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El Hula registra al menos un ingreso al mes por brote psicótico por drogas

Un hombre se preparar unas rayas de coca
Un hombre se preparar unas rayas de coca
La mayoría de pacientes están en la veintena aunque también se dan en preadolescentes de 13 o 14 años

Las consecuencias físicas del consumo de drogas pueden ser más conocidas que las psíquicas, pero no porque estas sean más banales o se produzcan con menos frecuencia. De hecho, al menos una vez al mes, un paciente ingresa en el hospital de Lugo a causa de un brote psicótico tras el consumo de tóxicos. La psiquiatra María José Rivas explica que se trata de pacientes generalmente jóvenes, con frecuencia en la veintena, aunque también llegan a Urgencias casos de preadolescentes de 13 o 14 años. Estos no pueden ser hospitalizados en el Hula porque el centro no tiene unidad infantil de agudos de Psiquiatría y es preciso derivarlos.

Las drogas que conducen a esos pacientes a sufrir una alteración de conducta, delirios y alucinaciones son, principalmente, el alcohol, la cocaína y el cannabis, en gran parte de casos combinados. Es raro el consumidor puro de una sola droga, que no bebe nada o que no fuma porros y el hachís está muchas veces detrás de esos brotes, pese a ser considerada en ocasiones como casi inocua. "Es una droga sobre la que se banaliza muchísimo", advierte la doctora Rivas.

También se combinan en ocasiones con otras drogas sintéticas que "nadie, ni siquiera los pacientes que las han tomado, tiene muy claro qué son ni qué llevan". 

El trastorno psicótico de un consumidor de drogas provoca una gran angustia. El paciente tiene alucinaciones visuales, no tanto porque vea elementos que no existen sino porque interpreta la realidad de forma delirante y retorcida. Suelen ser, además, autorreferenciales. Puede pensar que le persiguen, que gente con la que se cruza por la calle quiere hacerle algo malo o que se ríe de él, cree que hay una conspiración en su contra y le cuesta fiarse de familiares o amigos. No resulta extraño que esté a la defensiva y alerta casi sin descanso o que pueda tener un comportamiento violento, aunque suela ser una persona tranquila. Lo justifica porque la realidad en la que vive en ese momento lo empuja a actuar así. Lo vive como si estuviera protegiéndose o defendiéndose de algún ataque. Por tanto, con frecuencia, el paciente acude a Urgencias custodiado por la Policía o la Guardia Civil.

Durante el ingreso en la unidad de agudos de Psiquiatría se le da un tratamiento farmacológico y se somete a terapia. La mayoría de pacientes recuerdan al menos parte de lo que les ha ocurrido, aunque algunas cosas se les escapen sobre todo los primeros días. Los especialistas intentan que hagan lo que se llama crítica del episodio, que sea consciente de lo ocurrido, de qué es real y de qué no.

La psiquiatra define como "la mejor de las situaciones" un ingreso a raíz de un brote psicótico cuando las pruebas detectan que no se ha producido lesión cerebral alguno, ya que supone una oportunidad única de comprobar un tipo de angustia lo suficientemente disuasoria como para dejar de consumir drogas sin consecuencias permanentes.

Sin embargo, los reingresos entre este tipo de pacientes son frecuentes. La reacción de un consumidor ante una droga es muy impredecible y no depende ni de la cantidad ni de la frecuencia. Algunos de los trastornos psicóticos que deben ingresar se producen en los primeros momentos del consumo, otros cuando ya llevan años haciéndolo. Una vez pasado, a algunos les funcionará esa droga como un interruptor y volverán a tener un brote cada vez que la consuman. A otros no les vuelve a ocurrir. Algunos, tras el primer brote, desarrollan ya una enfermedad mental crónica, como una esquizofrenia y deben estar a tratamiento toda la vida.

Hay pacientes que tienen cierta predisposición a la enfermedad mental y para quien las drogas suponen un disparador claro, aunque cabe la posibilidad de que la hubieran llegado a desarrollar. Pero también los hay que probablemente no se hubieran encontrado en ese punto de no haber empezado a consumir tóxicos.

DETECCIÓN. Aunque la inmensa mayoría de casos de trastornos propiciados por las drogas se deben al consumo de tóxicos ya muy conocidos, puntualmente también se ven otros. Si bien es cierto que algunas son prácticamente imposibles de detectar en los análisis que hace el hospital porque el rango que abarca se centra en los de uso más frecuentes, hay casos en los que se sabe cuál fue la que se consumió porque los pacientes la mencionan.

Por ejemplo, hace un par de años ingresaron dos personas (en dos momentos diferentes) por un trastorno provocado por el consumo de ayahuasca. Se trataba de dos pacientes de origen latinoamericano que dijeron a los especialistas que se trataba de una droga muy conocida en su país. Se supone, de hecho, que la ayahuasca era una bebida muy utilizada por los pueblos indígenas amazónicos y que tiene efectos alucinógenos. Fue popularizada por escritores y músicos de los 60 en Estados Unidos y Europa.

Las setas alucinógenas o el LSD son otras drogas cuyo consumo puede desembocar en un brote psicótico, pero esos casos son excepcionales. En general, los momentos en los que se producen más ingresos a raíz de ese problema son los fines de semana, ya que hay jóvenes que, aunque puedan fumar cannabis a diario, aumentan considerablemente su consumo y lo mezclan con otras sustancias en los festivos.

El ingreso suele prolongarse como mínimo una semana, aunque su duración depende en gran medida de la colaboración del paciente, si reconoce su problema, participa en las terapias y se aviene a seguir el tratamiento. También depende de que se dé con un tratamiento que resulte efectivo y que sea bien tolerado, para asegurar la adherencia.

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