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Elvira Fernández: "Trabajar en una prisión te ayuda a conocer el porqué de las cosas"

Elvira Fernández, ante el busto de Concepción Arenal. VICTORIA RODRÍGUEZ
Elvira Fernández, ante el busto de Concepción Arenal. VICTORIA RODRÍGUEZ
Concepción Arenal, pionera del feminismo español y de la atención a los presos, vuelve a ser centro de atención al cumplirse dos siglos de su nacimiento. Elvira Fernández reivindica su legado desde la presidencia de la asociación lucense que lleva su nombre

Todo en Elvira Fernández (Madrid, 1977) parecía predestinarla a la Asociación Penitenciaria Concepción Arenal, con la que empezó a colaborar apenas llegó a Lugo, hace 14 años. Primero como colaboradora y después como secretaria, casi se vio obliga a dar el paso hacia la presidencia de la asociación cuando la anterior, Paula Alvarellos, saltó a la política local. No supuso, sin embargo, trauma alguno para esta licenciada en Derecho y Criminología, máster en criminal profiling y subdirectora de tratamiento de la prisión de Monterroso. Desde ese puesto dirige un equipo de psicólogos, juristas, pedagogos y trabajadores sociales que tiene en sus manos no solo el día a día de los presos, sino buena parte de su futuro. Y, por lo que dicen de ella, no podrían estar en mejores manos. 

¿Cuántos programas tienen ahora en marcha la asociación? 
Relativamente importantes, tres. El de reinserción laboral con la Diputación, las Jornadas Penitenciarias con el Concello y el de Muller con la Xunta. Y luego se hacen temas puntuales de voluntariado y de intervenciones en centros penitenciarios, se participa en programas que ya se están llevando a cabo en los centros. O surgen propuestas de otras entidades que si tenemos tiempo y disponibilidad entramos. Pero dependemos de las personas que trabajan a nivel técnico en la asociación, porque la carga de trabajo la llevan ellas. 

¿Cuántas personas trabajan? 
Dependemos de la disponibilidad económica, pero siempre tratamos de tener una trabajadora social y una psicóloga y, a ser posible, que alguna de las dos tenga formación en criminología. 

Entiendo que al menos son bastante selectivos en los programas, porque la mayoría de los que están dentro son profesionales de Instituciones Penitenciarias y saben dónde actuar con mayor eficacia. 
Para empezar, que una entidad entre en un centro penitenciario significa que ha tenido que pasar una criba y que su programa tiene que ser necesario. La asociación lleva mucho tiempo trabajando con ese tipo de usuario en la calle, atendiendo a nivel de despacho. 

Ahora se lucha contra molinos, porque los políticos no te dicen sí o no, sino quizás, y con ese quizás, ¿qué haces?

¿Cuál es el perfil de usuario? 
Los programas están dirigidos en general a personas en riesgo de exclusión. Una gran parte que se concentra en los presos, pero otra parte son mujeres que a lo mejor están en un ámbito de marginalidad, o personas que han tenido problemas judiciales y no han llegado a entrar en prisión pero están en el límite. Muchas veces lo que hacemos son derivaciones de gente que nos llega a la oficina, buscamos a otras asociaciones que puedan ayudarles. Trabajamos en red con la Federación de Asociaciones, que se encarga de coordinar todo el voluntariado. 

Usted era abogada, ¿cómo acabó en prisiones? 
Era abogada del ámbito penal y me gustaba mucho. Ejercí poco tiempo, pero lo sigo echando de menos. Pero me gusta mucho la criminología, conocer el porqué de las cosas. Y el derecho penitenciario era una manera ver lo que había al otro lado de la mesa. Cuando se trabaja en reinserción, aunque la gente piense que es utópico, estás viendo la cara de la persona casi todos los días, participas en los peores momentos de su vida y no vas a evitar lo peor que ha hecho, pero si vas a poder trabajar en su futuro. Y eso ayuda a tener una sociedad mejor. Es un trabajo que se ve a muy largo plazo. 

