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En fila para mostrar las uñas

Rosa García, con un grupo de alumnos de Maristas. MARÍA G. MORADO
Rosa García, con un grupo de alumnos de Maristas. MARÍA G. MORADO

Cinco voluntarias de un programa de Afundación explicaron a estudiantes de Eso de Maristas cómo eran las escuelas de su niñez

"As monxas poñíannos en fila, antes de entrar, e mirábanos a todas as mans e os zapatos para ver se levábamos as uñas e os zapatos limpos. Era moi importante", explica Carmen Casasnovas, una de las cinco voluntarias del Espazo +60 de Afundación que acudieron este miércoles al colegio Maristas a hablar con estudiantes de cuarto de Eso de los colegios de su niñez y encontrar juntos propuestas para futuro de la educación.

Casasnovas dice que se apuntó al programa 'Falamos da escola' precisamente por eso, para conocer cómo trabajan los estudiantes ahora y también para aportar "o meu grao de arena do que para min supuxo o colexio e tamén no que non me gustou, das inxustizas do castigo que se daba cando era nena, por exemplo".

El programa aspira a servir de espacio de intercambio intergeneracional, algo que, como apunta Susana Mouzo, la responsable en Lugo, es cada más escaso en una época "na que se van debilitando lazos e os rapaces incluso teñen menos relacións cos avós ou outros familiares".

Para Sofía Martínez, de Baralla, sus únicos estudios fueron "as pasantías ás que ía de noite; pola mañá ía coas vacas"

A Casasnovas, después de contar que había tenido que cursar Formación del Espíritu Nacional un chaval le preguntó si sabía cantar el 'Cara al sol'. A Carmen Fernández y a otras de las voluntarias, nada. Ella, que fue maestra y orientadora en un instituto, les explicó cómo fue venirse de su Pedrafita natal a estudiar a Lugo interna y de qué manera, al verse en el Cou intercentros, en el que se juntaban alumnos de distintos institutos y de ambos sexos, ella se percató de que le faltaban habilidades sociales para relacionarse con los chicos.

Las experiencias de las voluntarias son muy distintas. Por su parte, Sofía Martínez, de Baralla y que vivió en Madrid 40 años, cuenta que sus únicos estudios fueron "as pasantías ás que ía de noite: pola mañá ía coas vacas e pola noite, estudiaba". En Madrid trabajaba en un supermercado y cuenta que esa formación inicial le servía para calcular el precio de la compra de un cliente sin recurrir a la registradora. "Cóntolles aos rapaces que sempre tiven claro que eu traballaría o que fixera falta para que os meus fillos estudiaran. O fixeron, aínda que o meu fillo acompañou ao meu marido a Mercamadrid moitos días ás catro e media da mañá. Deso tamén lles falo", dice.

Carmen Torrón empezó a ir a clase a la casa de un cura en su pueblo de O Corgo, pero a los once años tuvo que dejar los estudios. Los retomó con 37 y logró sacarse una oposición para convertirse en profesora de autoescuela. Dice que siempre se ha tenido a si misma por una persona "bastante liberal" y a la que le gusta "colaborar con la sociedad", razón por la que se apuntó a este programa.

Carmen Torrón tuvo que dejar los estudios a los once años. Los retomó con 37 y logró sacarse una oposición

Rosa García, ourensana, cuenta a los estudiantes cómo se fue con 15 años unos meses a Venezuela a visitar a su hermano emigrado y acabó quedándose 61 años. Volvió hace seis meses, venía para mes y medio pero las estancias acaban alargándose, en su caso. "Estudié solo unos años porque después la única posibilidad que había era en las monjas y yo, que me quedé huérfana con 10 años, no quería ser una carga para mi hermano. Le decía a mi hermana: "Como me subas al bus del línea para mandarme a ese colegio, me bajo en la primera parada". Acabé estudiando peluquería y trabajando de peluquera", apuntó.

En las propuestas de voluntarias y estudiantes para la educación del futuro siempre se coincide en dos cosas: la igualdad entre sexos y la necesidad de un mayor cuidado del medio ambiente. La responsable del programa recuerda que, pese a la disparidad de edades, "hay bastantes puntos de unión" entre los jóvenes y las voluntarias.

Las cinco voluntarias del Espazo +60 son mujeres, algo que no es una novedad para Mouzo, que ha visto suceder lo mismo en otros programas. "As mulleres participan máis en todo, nos programas de voluntariado, pero tamén no resto de actividades. Para esta teríamos que fomentar máis a participación dos homes porque fálase aos estudantes da separacións e nenos e nenas nas aulas, pero só se lles conta a experiencia delas, non a deles", apunta.

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