Las confiterías lucenses Dulcelugo y Ramón se traspasan

Sus propietarios buscan quienes quieran seguir con estos veteranos negocios que tienen 32 y 84 años de existencia
Julio Rodríguez, dueño y pastelero del obrador de Dulcelugo. SEBAS SENANDE
photo_camera Julio Rodríguez, dueño y pastelero del obrador de Dulcelugo. SEBAS SENANDE

A sus 63 años el lucense Julio Rodríguez ha dejado por motivos personales la elaboración artesanal de pasteles tras dedicarse a ella durante casi medio siglo de su vida. Ahora ofrece en traspaso la confitería Dulcelugo, de cuyo obrador ha sido pastelero 29 años, los últimos 13 siendo además propietario. En su adiós dice que "mereció la pena".

Esta pastelería, que se encuentra en la esquina de la Rúa Montero Ríos con Rafael de Vega, fue fundada en 1990 por Edmundo Penalonga y su esposa Mari Carmen Rebollal. Cuando esta pareja se jubiló, Julio Rodríguez tomaba su relevo.

La especialidad de Dulcelugo eran los plátanos, un pastel de hojaldre en forma de esta fruta, que está relleno de crema. También tenía mucha aceptación entre su "buena y fiel clientela", según explica Julio Rodríguez, la tarta de milhoja, la selva negra y la de trufa.

Su obrador estaba a cien en fechas señaladas como las patronales de San Froilán o la Navidad. "En Reyes no dábamos hecho más", recuerda este pastelero lucense.

confitería Ramón
La confitería Ramón. G.M.

Julio Rodríguez, que en sus años jóvenes trabajó en el obrador de otra pastelería histórica de la capital lucense, Santos, dice que "han cambiado mucho las cosas" en el sector, por la subida de los precios de las materias primas que se utilizan para la elaboración de los dulces, "la harina, la nata, las margarinas o el azúcar", y de otro elemento que desde hace meses está en boca de todos, la electricidad.

Pero ese cambio no se debe solo al encarecimiento de la cesta de la compra. En la capital lucense, según destaca Julio Rodríguez, casi se cuentan con los dedos de una mano las dulcerías que siguen en activo. Lo atribuye a que los consumidores optan por recurrir a las ofertas que realizan los supermercados.

Dulcelugo no es la única pastelería de la capital lucense que podría cambiar de manos. En una conocida plataforma de publicación de anuncios se oferta el traspaso de la histórica confitería Ramón. Este negocio de la céntrica Rúa Doutor Castro funciona desde 1938.