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Comunidades de vecinos de Lugo y dueños de bajos, en guerra contra el pis canino

Botellas de augas en portais de Lugo no afán de combater ouríñelos caninos. XESÚS Ponche

"Una vez llamamos a la Policía porque dejó al perro mear en el cristal y luego se nos enfrentó"

En plena campaña de concienciación sobre la necesidad de recoger los excrementos de perros, las comunidades de vecinos y los dueños de bajos comerciales siguen en pie de guerra contra las meadas de canes en sus puertas o en sus escaparates. En realidad, la ordenanza que sí contempla sanciones a quien no retira las heces de las aceras, no dice nada de la orina.

Botellas de aguas en portales de Lugo en el afán de combatir los orines caninos. XESÚS PONTEFrente a ese vacío en Lugo, muchas ciudades han incluido en sus normas la obligación de sacar a pasear el perro armado con dos elementos: una bolsita para las heces y una botella llena de agua y vinagre para arrojar en el lugar en el que orine el animal justo después de que lo haga. A quien se vaya ignorando esa obligación se le multa. De Mataró a Cadiz o Ibiza, se trata de una sanción cada vez más extendida.

"No sé si sería una solución, pero no me parece mala idea porque algo tiene que ayudar si se echa agua justo en ese momento", dice la propietaria de un bajo comercial, harta de que los perros orinen en su fachada bajo la tranquila mirada de sus dueños. Ella, junto a la otra mujer con la que trabaja, se han convertido en una especie de policía canina, que, mientras están en el negocio, se percatan de cada perro que se dirige a mear allí.

Denuncian el mal olor, especialmente en verano, que no desaparece se eche lo que se eche y que la orina corroe el metal

"Tenemos un escaparate hasta el suelo y los perros mean allí mientras nosotros los vemos desde dentro. Salimos y les decimos algo a los dueños e incluso se enfrentan a nosotras. Una vez tuvimos que llamar a la Policía porque los dos chicos que iban con el perro dejaron al perro mear en el cristal. Cuando les llamamos la atención, se nos enfrentaron", cuentan. Fue al ver que llamaban a los agentes cuando uno acudió a casa a coger lejía y, para cuando llegaron, ya estaba en plena faena.

Limpiar y frotar la zona es una labor casi diaria. "No sirve para nada nada de lo que eches. Siguen meando y la orina debe de ser muy ácida porque oscurece la piedra y más que oxidar parece que deshace el metal. Por no hablar del olor, nada de lo que pongas, ni lejía ni vinagre ni detergente, acaba con él. En verano es horroroso", explican. Tampoco las botellas de agua colocadas en el suelo parecen servir de mucho.

No quieren que se incluya sus nombres o fotografías porque dicen temer "a la mafia de los perros, que se organizan en las redes sociales para llevar a los perros a mear y cagar en las fachadas de quienes se quejan".

No son las únicas que denuncian comportamientos incívicos. Otra vecina coincide. "No recogen los excrementos o lo hacen solo si te enfrentas a ellos y les dices que lo hagan o si ven que estás mirando. El Ayuntamiento dice que son hechos puntuales pero no es verdad, pasa todos los días y a todas horas", dice. También prefiere no dar su nombre porque siente que, si lo hace, "parece que se está en contra de los animales cuando lo único que hacemos es quejarnos de comportamientos que no son cívicos".

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