Duelo a primera injuria

El concejal Carlos Portomeñe responde a la demanda por calumnias de López Orozco con un ofrecimiento a debatir en el medio que quiera sobre los presuntos delitos de los que le acusó
Los abogados Gerardo Pardo de Vera y Gregorio Arroyo, en los juzgados
photo_camera Los abogados Gerardo Pardo de Vera y Gregorio Arroyo, en los juzgados

El sainete político y judicial en el que Lugo se ha convertido en los últimos tiempos escribió este martes un nuevo capítulo, más propio de los folletines de espadachines que de los best sellers de política-ficción. La cosa amenaza con acabar con el concejal Carlos Portomeñe y el exalcalde José López Orozco batiéndose en duelo dialéctico, como dos capitanes Alatriste, quién sabe si incluso al amanecer y frente a la tapia del cementerio, con padrinos y a primera injuria, por evitar la sangre. Solo falta elegir las armas, sean judiciales o dialécticas.

Los padrinos de ambos, sus dos abogados y sus dos procuradores, se dieron cita este martes en el juzgado de Primera Instancia 1, que lleva la demanda por injurias y calumnias que Orozco ha interpuesto contra Portomeñe, después de que este insinuara, en varias intervenciones públicas y en sus declaraciones como testigo en casos relacionados con las irregularidades del PXOM, que el exalcalde pudo cometer varios delitos. La ley contempla que, previamente a la presentación definitiva de la demanda, se pueda celebrar un acto de conciliación, en el que el demandado puede explicarse e incluso retractarse de sus palabras.

Todo apunta a que el reto caerá en saco roto, tras indicar el letrado de Orozco que considera la oferta una simple "maniobra evasiva"


El padrino-letrado de Portomeñe, Gerardo Pardo de Vera, no portaba, sin embargo, disculpas, sino un guante en forma de propuesta de avenencia que lanzó, muy cortésmente, a la cara del enviado de Orozco, Gregorio Arroyo. El guante tiene forma de escrito en el que el concejal de Ace "invita al conciliante a un debate sin restricciones donde se discuta sobre la veracidad u ofensividad de las informaciones y expresiones proferidas que entiende vejatorias para su honor externo (el interno atañe solo a la conciencia de uno mismo y es irreparable), en el medio de comunicación que mejor le pareciere, bajo la tutela del moderador que estime más capacitado y en la fecha que tenga por conveniente".


La intención del concejal que ha desbordado la paciencia del exregidor es "debatir en público y políticamente, con base en el desaparecido documento PXOM-2004 y subsiguientes y todas aquellas materias que se quieran introducir, dejando los saturados juzgados y los encorsetados pleitos para cuestiones de otra enjundia". No aclara el escrito si la intención real del término "encorsetado" es la de pacificar o la de perserverar en la ofensa.

De todos los modos, no parece que vaya a llegar la sangre al río, porque todo apunta a que el reto caerá en saco roto. Eso indican al menos las palabras del letrado de Orozco, Arroyo, tras conocer la oferta de duelo: "Se trata simplemente de una maniobra evasiva", consideró, "pues parece que el señor Portomeñe no es tan valiente en los juzgados como cuando habla ante la prensa".


En su demanda el exalcalde de Lugo le reclama a Portomeñe 50.000 euros de indemnización


La alusión a la valentía del señor concejal venía al caso, se supone, porque en su demanda el anterior alcalde de Lugo le reclama como indemnización 50.000 piezas de euro, lo que parece motivo sobrado como para hacer temblar al más pintado, por mucho que Orozco haya anunciado que las donará a Aspnais si las gana. 

Las afrentas que han desembocado en esto, según recoge la demanda, aparecieron en varios medios de comunicación, que recogieron textualmente declaraciones de Portomeñe sobre supuestas presiones a funcionarios y otras irregularidades que habría cometido Orozco durante la tramitación de PXOM. También en sus declaraciones como testigo por ante la jueza Pilar de Lara. 

"Resulta que luego, ante el juez, no es tan valiente, porque cuando yo le pregunté dijo que su palabras fueron malinterpretadas por los medios. Por todos", insistió un no menos cortés Gregorio Arroyo, para dejar claro que el pleito tenía mal arreglo y que iban a llover querellas como mandobles. "No cederé ante querellas disuasorias o cualquier tipo de amenaza, venga de quien venga. Seguiré cumpliendo con mi obligación como cargo público de perseguir cualquier indicio de corrupción", desafió luego Portomeñe, ya totalmente metido en su papel de justiciero.

El desenlace, en la próxima entrega del folletín.

Comentarios