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La mortalidad por covid en las residencias de Lugo fue la mitad que la española

Una mujer visita a su madre en una residencia de mayores. EFE
Una mujer visita a su madre en una residencia de mayores. EFE
El servicio del Hula fue el encargado de atender, junto con Hado, a todos los pacientes infectados institucionalizados

La mortalidad por covid en las residencias de Lugo fue de un 14% de los pacientes institucionalizados infectados, menos de la mitad que la del conjunto de España (un 35,7%) y la mitad que la gallega (30%). La extensión del programa Artai de integración asistencial de residencias de ancianos –iniciado por el servicio de Geriatría del Hula en cuatro geriátricos de la provincia– a todos los centros está detrás de ese porcentaje contenido, que varió mucho de ola a ola, así como la medicalización precoz de cada centro en cuanto se declaraba un brote.

En la primera ola, que en Lugo fue más liviana que en otras zonas de España, la mortalidad en residencias no llegó al 1%. En ese caso, la doctora Malfeito está convencida de que el confinamiento precoz de esos centros —una medida que se tomó mucho antes que en otras zonas— contribuyó a protegerlos. Fue la segunda la peor ola en cuanto a positividad (13,27%) y mortalidad (14,52%) y ahí la clave fue la medicalización temprana.

Rocío Malfeito, una geriatra vocacional formada en el Hula y que lleva 20 años atendiendo a ancianos de Lugo, admite que fue "durísimo ponerse el Epi cada mañana y entrar en centros con 180 infectados, por ejemplo". "Hicimos visitas diarias a las residencias, haciendo allí el mismo trabajo que hacíamos en el hospital y contando con la ayuda de Hado y la implicación de todo el personal de los centros", recordó. Al frente de uno de los dos únicos servicios de Geriatría con los que cuenta Galicia (el otro está en Vigo) cree que "se debe apostar por la Geriatría para la atención integral de nuestros mayores". "En Madrid hay 14 hospitales y los 14 tienen Geriatría", recordó.

El control por Geriatría en cuatro residencias redujo un 44% los reingresos

El programa Artai de integración asistencial de residencias de ancianos –iniciado por el servicio de Geriatría del Hula en cuatro geriátricos de la provincia– consiguió en dos años una reducción de reingresos de un 44%, bajó el número de días que pasaron ingresados esos pacientes un 40% y su estancia media un 28%. También permitió bajar la administración de fármacos un 25% y se limitaron en un 80% las derivaciones a otras consultas o los traslados en ambulancias. En conjunto, todos esos indicadores muestran que en esos primeros años de actividad y solo en esas residencias, el plan supuso para el sistema público un ahorro de un millón de euros.

La cifra es muy llamativa pero la jefa de Geriatría del Hula, Rocío Malfeito, recuerda que el objetivo del programa es "mejorar la calidad de vida del paciente institucionalizado", el que vive en residencias, e insiste en que la reducción de costes es solo una consecuencia. Para los geriatras el indicador más valioso de que el plan va por buen camino es el hecho de que esos ancianos reingresen mucho menos. "Sabemos que, en el caso de pacientes ancianos, uno de cada tres sale de cada ingreso hospitalario con más deterioro funcional o cognitivo; es decir, sale peor de lo que entra", explica.

Partida en la residencia de As Gándaras.A partir de un determinado número de días de hospitalización, un paciente frágil, fuera de su entorno y rutinas, se desorienta, puede sufrir caídas, dejar de comer y tener malnutrición, tener una infección... Por eso evitar, o al menos reducir la duración, de las hospitalizaciones y que no se hagan recurrentes es primordial.

El programa Artai comenzó en las residencias de As Gándaras (la única pública), Castro de Ribeiras de Lea, Outeiro de Rei y Láncara. Los geriatras del Hula, en colaboración con el personal de esos centros, hizo una estratificación de todos los residentes en función de su fragilidad. Eso permite establecer un plan de cuidados adaptado a esa persona y, también, que si tiene que ser trasladado al hospital se conozca el estado general de ese paciente y a qué tratamientos y terapias puede responder o no.

Por ejemplo, Geriatría hace, a través de la unidad de fragilidad, valoraciones para pacientes de otros servicios del hospital, como Oncología, para determinar si un paciente anciano está en condiciones de mejorar con un determinado tratamiento que puede ser muy agresivo o como Cardiología, para determinar si se le puede someter a la colocación de determinadas prótesis o la intervención puede ser demasiado compleja para ellos.

Rocío Malfeito: "El objetivo último del programa es lograr mejorar la calidad de vida del paciente institucionalizado"

Todos los residentes de esos centros, además, tienen acceso al hospital de día. Si precisan ser vistos por un especialista determinado o sufren una descompensación y se les debe administrar un fármaco hospitalario no tienen que acudir a Urgencias sino que, por el día, van directamente al hospital de día o incluso se lo envían a su residencia. Los geriatras actúan en todo momento como su médico de referencia en el hospital y reciben también consultas del personal de las residencias. También se les revisó toda la medicación para evitar interacciones indeseadas.

La intención de geriatría era extender ese programa paulatinamente al resto de residencias de la provincia, pero la pandemia lo aceleró y, ahora mismo, se aplica ya en todas. En los primeros momentos de la primera ola, los geriatras hicieron la estratificación de todos los residentes de la provincia, unos 3.500.

Rocío Malfeito: "Durante los brotes fuimos diariamente a las residencias e hicimos allí el mismo trabajo que hacemos en el hospital"

Los resultados del Artai tres años después de su inicio siguen siendo buenos, pero quizás no tanto como los que se vieron a dos años. Por ejemplo, sigue bajando la estancia media en el hospital y el gasto farmacéutico. Tras la revisión de las prescripciones que hacer el servicio, se redujo un 32%. También bajan consultas y revisiones en el hospital de día. Sin embargo, acuden el doble a Urgencias, aunque el 60% de esos pacientes institucionalizados vuelven después a la residencia y no precisa ingreso. "La razón es que, a causa de la pandemia no hemos ido a las residencias como hacíamos antes y hay un mayor deterioro de los pacientes", explica la doctora Malfeito, convencida de que la progresiva normalidad contribuirá a devolver esos indicadores a la situación anterior.

La pandemia también ha dado impulso a un nuevo modelo residencial, con mejoras en el ratio de personal y en la comunicación entre profesionales. Los centros de Lugo tendrán todos un geriatra de enlace en el hospital.

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