenta y hay una sociabilización que hay que potenciar para obtener unos mínimos de educación y saber estar. De lo contrario, nos encontraremos con perros que tienden a ladrar con facilidad, que no responden a la llamada o que gruñen a extraños o a otros perros. Esto es una cuestión de constancia. Y es muy importante hacerlo durante el primer año de vida. Después, el potencial se reduce drásticamente", asegura.

Félix está ahora mismo preparando un perro en Lugo para ser campeón del mundo de agility. En el club de Canedupo, hay veinte canes que compiten en distintas categorías. Dice que, en estos casos, las limitaciones las pone el dueño, no el perro. Y también dice que no hay palabras mágicas para lograr que el animal obedezca a la primera de cambio. Lo que mejor funciona es la recompensa final después de cada esfuerzo, una ley de la psicología que se puede aplicar también a los humanos. "Los perros son seres vivos y emocionales y hay que enseñarlos a gestionar sus emociones", concluye.

"Los perros son seres vivos y emocionales y hay que enseñarlos también a gestionar sus emociones"

Sin embargo, para Félix lo más difícil no es educar a los perros sino tratar con los dueños. "Es lo complicado. Al final, te conviertes en el entrenador personal del dueño, al que tienes que darle pautas. Uno de los errores más comunes es el mal manejo de correa, que suele ser demasiado corta. Esto acaba generando problemas de conducta", dice.

Entrenar a un perro para agility supone enseñarle habilidades como levantar las dos patas de un lado, hacer el pino, aprender a saltar y no derribar vallas, ajustar los metros de un recorrido, gestionar los ruidos y las superficies o trabajar el equilibrio, algo muy recomendado para los perros patosos. Que haberlos..., haylos.

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