¿Y funciona, la reinserción no solo es posible, sino habitual? 
La reincidencia sí baja con los programas de tratamiento. Hay un reducto de la sociedad que es mucho mejor que esté dentro porque es un peligro. Pero el tanto por ciento de gente irrecuperable es mínimo. Hay gran cantidad de gente que comete un error en su vida, lo paga y vuelve a la sociedad. Otra cosa es que la modificación de conducta a partir de una determinada edad es más complicada, pero con cualquier persona, porque hay que hacer una introspección para que acabe asumiendo que en un momento de su vida lo ha hecho todo mal y ese trabajo es difícil y es muy duro a nivel personal, tanto para ella como para ti. Por eso cuando ves que una de estas personas sale y te llama y te dice que se ha casado, que tiene un trabajo, que tiene un hijo, que le ayuda a hacer los deberes... merece mucho la pena. 

La reincidencia baja con los programas de tratamiento. El tanto por ciento de reclusos irrecuperables es mínimo

También se verán muchos fracasos y situaciones muy duras. ¿Afecta a nivel personal? 
Depende de la personalidad de cada uno. A mí a veces me cuesta mucho desconectar, sacarme los temas de la cabeza, y es verdad que a veces repercute en tu vida diaria. Y también porque son cosas que en tu trabajo tienes normalizadas, pero cuando las comentas fuera la gente las ve como un horror. A veces me genera desgaste emocional, pero me gusta mucho lo que hago. 

Eso le proporciona además un punto de observación privilegiado para conocer la condición humana. 
Pues sí, por eso decía que en su momento me parecía una manera interesantísima de conocer el porqué de las cosas. 

¿Y existe un porqué? 
Muchas veces no. Pero hay muchas cosas detrás de las personas. La gente coge una sentencia y ve los hechos probados, pero hay tantas cosas detrás, tantas historias personales y familiares que no se recogen, que la realidad supera a la ficción.

¿En qué punto está el sistema penitenciario español? 
Ha avanzado muchísimo en los últimos 30 años. Yo he salido al extranjero y he visto otros sistemas, y tenemos que estar orgullosísimos. Lo que pasa es que trabajas dentro de un sistema con un engranaje y a veces te decepcionas porque no funciona y no puedes arreglar las cosas. Cuando trabajas con personas que tienen problemas es frustrante que si existe un proceso que debe funcionar no funcione siempre bien. Pero todos somos responsables de que el sistema a veces no funcione lo suficientemente bien. 

Concepción Arenal lo hubiera tenido ahora más difícil

Parece que la mayoría de las personas comparten dos imágenes de la cárcel, y a veces conviven de manera contradictoria en la misma persona: por un lado, la imagen de lugar peligroso y hostil que transmiten las películas y, por el otro, la imagen de lugar lleno de comodidades en el que algunos delincuentes bien a cuerpo de rey. Eso es el reflejo del desconocimiento, en buena parte fomentado por el oscurantismo de Instituciones Penitenciarias. 
Estamos en un momento más equilibrado, pero también es cierto que muchas veces estamos a la defensiva. Lo que pasa es que muchas veces esas imágenes son reflejo del clima social que haya y de cómo la sociedad en ese momento entienda que deben repartirse los recursos. Hay que entender cómo respira la sociedad en cada momento, porque no siempre el clima social es igual de solidario. 

Es verdad que quizás no es este el momento más solidario. ¿Sería ahora posible una figura como la de Concepción Arenal? 
Habría que tener no más conciencia social, porque cuando se busca aparece, pero a veces más humanidad. No hace falta irse a miles de kilómetros para echarle una mano a alguien, y no hablo de prisiones, sino del concepto genérico de sociedad. Probablemente Concepción Arenal lo hubiera tenido más difícil ahora, porque en aquel momento hasta una parte de sociedad la aupó porque vio que estaba haciendo algo que era necesario, porque veía que había un régimen que no se lo permitía. Ahora se lucha prácticamente con molinos, porque los políticos no te dicen sí o no, sino quizás, y con ese quizás, ¿qué haces?

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