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El Imperio se reúne en Lugo

Lucha entre romanos y castrexos en el Arde Lucus. XESÚS PONTE
Lucha entre romanos y castrexos en el Arde Lucus. XESÚS PONTE

La veintena de asociaciones lucenses de recreación histórica exhibieron músculo en el desfile celebrado este sábado por la noche, en el que estuvieron acompañadas por otras llegadas de Rumanía, Moldavia o Francia

La moderna Lucus Augusti vive estos días una doble toma de la ciudad, por una parte, de las legiones romanas y, por otra parte, de legiones de visitantes ávidos de una fiesta que se vive tan intensamente en la calle que la hace casi única en Hispania. Todo el Imperio se reúne en la capital lucense durante este maratoniano fin de semana.

El desfile de este sábado por la noche fue un ejemplo. La veintena de asociaciones de recreación histórica que participan en el Arde Lucus exhibieron músculo en esta marcha alrededor de la fortaleza romana. No estuvieron solas. Les acompañaron otras llegadas de Rumanía, Moldavia, Italia, Francia, Portugal, Cacabelos (León), Cantabria, Cartagena (Murcia), Punta Umbría (Huelva) o Mérida (Badajoz).

La trascendencia del Arde Lucus es internacional. No solo por la presencia de estas asociaciones de recreación histórica foráneas, sino también por su interés mediático. Estos días se han acercado a Lugo equipos de televisiones de otros países, como por ejemplo Perú o Chile.

El circo romano sigue siendo uno de los espectáculos que más atraen. Las gradas instaladas en la explanada del pabellón municipal y las cuestas del Parque estuvieron abarrotadas.

El procónsul Paulo Fabio Máximo, en nombre de César, ya advertía de que "el Arde Lucus no sería lo mismo sin el gran espectáculo del circus maximus" porque reúne a "los seis gladiadores más fieros que oro puede comprar". Seis esclavos que lucharon por su libertad en el coso a lomos de sus córceles, a las riendas de una biga y a pie pertrechados con sus armas. Solo uno sobrevivió, tras una cruenta lucha.

HOMENAJE. El Arde Lucus vive una edición especial, porque es la de su mayoría de edad, pero también porque es la despedida de su impulsora, Carmen Basadre, que este sábado dijo su adiós definitivo a la concejalía de cultura y a la política municipal, desde la que promovió esta celebración que recibe el solsticio de verano y conmemora la fundación de la ciudad.

"Sería impensable o Arde Lucus sen Carmen Basadre, que é a alma máter desta festa", señaló la recién reelegida alcaldesa, Lara Méndez, que tributó un reconocimiento a la labor de la exedil durante el acto de recepción a las agrupaciones de recreación histórica locales y foráneas.

La agenda de actos fue apretada en la jornada sabatina. El lento despertar de Lucus Augusti llegó de la mano de las recreaciones de los trabajos cotidianos de dos civilizaciones, la romana y la castreña, separadas por la guerra, pero que acabaron conviviendo, como se puede ver estos días en las calles de Lugo.

Junto al fuego y la preparación de las viandas, que antaño se iniciaba a primera hora de la mañana, varias mujeres se dedican al proceso de elaboración e hilado de lino y lana. Pertenecen a la asociación de San Bartolomeu de Insua, y colaboran desde hace siete años con el colectivo lucense Terra et Corpora.

La artesanía y los oficios castreños son la referencia en el campamento de Tir Na N’og, donde se reproduce la elaboración de collares de cuentas de vidrio, hechas con pequeño horno artesanal, alimentado con un fuelle movido a mano. "Es una imitación de un horno de la época, hallado en Dinamarca. En Galicia se localizó un horno de grandes dimensiones en Ourense, diseñado para soplar vidrios de mayor tamaño, pero no estos más pequeños. Sí se hallaron numerosas cuentas de vidrio, como las aparecidas en el castro de Viladonga, pero no existe constancia de que se fabricasen aquí", explica Lorena Boquete.

Las piezas de joyería y las armas castreñas centran la exposición del Clan de Breogán, donde puede verse una colección de hierbas naturales autóctonas, muy apreciadas antaño por sus propiedades, sobre todo el muérdago, y que todavía se usan hoy en día. La flor del tojo, la cola de caballo y la ortiga eran algunas de las más comunes.

Entre las piezas de orfebrería expuestas sobresalen las reproducciones de las diademas del castro de Santa Tegra y de Cangas de Onís, varios torques, unos con las terminaciones propias de Galicia "y otros rematados con cabezas de lobos, más habituales de otros puntos de Hispania", según apunta Mónica Rodríguez Castro.

GLADIADORES. El ritual de investidura de los mercenarios galaicos, de la mano de una meiga, despertó mucha expectación, al igual que las exhibiciones de la escuela de gladiadores. Ars Dimicandi, un colectivo italiano que participa desde hace siete años en el Arde Lucus, ofrece una veraz interpretación de la lucha, cuyo fin no era la muerte del rival, como se transmite en las películas de época. Se trataba de un espectáculo ritual que buscaba una pelea duradera "con armas que pinchaban y hacían sangrar, pero que no cortaban. Se buscaba la catarsis del público con el luchador para que detuviese la pelea tras su demostración de heroicidad, al verle ensangrentado y sufriendo", afirmó Darío Bataglia, portavoz de este colectivo.

Los gladiadores griegos usaban jabalinas y se atacaban a cierta distancia. Los contendientes llevaban un casco redondo y un escudo. Esta lucha pasó después al sur de Italia y, con el paso del tiempo, se impusieron las armas cortas, "lo que obligó a poner alas a los cascos, que en la época de Augusto taparían incluso la parte delantera de la cara", precisó Bataglia.

La disputa por el pago de los servicios de una meretriz, interpretada por un drag queen, fue el hilo argumental del juicio al liberto Jumentum en la sesión del Senatus Lucus Augusti. Ninguno de los senadores estaba dispuesto a arriesgar su matrimonio si Ligeria revelaba lo que sabía de ellos o la relación clientelar que mantenían. De ahí el temor a que contase más de lo necesario para resolver el litigio.

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