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Corazones que no pueden parar

Manuel Ledo haciendo una sentadilla en su casa. EP
Manuel Ledo haciendo una sentadilla en su casa. EP
Casi 100 lucenses infartados se las ingenian con lo que tienen a su alcance para seguir haciendo ejercicio a diario sin salir de casa

El infarto les enseñó lo necesario que es hacer ejercicio físico a diario y llevar una dieta equilibrada. Algunos no lo sabían hasta que el corazón les dio un aviso. Recuperados de esa situación, reaprendieron a vivir con la presencia constante del deporte en su día a día. Ahora eso está un poco más difícil al no poder salir al exterior. Pero ellos lo hacen echando mano de mucho ingenio.

Pilar Mazaira es una de esos casi 100 lucenses que sufrieron un infarto y que están siendo monitorizados desde sus casas por la unidad de Rehabilitación Cardiaca del Hula, al que acudieron como pacientes tras haber sufrido el fatal episodio. Esta mujer —como los demás— debe hacer ejercicio físico todos los días para mantener su corazón en forma y no llevarse otro susto. Antes del estado de alarma, acudía a un gimnasio, iba al Hula a Rehabilitación Cardiaca y, por encima, se hacía una caminata diaria, ida y vuelta, desde la Praza do Rei hasta Garabolos.

Desde entonces, tuvo que replantearse su rutina diaria de actividad física para adaptarse a la nueva situación.”Como vivo en un octavo piso, lo que hago es subir y bajar las escaleras desde el portal hasta mi casa seis veces al día. Eso me lleva unos veinte minutos. Después, hago ejercicios de suelo, pesas, resistencia y también de relajación. Cada ejercicio lo repito treinta veces”, afirma.

Pilar —que es médica— no solía hacer ejercicio pero la vida la obligó a cambiar. “Yo no era sedentaria, era lo siguiente. No hacía nada de ejercicio. También cambié la dieta y bajé siete kilos. En la vida todo lo que te propongas lo puedes hacer”, cuenta.

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Carlos Piñeiro ejercía de médico en el centro de salud de Narón hasta que tuvo su segundo infarto. Pese a ser atendido en A Coruña, se vino al Hula para acudir a Rehabilitación Cardiaca. Tan bien le fue que se vino a vivir a Lugo. Su rutina diaria de ejercicio estaba en la muralla, a la que daba dos vueltas completas, unos cinco kilómetros de caminata. Ahora eso es imposible.

“Lo que hago es recorrer el pasillo de mi casa, que son 50 pasos de ida y otros 50 de vuelta. Divido la caminata entre la mañana y la tarde, 45 minutos de cada vez, y cumplo. Lo hago con música y me acompaña mi mascota, así es más llevadero. Esta caminata la complemento con ejercicios con la banda elástica y de fuerza muscular”, afirma.

Manuel Ledo iba al gimnasio antes de la cuarentena. Ahora el gimnasio lo monta él en su casa. “Hay que tomárselo con calma. Hago ejercicios por la mañana y por la tarde, una tabla que me dieron en el gimnasio. A veces, me acompaña también mi mujer. Como en el gimnasio no es, pero es lo que hay. Al no poder salir, hay que hacerlo de esta manera”, apunta, a sus 76 años.

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