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Cuatro comercios del casco histórico lucense ya han superado el siglo de vida

Al frente de la cordelería de San Pedro está Carmen Pérez Carro. EP
Al frente de la cordelería de San Pedro está Carmen Pérez Carro. EP

Son todos negocios familiares que en algún caso van por la cuarta generación. Algunos no dejan de ser pequeños museos, pues conservan en sus locales piezas o mobiliario de cuando abrieron al público 

Se dice que no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista. En la capital lucense hay cuatro comercios centenarios que han superado todos los contratiempos que se les han cruzado en el camino: la cordelería de San Pedro, Confitería Madarro, Joyería Refojo y Almacenes Olmedo. Los dos primeros han vivido además los avatares de tres siglos diferentes: XIX, XX y XXI.

El decano de este cuarteto, con unos 135 años a sus espaldas, es la cordelería que se encuentra en la Rúa San Pedro, al pie de la muralla, regentada por Carmen Pérez Carro. Sus abuelos paternos, que procedían de Astorga (León), fueron los fundadores. El veterinario Rof Codina les solía acompañar en un carro a las ferias que se celebraban en la provincia.

La historia de la cordelería, conocida como la de los Maragatos, resulta tan atractiva como la de su propietaria, una agente de aduanas licenciada en Derecho y Magisterio -participó durante un lustro en campañas de alfabetización en Andalucía-, que hace más de 40 años dejó sus obligaciones profesionales para ponerse al frente del negocio, dada la avanzada edad de su padre. Esta empresaria entiende el comercio como "prestar un servicio a los demás".

En esta tienda, que conserva piezas de museo como una romana de más de un siglo, con capacidad para pesar hasta media tonelada, se pueden encontrar todo tipo de cuerdas, corchos, bastones, sombreros de paja y aparejos para las caballerías, entre otros artículos.

Dos establecimientos, la cordelería de San Pedro y Confitería Madarro, han vivido los avares de tres siglos: XIX, XX y XXI

Cuando abrió sus puertas en el siglo XIX estaba especializada en exportar jamones a Madrid e importar quesos de Castilla, que después curaba con baños en aceite. Funcionaba entonces el fielato de la Porta de San Pedro o Toledana, que está a unos pasos de la tienda, en donde había que pagar una tasa.

UN SIGLO MUY DULCE. Sigue sus pasos en esa clasificación de establecimientos más veteranos de la capital lucense la Confetería Madarro, abierta en 1891 en la Rúa da Raíña por Alejo Madarro, que fue proveedor de la Real Casa. A finales de los años 50 del siglo pasado dos empleados suyos, José Rodríguez Torres y Ricardo González Gallego, cogían las riendas del negocio. Ahora ya van por la tercera generación de ambas familias, con Beatriz Rodríguez y Montse González al frente.

Esta última dice que uno de los secretos del éxito es "seguir con la tradición de los productos, cañas, pastas de té o coronas de almendra", además del "uso de materia de primera calidad, el trabajo de todo el equipo y el buen trato al cliente".

Esta céntrica pastelería conserva las vitrinas y los veladores de antaño, así como las pinturas del techo, restauradas en al menos dos ocasiones, que son muy fotografiadas por los que se acercan al establecimiento.

El podio de comercios más veteranos de Lugo lo completa Joyería Refojo. Fue fundada en 1903 en la Praza Maior, en donde se encuentra actualmente el Banco Popular, por el orfebre compostelano José Refojo, que encontró un nicho de negocio en Lugo porque las dos joyerías que había solo se dedicaban a la venta, no a la reparación.

En 1917 se instaló en la Rúa San Pedro, en donde permaneció hasta el año pasado, que se trasladó a las Galerías Villamor, en la Praza de Santo Domingo.

El veterinario Rof Codina solía acompañar en un carro a las ferias de la provincia a los fundadores de la cordelería

El nieto del fundador, José Antonio Refojo, destaca "la odisea" que les supone hoy en día a los comercios llegar con vida a los 30 años ante la feroz competencia de la venta online y de las grandes compañías.

José Antonio Refojo, que ha dado paso en su negocio a los jóvenes tras más de medio siglo al pie del cañón, aboga para salir airoso por "marcar una trayectoria, de la que no desviarse; adaptarse a los tiempos; especializarse y sorprender al cliente con la inspiración".

El cuarto comercio centenario, Almacenes Olmedo (1913), tiene sus días contados. Este mes cerrará sus puertas en la Praza do Ferrol, en donde se ubica temporalmente -siempre estuvo en la Rúa da Raíña-. Su dueño, Luis Verdalles, que es nieto de uno de los fundadores, no tiene relevo.

Este empresario ya jubilado advierte de que corren malos tiempos para el comercio tradicional debido a la feroz competencia de las ventas on line y de las grandes compañías

UNA BOTICA. A esta lista se podría añadir la Farmacia Central, fundada en 1912 por Manuel Figueroa Barros, que ya va por la cuarta generación. Al frente está ahora Francisco Figueroa, con su hijo Domingo.

El presidente de la sectorial lucense, José María Seijas, considera que estos negocios centenarios "forman parte del patrimonio del comercio de Lugo".

José María Seijas propone que las administraciones echen una mano a estos comercios para que puedan continuar con su singladura y que incluso se puedan aprovechar como recurso turístico.

En capilla esperan otros comercios familiares que van camino de soplar las 100 velas, como Calzados La Plaza (1933); las confiterías Conde y Ramón -ambas fundadas en 1938-; Calzados Doval (1939) o La Sucursal (1940).

Cuatro comercios del casco histórico lucense ya han superado el...
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