Cien años de una dictadura sin fu ni fa

Hace un siglo Lugo se acomodaba a la situación política creada por la irrupción de la dictadura de Primo de Rivera. La salida del Ayuntamiento de López Pérez fue el efecto más notable del nuevo régimen, que pasó por Lugo casi sin pena ni gloria. Quedó incluso al margen del periodo de bonanza económica de aquel tiempo
Los lucenses se concentraron en el año 1927 ante la casa de Ángel López Pérez pidiendo su vuelta a la alcaldía, un paso que el histórico alcalde de Lugo decidió dar. Fue un momento del siglo XX de gran relevancia para la ciudad que retrató Constantino Rodríguez. La imagen de abajo recoge la visita que Primo de Rivera hizo en 1925 para inaugurar el puente que unió los municipios de Chantada y O Saviñao. Era un momento también histórico y él estuvo rodeado de una multitud.
photo_camera Los lucenses se concentraron en el año 1927 ante la casa de Ángel López Pérez pidiendo su vuelta a la alcaldía, un paso que el histórico alcalde de Lugo decidió dar. Fue un momento del siglo XX de gran relevancia para la ciudad que retrató Constantino Rodríguez

El correo de Galicia salió de Madrid con los restos mortales de Pastor Díaz el 12 de septiembre de 1923. Se traían en un cortejo muy protocolario y solemne a Lugo y Viveiro, para su entierro. Se podía entender casi como la muerte de una etapa y el inicio de otra, porque unas horas después de que partiera aquel tren se proclamaba la dictadura de Primo de Rivera, un régimen que en Lugo pasaría prácticamente sin pena ni gloria pero que arrancó sembrando confusión sobre el futuro.

El Progreso del 14 de septiembre denunciaba la "actuación escandalosa de la censura", que impedía conocer "los detalles del movimiento sedicioso iniciado por el capitán general de Cataluña".

Pronto se empezaría a aclarar algo la situación y el 16 de septiembre el periódico de Lugo daba cuenta de un bando emitido el día anterior por el gobernador militar de plaza y provincia de Lugo, en el que se comunicaba que quedaba suspendido el mando de las autoridades civiles y se declaraba el estado de guerra.

El gobernador militar comunicaba la prohibición de cualquier manifestación pública, cualquiera que fuese su finalidad, y advertía que se disolverían por la fuerza las reuniones que superasen las tres personas y que los menores de quince años que se uniesen a cualquier encuentro serían detenidos y entregados a sus padres.

Las noticias advertían que habría censura y sonaban a que llegaban tiempos duros. Pero en Lugo, al final, la de Primo de Rivera fue prácticamente una dictadura ni de fu ni fa.

Eso sí, su llegada al poder supuso el cese de Portela Valladares como ministro de Fomento, tras pocas semanas en el cargo.

Y hubo, claro, consecuencias políticas a nivel local y la primera fue la defenestración del alcalde, Ángel López Pérez, lo que provocó que se revolvieran tanto la izquierda como la derecha, pues tenía el respeto de todos.

Es una etapa muy bien documentada en el libro de Julio Reboredo Pazos sobre la figura del histórico López Pérez. Expulsar al alcalde no tenía sentido, pero la medida se impuso porque el dictador llegaba con el objetivo imperativo de acabar con los políticos profesionales y esa idea se aplicó a rajatabla, sin excepciones. Ojo, y lo de "profesionales", hay que leerlo con ola perspectiva de otro tiempo, porque la palabra no suponía cobrar sueldos por el cargo.

Lugo perdió a un alcalde que había activado cambios históricos, empezando por la construcción del Parque, la creación de jardines, la higienización de la ciudad...

Pero esas políticas de cambio que había sembrado López Pérez siguieron. Y eso que se abrió una etapa de inestabilidad.

El gobierno de la dictadura arrancó nombrando alcalde de Lugo a Ramón Saavedra Salgado. Fue un despropósito. En la ciudad se le recibió bien y se ponderó la llegada al poder de un "hijo de Lugo", miembro de "una de las más aristócraticas familias", que había presidido el Casino y en ese momento presidía la Federación de Sindicatos Agrarios en Lugo. Pero duró tres días en el cargo.

