Seis décadas para un extenso legado

José Luis Prieto y Carmen Nieto ejemplifican la trayectoria de esas familias dedicadas de siempre al mundo sanitario
Carmen Nieto y José Luis Prieto. EP
photo_camera Carmen Nieto y José Luis Prieto. EP

Una pareja suele ser mucho más que dos personas y un ejemplo de ello son la lucense Carmen Nieto y su marido, José Luis Prieto. Este lunes celebran los sesenta años de su boda, una ceremonia que se celebró en Lugo, en la iglesia de San Pedro. Aprovechando el aniversario, este fin de semana reunieron a su familia, a la que citaron en Plasencia para un encuentro largamente planificado y que sirvió también para hacer memoria de la historia de la familia, que en buena medida es igualmente la de muchos profesionales sanitarios de Galicia.

José Luis Prieto y Carmen Nieto viven en Xinzo. Allí ha estado siempre su casa porque él es farmacéutico y ya de joven se quedó en la farmacia de su padre, que también ejercía esa profesión. El mismo camino siguió una de sus hijas, Ana Prieto, con farmacia en la Avenida da Coruña y para muchos lucenses conocida también por ser diputada socialista por la provincia.

Ana heredó la profesión del padre y la ciudad de la madre. Se asentó en Lugo por trabajo y también por el apego, cuenta. Y es que ese nexo con Lugo lo tenía desde pequeña, porque con frecuencia venía a visitar a sus abuelos, que vivían en la Praza do Campo. A ese enclave tan lucense llegó la familia después de no pocas vueltas, porque el abuelo, Vicente Nieto Castro, era médico y antes de llegar a Lugo ejerció en otras muchas plazas.

En tiempos en los que eran los ayuntamientos los que contrataban a los médicos, Vicente Nieto empezó su carrera, tras estudiar Medicina en Santiago, en Leganiel, en Cuenca, donde nacieron tres de sus cuatro hijas, incluida Carmen aunque ella se haya sentido siempre lucense.

Pero Vicente, que era de Reigosa, en A Pastoriza, buscó volver a su tierra y lo hizo. Antes de asentarse en la capital y jubilarse en el ambulatorio de la Praza de Ferrol, ejerció en localidades como Muras o Reigosa. Su vida fue entonces la prototípica de los médicos rurales de antaño y en la familia aún recuerdan que tenía un caballo para ir de casa en casa a ver a los pacientes, a veces a horas intempestivas, y que se protegía de las inclemencias, tan habituales en el invierno gallego, con una enorme capa, justo como esas que suelen verse en las fotos antiguas protegiendo a aquellos médicos.

Era una vida dura la de los médicos de aquella época, recuerda la familia. Y Ana Prieto rememora que la de los farmacéuticos tampoco solía resultar siempre fácil. Había que atender a poblaciones rurales dispersas y muchos medicamentos se hacían en la rebótica. Ella guarda en la retina la memoria de ver a su padre y a su abuelo preparando las recetas y cuenta que, cuando acabó la carrera, ella misma hizo medicamentos en aquel laboratorio de su padre.

En esos tiempos de vidas muy esforzadas, la que acabó renunciando a ejercer su profesión fue Carmen Nieto. La lucense empezó a estudiar también Farmacia en Santiago, donde conoció al que luego fue su marido, pero con el tiempo acabó decantándose por la enseñanza e hizo Magisterio.

Ella aparcó esa carrera, pero es que en la familia sabían muy bien lo difícil que podía ser la vida de las maestras rurales. Esa era la profesión de la madre de José Luis. Ana Prieto recordaba que la experiencia de las viejas escuelas unitarias, en las que trabajaba su abuela, podía ser complicada.

La pareja, que celebró sus sesenta años de matrimonio rodeada de sus tres hijas y sus ocho nietos, son al final un ejemplo del cambio general de modelos de vida, y en especial de la de los sanitarios.

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