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En España, pero desde lo más bajo

Nesyerverth Marcano. VICTORIA RODRÍGUEZ
Nesyerverth Marcano. VICTORIA RODRÍGUEZ

La mayoría de los venezolanos que están llegando a España dejan una buena posición en su país para agarrarse a los empleos más bajos. Una abogada limpiando bares, un peluquero sirviendo copas o un transportista ordeñando vacas son ejemplos de cómo se buscan la vida

Llegan a España sin dinero y con lo puesto. Y dejan en su país sus carreras, sus trabajos y, en general, una buena posición social. Pero la violencia callejera, el acoso político y la dificultad para comprar alimentos los conducen a comprarse un pasaje de avión e iniciar de cero su vida en España.

Damarys Tatis Ferrer acabó acostumbrándose a Lugo y pronto será abuela de una niña gallega. Llegó hace año y medio y, antes de venirse, tuvo que buscar en un mapa donde caía esa ciudad. Se lo acercó un trabajador social indio, del Ministerio de Asuntos Exteriores, en Madrid, donde tramitó su asilo político tan pronto como llegó a España. Su primera impresión fue buena: al menos, estaban cerca del mar y seguramente haría buen tiempo, como en Venezuela. El funcionario indio la sacó de dudas: "En Lugo llueve mucho y hace frío", le dijo. Y Damarys se vino abajo.

Ni ella ni su hija adolescente traían tan siquiera ropa de abrigo. En su país no es necesario y se vinieron con lo puesto después de venderlo prácticamente todo por un precio mucho más bajo que su coste inicial debido a la devaluación de la moneda. Damarys es abogada y profesora de Infantil. Desde que firmó la Lista Tascón, que pedía en 2004 la destitución de Chávez, comenzó a estar vetada en los empleos públicos.

"Pedí protección internacional por persecución política y nos enviaron para Lugo. En Cáritas, nos dieron la ropa y calzado que necesitábamos para vencer el frío del invierno de Lugo y nos acogimos a un programa de Cruz Roja, organización donde hice todos los cursos que me permitieron encontrar trabajo y que nos dio mucho apoyo", cuenta.

El hijo mayor de Damarys ya llevaba dos años en España para cuando ellas dos llegaron. Era un jugador de béisbol que acababa de firmar un contrato para la liga de Estados Unidos pero, antes de marcharse, fue víctima de un atraco. En la refriega con el delincuente, fracturó un brazo y, automáticamente, perdió el contrato. La situación lo llevó a estar un mes encerrado en casa, sin saber qué hacer de su vida y viendo cómo la violencia callejera en Venezuela le arruinaba sus planes de vida. Fue por eso por lo que decidió venirse a España.

"Ahora vive en A Coruña, donde conoció a su pareja y donde será papá en breve. Allí entrena el equipo de béisbol Druidas y también trabaja de carretillero", dice su madre.

La paradoja de la vida de Damarys es que siempre estuvo rodeada de emigrantes gallegos en Venezuela y ahora ella y su familia acabaron recayendo aquí.

"Vivía al lado de la Hermandad Gallega y le compraba los huevos y la carne a dos gallegas, negocios que fueron cerrando con el cambio político. Además, mi madre, que fue emigrante colombiana en Venezuela, estuvo veinticinco años trabajando como cocinera en la Hermandad Gallega", dice esta abogada venezolana.

Damarys estuvo años trabajando como abogada en el Palacio de Justicia, donde hizo suplencias. También trabajó diez años dando clase. Aquí, en Lugo, no consiguió trabajo ni de una cosa, ni de la otra. Solo encontró trabajo en la hostelería cuando no sabía ni freír un huevo y en la limpieza cuando nunca había cogido la escoba. Ahora está homologando su título de abogada y reclama que se pueda homologar también el carné de conducir.

Pese a todo, Damarys recuperó en Lugo la tranquilidad. "Cuando llegué aquí, me pasé tres o cuatro meses que tampoco lo hacía y cuando oía una moto me ponía de los nervios porque allá los delincuentes viajan en moto... hasta que comprobé que había mucha seguridad".

Damarys se vino a España por la situación política, la inseguridad y, sobre todo, los problemas para encontrar comida.

"No hay comida. Allá te asignan solo un día a la semana para hacer la compra, dependiendo del último número de tu cédula de identidad y no se compra la comida que necesitas, sino lo que puedes conseguir. Yo salía a las tres de la mañana de casa para ser de las primeras en llegar a la cola del super. De esa forma, había más posibilidades de encontrar productos pero puedes pasarte un mes sin azúcar o sin aceite. Una consecuencia de esto fue que, cuando llegué aquí, sufrí ataques compulsivos de compra de alimentos", afirma.

Camarero, antes que barbero
Nesyerveth Jesús Marcano siempre fue barbero: tanto en su tierra, Venezuela, como en Colombia, a donde emigró en primer lugar, y ahora en Lugo.

Empleos
Pero, antes de alquilar un bajo para regentar una peluquería masculina, trabajó en la hostelería y cuidando a un anciano.

Casos
No fue el único que desempeñó una profesión distinta a la suya. Su suegra —jefa de enfermeras en Venezuela— es cocinera en Sarria—; su suegro —transportista de Pepsi- Cola— trabaja en una granja sin haber visto nunca antes una vaca, y su mujer, experta en controles de calidad, está detrás de la barra de un bar.

 

En España, pero desde lo más bajo
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