Le sucedió Manuel Roca Varela, que no fue tan breve, pero poco le faltó. Ocupó el sillón el 4 de octubre y lo dejó en enero del 24. Volvió entonces Saavedra Salgado, que se mantendría en el poder hasta 1925, cuando le relevó el abogado Eduardo Rosón López.

El mandato de este sería también corto, pero tomó algunas decisiones que fueron llamativas en un tiempo de dictadura, como la de dedicar una calle a Telesforo Ojea, un republicano radical del siglo XIX que fue precursor de un intento de crear un estatuto diferencial para Galicia. Su nombre se le dio a la que era conocida como calle de la Cañería, por las viejas fuentes. Es la que hoy se conoce como calle Milagrosa.

Ese tiempo de vete y ven de alcaldes pareció llegar a su fin con la vuelta de López Pérez, al que los lucenses fueron a buscar a casa, pidiéndole que volviera a ser alcalde. Se fueron materializando proyectos que había dejado iniciados y llegó a recibir hasta en dos ocasiones al dictador en la ciudad.

                      Los lucenses se concentraron en el año 1927 ante la casa de Ángel López Pérez pidiendo su vuelta a la alcaldía, un paso que el histórico alcalde de Lugo decidió dar. Fue un momento del siglo XX de gran relevancia para la ciudad que retrató Constantino Rodríguez. La imagen de abajo recoge la visita que Primo de Rivera hizo en 1925 para inaugurar el puente que unió los municipios de Chantada y O Saviñao. Era un momento también histórico y él estuvo rodeado de una multitud.
La visita que Primo de Rivera hizo en 1925 para inaugurar el puente que unió los municipios de Chantada y O Saviñao. Era un momento también histórico y él estuvo rodeado de una multitud

La vieja idea de alejar de los puestos de poder a los políticos "profesionales" había durado "lo que un chorizo en la boca de un perro", sintetiza Reboredo Pazos. Y así fue como López Pérez acabó convirtiéndose en anfitrión de Primo de Rivera en la ciudad.

En una de sus visitas a Lugo hasta dio ideas. Acompañó al alcalde al Parque en el que López Pérez había puesto tanto empeño y le sugirió que pusiera allí una biblioteca y un mapa. Este se hizo y, de hecho, se convirtió en uno de los emblemas de la zona verde por excelencia de la ciudad.

Pero poco más impacto tuvo aquella dictadura en Lugo. Fue una etapa política marcada por una bonanza económica de las que pocas veces se han conocido en el país, así que se crearon infraestructuras, industrias y hasta corporaciones y monopolios que pasaron a la historia, con el de la Campsa. Fue también un tiempo crucial en el desarrollo de la política de construcción de pantanos.

Pero todo aquel movimiento de desarrollo tampoco tuvo mayor peso en un Lugo que seguía siendo una ciudad de comerciantes y funcionarios, sin industria y, por tanto, con una actividad económica muy limitada.

Eso sí, el perfil de la ciudad seguiría cambiando de la mano de López Pérez, que al final se mantuvo más tiempo en el poder que el propio dictador.

El gran alcalde solo se iría con la llegada de la república, así que fue él también quien recibió al sucesor de Primo de Rivera, el general Dámaso Berenguer, cuando acudió a Lugo para la inauguración del hospital de Santa María, una de las grandes obras de López Pérez.

Fue en ese acto de inauguración del hospital en el que Berenguer le entregó, como por sorpresa, a López Pérez la medalla al mérito al trabajo que la ciudad tanto había reclamado para su alcalde.

Pero de la dictadura de Primo de Rivera que con tanto estruendo estalló hace un siglo poca memoria quedaría. Tampoco hay gran huella en la provincia, aunque el dictador también visitó algunos enclaves importantes. Estuvo, por ejemplo, en 1925, en la inauguración del puente sobre el Miño de San Fiz, que permitió la unión de los municipios de Chantada y O Saviñao. Se dio en aquella visita un baño de multitudes, igual que en Vilalba, donde se le recibió con música de la Lira en la entonces conocida como Plaza del Castillo.