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Chahidi, el gallo que aprendió a volar

Trabajadores extranjeros explotados por la red de Chahidi, en el piso patera en el que vivían en Armando Durán. AEP
Trabajadores extranjeros explotados por la red de Chahidi, en el piso patera en el que vivían en Armando Durán. AEP
El cabecilla de la banda sigue desaparecido y se mantendrá la acusación contra él hasta que sea detenido

Mohamed Chahidi está considerado el cabecilla de la trama de la operación Pollo. Junto a sus dos hermanos y su pareja, encabezaba un grupo de empresas que le servían de pantalla para introducir en España a compatriotas a los que ofrecía un contrato de trabajo a cambio de dinero. Las cantidades podían oscilar entre los 8.000 y los 14.000 euros, y muchas de sus víctimas tenían que vender todo y endeudar a toda su familia para pagarlo.

No obstante, parece que los contactos de la familia Chahidi se extendían por varios países europeos, lo que habría facilitado a Mohamed su huida de Lugo. Desde hace más de cinco años está en paradero desconocido, con una orden de busca y captura. Esto implica que el acuerdo que se cierre entre las partes, de llevarse finalmente a cabo, lo dejará a él fuera, pendiente de ser juzgado cuando sea detenido.

Los Chahidi contaban para sus actividades ilegales con la colaboración del que era su socio español, un empresario lucense que, según recoge la Fiscalía en su escrito de acusación, "por su profesión conocía a los ganaderos de la zona de Castro de Rei y proximidades". Es en granjas de esa zona en la que ponían a trabajar a sus víctimas, para cargar y descargar pollos de ceba. Varios de los ganaderos también están acusados.

Ver más: Un macroacuerdo entre 30 partes dará carpetazo a la operación Pollo tras 14 años

CONDICIONES EXTREMAS. Las condiciones laborales eran extremas. El ministerio público relata casos en los que incluso eran obligados a trabajar descalzos. Los contratos laborales eran de media jornada, aunque trabajaban hasta 14 horas diarias y ni siquiera cobraban lo legalmente estipulado. Por si fuera poco, solo tenían un día de descanso, carecían de vacaciones y si algún día no podían ir a trabajar se les descontaba de su escaso salario mensual.

Otros dos actores que fueron investigados por sus supuestos papeles relevantes en la trama fueron el gigante cárnico Sada, para quienes los ganaderos trabajaban como criadores, y una empresa lucense de transporte que entregaba y recogía los pollos subcontratada por Sada. Durante la instrucción, se determinó que su participación no había sido determinante, por lo que sus directivos fueron exonerados y, sobre todo, no pueden ser consideradas responsables civiles subsidiarias a efectos de indemnizaciones.

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