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El Covid golpea al barrio más singular

A Milagrosa
A Milagrosa
Por primera vez desde que se desató la crisis sanitaria la Xunta de Galicia aplica medidas restrictivas específicas para un barrio, que es uno de los más poblados de la capital lucense, con alrededor de 10.000 habitantes
Durante años cada vez que alguien pronunciaba el nombre del barrio de A Milagrosa se le añadía automáticamente el calificativo de populoso. Esa condición la ha ido perdiendo a medida que la ciudad iba creciendo en otras direcciones y que se resistía el relevo generacional. Aún así conserva parte de ese pasado dorado, cuando sus fiestas patronales llegaron a durar tantos días como las de San Froilán.

Hoy en día se estima que uno de cada diez lucenses reside en este distrito, alrededor de 10.000 personas, 20.668 en total, según recoge el censo de población, si se les añaden los de A Piringalla y Paradai, que han sido sus discípulos aventajados.

Las medidas restrictivas adoptadas este viernes por la administración autonómica debido al repunte de casos del nuevo coronavirus en la ciudad contribuyeron a despejar en parte una duda que es casi existencial, cuál es la delimitación geográfica del barrio de A Milagrosa.

Esas limitaciones en el aforo de los negocios afectan en principio al rectángulo comprendido desde Angelo Colocci hasta Tino Grandío, en los lados más estrechos, y desde Avenida da Coruña hasta Camiño Real y su continuación, Mar Cantábrico, en los más alargados.

En esa figura geométrica trazada sobre el plano de la ciudad, Angelo Colocci, la peatonal Divina Pastora, la Rúa Milagrosa y Camiño Real son las vías públicas que concentran la mayoría de los establecimientos de hostelería, uno de los sectores más castigados por esta nueva normalidad temporal. La Avenida da Coruña acapara, por su parte, la actividad comercial. Este es un barrio que vive del sector servicios, como sucede con el resto de la ciudad.

En ese rectángulo afectado por la nueva situación se encuentran, entre otras dotaciones, una de las dos residencias públicas para personas mayores que hay en el municipio de Lugo, que no puede recibir visitas; dos escuelas infantiles, una de la Xunta y otra del Concello, y dos colegios, Salesianos y Cervantes, ambos concertados, que desde hace cinco meses y medio no pueden abrir sus puertas para la actividad docente.

Esta es la primera vez en la crisis sanitaria del Covid-19 en la que la Xunta de Galicia aplica unas medidas específicas para un barrio. Esa situación propicia que se haga una radiografía de cómo es A Milagrosa.

MULTICULTURALIDAD. Este barrio es un crisol de culturas, en donde conviven ciudadanos llegados de Rumanía, Marruecos, República Dominicana o Colombia, entre otros países.

La población emigrante ha tomado el relevo generacional en un distrito envejecido, poblacional y urbanísticamente. Parte de su entramado urbano se ha ido degradando. Las casas de calles como por ejemplo Yáñez Rebolo se han quedado vacías y les acecha la ruina.

Ese abandono contribuye a que tampoco haya podido salir indemne al fenómeno okupa. Así hay inmuebles allanados desde hace meses en la Rúa Milagrosa o en Xulia Minguillón, como antaño también lo estuvo alguno en Camiño Real. Un estudio presentado hace un par de años por un doctorando en Derecho Público de la USC aseguraba que A Milagrosa era uno de los barrios "más pauperizados" de la capital lucense. Atribuía ese emprobrecimiento a factores como el mayor número de población con falta de acceso a formación, la alta tasa de desempleo y de envejecimiento y el menor nivel de ingresos económicos, entre otros.

ACTUACIÓN NECESARIA. Incluso hace unos años se promovió una intervención urbanística para recuperar la zona más antigua, conocida como Agro do Rolo, pero el trabajo andado se quedó en el baúl de los recuerdos por la falta de apoyo institucional.

A Milagrosa fue creciendo en torno a su iglesia, construida a finales de los años 40. En 1951 era bendecida y una década después obtendría el reconocimiento como parroquia por parte del obispo Ona de Echave.

Ese fue el germen del barrio, que se nutrió del éxodo de población del rural que buscaba en la ciudad su particular El Dorado. El polo de atracción en forma de puestos de trabajo serían dos empresas cárnicas, primero Frigsa y después Abella, que hace décadas que ya pasaron a mejor vida, como ha ocurrido con la actividad industrial en esta zona de la ciudad.

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