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José Benito López: "Empecé teniendo 400 alumnos, acabé teniendo cuatro, y ni lo uno ni lo otro"

José Benito López Ferreiro, en su despacho. XESÚS PONTE
José Benito López Ferreiro, en su despacho. XESÚS PONTE

López Ferreiro ha repartido su vocación entre el ejercicio del Derecho y su enseñanza en la universidad. De esta última actividad se ha jubilado recientemente, después de casi cuarenta años enseñando Civil

José benito lópez Ferreiro ha impartido clase de Derecho Civil en la Universidad Complutense, San Pablo CEU y la USC, especialmente en la diplomatura de Empresariales de Lugo. Casi cuatro décadas en las que ha sido testigo de un cambio brutal.

Fue docente antes que abogado. ¿Esa es su vocación principal? ¿Cómo llegó a ella?

A mí me nacieron en Lourixe (Pol), en una época que, como le contaba a mis alumnos y les resultaba increíble, en plena Tierra Llana y en los años sesenta no había luz eléctrica. En las casas que llamaban buenas, de siete u ocho vacas como la mía, había luz de carburo en la cocina y en el resto de las dependencias, luz de petróleo. Ni radio, ni televisión ni nada que se le pareciera. Mis primeros pasos se los debo, como muchos más de mi época, al Seminario de Lugo. Después de acabar tres años de Filosofía, me fui a la universidad de los jesuitas, donde hice Teología, Derecho Canónico, y luego, Derecho en la Complutense. Acabé la carrera en junio de 1977 y en octubre daba mis primeras clases en la Complutense. La enseñanza siempre fue para mí una pasión. Creo que para ella hay que tener vocación y ciertas dotes naturales de comunicador. En la faceta del profesor universitario sin duda tiene mucha importancia la investigación, pero generalmente el buen investigador rara vez es buen profesor, porque el profesor para mí es un concaminante con el alumno, un transmisor, alguien que tiene que hacer atractiva la materia y comprensiva a los alumnos sin perder un nivel académico mínimo exigible.

Dice que el investigador rara vez es un buen docente, pero ahora mismo es prácticamente imposible ser docente universitario sin investigar, ¿no es así?

Yo tengo una deuda con la universidad que es la investigación. Ojalá las dos características se den juntas, que un buen investigador sea buen profesor, pero si hablamos de profesor es más importante que lea lo que se investiga para estar al día y sea capaz de transmitirlo a los alumnos, hacerlo atractivo y comprensible. Normalmente, el gran investigador, que es imprescindible en la sociedad, está más en su mundo y le cuesta acercarse al de los alumnos. Me gusta recordar a José Luis Sampedro, que decía que para el profesor eran esenciales dos mandamientos: querer a los alumnos, vincularse con ellos porque entonces van a intentar no fallarte, y provocar capacidad crítica, discernimiento. Yo añadiría, sin querer rectificar al gran profesor, ser referente. Los universitarios, como la sociedad, necesitan referentes, pero hoy la universidad solo pretende una formación académica y parece que estuviera prohibido que el profesor, con su talante, contribuya también a la formación del alumno como persona. Parece que no hubiera intelectuales en este país, a nadie interesan, parece que solo quedan como referentes, sin hacer generalizaciones, determinados políticos y deportistas de élite. ¡Qué sociedad! También hay otra cuestión, yo entiendo que para que la enseñanza sea práctica debe practicar el profesor. Cuando di clase en Madrid y no ejercía la profesión me parecía que no era un mal docente, pero cuando di clase en Lugo ejerciendo la profesión me di cuenta de que antes no debía de ser un buen docente, aunque los alumnos me valoraban con tal, porque no es lo mismo hablar de los temas cuando llevas a las espaldas muchos casos.

¿Cómo resumiría el cambio el alumnado y la universidad desde que empezó hasta ahora?

Los alumnos siempre son reflejo de la sociedad. En los años 70, los universitarios teníamos una importante preocupación social, política, de libertad. Hoy vivimos en otro mundo y esa inquietud ya no la hay porque tampoco la tiene la sociedad. Hoy hay alumnos, quizás, académicamente más serios y más trabajadores que una buena parte de mis 400 alumnos de la facultad de Derecho de Madrid, pero ¿qué les ofrecemos cuando terminan? Son de los profesionales mejor preparados de Europa y los exportamos a otros países, pero esos países ya han aprendido y no les pagan como a los suyos, sino bastante menos, porque saben que nosotros fabricamos talentos para exportar una vez formados en nuestras universidades.

¿Y cómo ve el cambio del campus de Lugo en este tiempo?

Cuando yo accedí a él en el 87, estaba en auge. Posiblemente por razones sociopolíticas se crearon campus, se repitieron títulos... En Empresariales había cerca de 200 alumnos para empezar la carrera y ahora hay menos de 60. Luego se habló de evitar la duplicidad de títulos, pero sí la hay. Empresariales de Lugo era una diplomatura y en el 96, para que no tuvieran que ir a Santiago se trajo el segundo ciclo de Administración y Empresas, pero no vinieron para eso, sino en realidad para fagocitar lo que había en Lugo. Se puso Ade en Lugo y en Santiago. En Lugo se abrió un nuevo título hace cuatro años especial para el campus, como tuvo siempre, Pequeña y Mediana Empresa, pero cerrará ahora y ese es un motivo de mi jubilación, me jubilé antes de los setenta por aburrimiento, pese a la pasión que sentía por la enseñanza. Empecé con 400, acabo con cuatro, y ni lo uno ni lo otro; con menos de cuarenta no hay unas clases dinámicas.

¿Se siente satisfecho?

Sí, me siento satisfecho, gratificado, aunque un poco decepcionado con el sistema universitario. Lo mejor que me puede decir un alumno es que no solo contribuí a ciertos conocimientos jurídicos sino que contribuí en algo a su formación integral como persona.

Muchos alumnos alababan su manera de explicar y de corregir...

Yo siempre dije que el año que tuviera que suspender a más del 15% de los asistentes y sufrientes, el que se iba era yo porque entonces había perdido la capacidad de hacer la materia atractiva y de conectarles la materia con la realidad de la vida. Yo siempre me coloqué ante un examen pensando a ver si da lo suficiente para aprobar y no a ver en qué falla para suspenderle.

"Don Jorge Dorribo es una persona muy convincente y con una oratoria considerable"

JOSÉ BENITO LOPEZ sigue ejerciendo la abogacía. Llevó, entre otros muchos casos, el concurso de acreedores de Nupel.

¿Fue su caso más complejo?

Fue complejo sin duda y el más sonado; quizás el más trabajado también, pero el mejor hecho posiblemente no, esos fueron los primeros concursos porque el sistema de la ley del 2003 pretendía romper con todo lo anterior y era casi todo nuevo, no había jurisprudencia. En Nupel se mezclaba la jurisdicción penal y la mercantil y hubo que llegar dos veces al Supremo. Tuvimos que reunirnos varias veces con don Jorge Dorribo, que es una persona muy convincente y con una oratoria considerable. Si lo escuchabas con la mente en blanco era para llamar a tu mujer y decirle, oye, este proyecto de la unidosis va a ser una bomba, el poco dinero que tengamos lo deberíamos meter aquí.

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