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La demanda de la unidad del dolor creció un 133% en 10 años

Equipo de la unidad del dolor del Hula. VICTORIA RODRÍGUEZ
Equipo de la unidad del dolor del Hula. VICTORIA RODRÍGUEZ

Recibe cada vez a personas más jóvenes, muchos en la treintena, generalmente con escoliosis y protusiones que no pueden operarse ▶ La prescripción de opioides cada vez más fuertes y de efecto más rápido obliga a los especialistas a prevenir posibles adicciones

La unidad del dolor del Hula trató el año pasado a unos 700 nuevos pacientes. Hace una década, los enfermos que acudían por primera vez a ella eran 300 al año. Ese sustancial incremento de la actividad de un 133% viene acompañado por otros cambios en la unidad a fuerza de incorporar nuevas terapias y de asistir a una población cada vez más demandante.

La unidad nació de forma oficiosa en 1993 y de forma oficial, con una estructura propia, un año más tarde. Entonces, como las otras que había en España, se centraba en el tratamiento farmacológico del dolor. Hace 25 años el rango de medicamentos analgésicos era menor y, además, de uso más restringido. Desde entonces, ha aumentado mucho y el tratamiento del dolor crónico que se puede controlar con medicamentos lo asume ahora, fundamentalmente, el médico de cabecera. Los especialistas de Familia pueden, al contrario de lo que ocurría antes, recetar incluso los opioides más potentes.

Eso ha contribuido a modificar la labor de la unidad del dolor, que, como explica su responsable, Margarita López Rouco, ahora se centra en tareas más específicas, aplicando más técnicas intervencionistas. El área conserva el mismo objetivo -el tratamiento del dolor crónico en consulta externa, el del dolor postquirúrgico, fundamentalmente intrahospitalario pero también cuando el paciente se va de alta si no lo puede asumir Primaria; el del dolor que se da entre pacientes ingresados pero no a raíz de una operación, sino por ejemplo por traumatismo, infección o lesiones y el dolor oncológico- pero utiliza otras terapias para atajarlo.

Entre las técnicas analgésicas que realiza la unidad del Hula -integrada dentro del servicio de Anestesiología y Reanimación- se encuentran los bloqueos nerviosos periféricos o los espinales. En ambos casos se trata de evitar que el sistema nervioso en la zona afectada remita una señal informando del dolor. La radiofrecuencia igualmente tiene como objetivo bloquear la transmisión de señales nerviosas del dolor. La estimulación medular, se hace mediante la colocación de un dispositivo que envía impulsos eléctricos que alteran el mensaje de dolor antes de que llegue al cerebro. Las bombas intratecales permiten administrar los analgésicos directamente en la zona que rodea la médula espinal.

Los pacientes no solo han aumentado sino que se han rejuvenecido. El rango de edades que se atiende en la unidad es amplio, pero cada vez acuden más personas en la treintena, fundamentalmente por escoliosis o protusiones que no tienen indicación quirúrgica. Como no se les recomienda operarse, los enfermemos tienen que intentar hacer una vida normal con ese problema y piden ayuda para manejar el dolor.

Además, la doctora López Rouco explica que "cada vez se tolera menos el dolor y se pide ayuda antes". Esta es una de las explicaciones del aumento de la demanda asistencial en la unidad. También la incorporación de nuevas técnicas y patologías. Por ejemplo, desde hace unos tres años, los anestesiólogos colocan neurotransmisores de la raíz sacra S3, que se ha probado eficaz para reducir el dolor pélvico, así como incontinencias urinarias y fecales y disfunción eréctil.

ADICCIÓN. La incorporación de nuevos opioides, más potentes y de efecto más rápido, obliga ahora a los especialistas a tener muy en cuenta la prevención de la adicción. "Antes era una posibilidad menos frecuente, ahora no resulta tan extraña", admite la doctor López Rouco, que reconoce que se han dado casos de pacientes que han tenido que someterse a tratamientos de deshabituación después de recibir estos fármacos durante un tiempo.

El mecanismo de actuación de los incorporados en los últimos años es clave: mucho más rápido y más intenso desde el primer momento, con picos. Otros tratamientos previos eran más mesetarios con una situación de alivio menos evidente inicialmente pero de mayor duración.

Para evitar que los pacientes se enganchen a los tratamientos o se vuelvan tolerantes y pierdan efectividad, los anestesiólogos recurren a un sistema de rotación, además de la prescripción escalonada. De igual manera, también pueden provocar tolerancia algunas de las técnicas intervencionistas que se aplican en la unidad.

Por ejemplo, en el caso de los neurotransmisores es el paciente el que elige la intensidad del impulso eléctrico que se aplica en la zona afectada. Aunque tiene un límite de seguridad para evitar corrientes dolorosas, sí que permite que el enfermo vaya incrementando la intensidad a medida que lo necesite y también se puede hacer tolerante e incluso desarrollar una adicción. Es una técnica que se aplica en los casos de pacientes que no se han beneficiado de la radiofrecuencia.

Crónico 
Mujeres, más tolerantes
La responsable de la unidad del dolor, Margarita López Rouco, explica que el dolor crónico es más frecuente en mujeres, especialmente en determinadas patologías, como la fibromialgia. Son también más tolerantes. Recuerda que la experiencia del dolor está tamizada por multitud de factores, desde la edad hasta la relación con la religión, entre otros muchos.

Equipo del Hula
La unidad del dolor está formada por Margarita López Rouco, Enrique Domínguez, Silvia Vázquez del Valle, Estefanía Linares, Victoria Pumariño, María López, Ángeles Landeira y Lourdes Armesto.

 

La demanda de la unidad del dolor creció un 133% en 10 años
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