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Los jóvenes lucenses siguen arriesgándose para subir a O Garañón

Jóvenes en la última planta de O Garañón. EP
Jóvenes en la última planta de O Garañón. EP

Estos días se ha vuelto a ver a varios individuos en la última planta

Parece que no ha pasado de moda subirse a la última planta de O Garañón para hacerse un selfie y después colgarlo en las redes sociales. El pasado jueves, a media tarde, se volvió a ver a varios jóvenes encaramados en la cubierta de la torre más alta de este esqueleto de ladrillo y cemento, que afea las vistas de la ciudad desde el parque Rosalía de Castro.

Esta práctica, que continúa entre los jóvenes lucenses, sobre todo de 15 a 17 años, es una temeridad. Para alcanzar la cima de este edificio, que lleva más de seis años paralizado, hay que subir nueve plantas por unas escaleras de obra que no disponen de ningún elemento de seguridad. Un despiste o un inesperado tropiezo pueden provocar una caída al vacío, de fatales consecuencias.

Si subir por una escalera sin barandillas hasta una altura de más de 40 metros ya supone asumir un innecesario riesgo, la estancia en el ático de la torre no lo es menos.

A los temerarios jóvenes que se encontraban el pasado jueves en este privilegiado mirador, de lo que fueron testigos usuarios del Parque, solo les separaba de una caída al vacío en esa última planta una débil malla metálica de apenas un metro de alto, que no rodea toda la última planta. Hay alguna zona que carece de ese mínimo elemento de seguridad.

Para poder llevar a cabo esta temeridad los irresponsables jóvenes tienen que saltarse el cierre perimetral de la parcela para así poder acceder a las torres de O Garañón.

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