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El cierre reduce el pulso vital de Lugo, con bares y tiendas a medio gas

Ambiente en la Praza Maior a la hora del vermú. XESÚS PONTE
Ambiente en la Praza Maior a la hora del vermú. XESÚS PONTE
Los negocios de hostelería no paran de registrar cancelaciones y el turismo está desplomado. Los accesos volvieron a estar vigilados

"La gente anda al estraperlo". La frase, cargada de sarcasmo, la ha acuñado un vecino para señalar la evidencia de que a muchos lucenses les cuesta limitar sus relaciones a las personas con las que conviven. Grupos de adolescentes paseando en grupo, hasta diez jóvenes comiendo juntos en el parque del Miño, pandillas que colgaron fotos de sus fiestas de Samaín, abuelos compartiendo bancos en los parques y hasta gente sentada en la mesa de algún local sin tener mucha pinta de vivir en la misma casa eran muestra este sábado de que no todos se ajustan a las restricciones a la vida social.

La mayoría, no obstante, cumple. Y esa realidad se dejó sentir en la vida de una ciudad que estuvo este sábado a medio gas. En el centro, por la mañana hubo bastante gente en algún momento, pero pronto se fue vaciando. Dominaban los grupos familiares y el consumo fue irregular. La zona de vinos del centro estuvo desangelada y ya desde el viernes hay bares que prácticamente no saben lo que es recibir clientes. La sombra del vacío planeó sobre terrazas de toda la ciudad y en muchos restaurantes hubo un sentimiento de desolación. Las cancelaciones de reservas para comidas se repitieron.

Los lucenses limitan sus salidas a locales, al no poder encontrarse con amigos o familiares, y el turismo está desplomado, así que en muchos negocios, impotentes, se ven obligados a permanecer de brazos cruzados. A modo de ejemplo, en el hotel Torre de Núñez confirmaban que hubo cancelación de reservas hoteleras en cuanto se conocieron el viernes las medidas de la Xunta y en el albergue Roots&Boots, de A Ponte, contaban que la última peregrina que se alojó allí, una chica de Alicante, llegó el domingo pasado.

En el comercio también se notó el cierre de la ciudad. A modo de ejemplo, en Confecciones García detallaban que habían entrado bastantes menos clientes que en un sábado normal, quizás menos de la mitad. En Calzados Cortés, en cambio, apuntaban que se notaba que mucha gente se había quedado en Lugo el fin de semana y que entraba en las tiendas.

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Marta López, presidenta de la Asociación de Autónomas, decía que la "incertidumbre" se ha apoderado del comercio. "Si no hay gente en la calle, ¿quién va a entrar?", se preguntaba. Ella, que se dedica a la organización de eventos, dice que no paran de sucederse las cancelaciones. "Hasta jornadas formativas se han suspendido por la reducción de aforos ", explicaba López.

Las apreciaciones eran desiguales, pero algunos clientes coincidían también en que los centros comerciales había bastante menos gente de la habitual, quizás porque los vecinos de otros municipios no pueden entrar en Lugo, cuyos accesos volvieron a estar este sábado estrechamente vigilados por efectivos de Policía Local, Guardia Civil y Policía Autonómica.

En la ciudad, la Policía Nacional también hizo operativos de vigilancia del uso de la mascarilla y llegó a intervenir, por ejemplo, en algún local latino de Camiño Real donde no se cumplía la norma.

Si en el centro hubo poco ambiente, en la mayoría de los barrios el ambiente fue aún más fantasmal. La imposibilidad de que los niños jueguen juntos en los parques fue otro factor para el vacío de espacios públicos.

Donde la actividad sí fue muy intensa, recordando incluso a los primeros días del estado de alarma de marzo, fue en los supermercados. Quizás por la decisión de aprovechar el momento para llenar la despensa o quizás por el temor a que las normas puedan incluso endurecerse, muchos aprovecharon para hacer acopio de alimentos y llenaron carros.

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Esa quizás fue la gran excepción, porque ni siquiera hubo este sábado mucha presión en el cementerio. Algunos lucenses que acudieron este sábado a visitar a sus difuntos se encontraron, sorprendidos, con que no era precisa siquiera la presencia de la Policía, ya que la afluencia era muy escalonada.

Muchos lucenses se fueron anticipando en los días previos para realizar la visita al camposanto y otros muchos, con el cierre de la ciudad, no han podido entrar en Lugo para cumplir con una tradición tan arraigada como la de visitar a los muertos y poner flores en sus sepulcros.

Todo ello posibilitó la sensación de seguridad en el cementerio, donde se han establecido protocolos de seguridad para que los ciudadanos utilicen gel hidroalcohólico y usen accesos diferenciados para la entrada y la salida.

Las normas impuestas este año por la crisis sanitaria son también muy restrictivas en el cementerio, donde solo se puede permanecer media hora.

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