CONSULADO LUCENSE

El 'caro' diario de la pequeña Roma

"Cansado de las prisas y del tráfico" de su ciudad natal, Alfredo Bongianni escogió Lugo para vivir años después de enamorarse de una lucense

Alfredo Bongianni. SEBAS SENANDE
photo_camera Alfredo Bongianni. SEBAS SENANDE
Procedencia: Roma
Profesión: Fotógrafo
Tiempo en Lugo: 29 años

 

La ciudad de Roma es una película que alcanzó su esplendor con Trajano. Alfredo Bongianni nació allí en 1957, cuatro años después de que Audrey Hepburn y Gregory Peck la recorriesen en una vespa para filmar Vacaciones en Roma. "Nací en un hospital cerca del Trastévere, mi padre tenía una peluquería entre las basílicas, paseábamos por el Coliseo, cuando era adolescente iba al Foro para coger granadas y nísperos, nos sentábamos a hablar en la Fontana di Trevi... Después estuve trabajando cerca de la Pirámide", recuerda sobre una vida que transcurrió en medio de la Historia.

Visita con frecuencia su ciudad. Su madre vive en las afueras, junto al aeropuerto de Ciampino. "Estuve en noviembre, pero no fui al centro. Antes iba a visitar la Piazza Navona y el Panteón. Me decepciona por la gentrificación, por la masa de gente que compra, come pizzas y hamburguesas, y grita. No se puede disfrutar de la ciudad, de la luz de Roma. La última vez que fui a la Fontana di Trevi había un muro humano que no te permitía pasar".

La capital italiana de ahora recuerda más a La dolce vita. En ese filme, Marcello Mastroianni atraviesa la ciudad en otra vespa durante una noche en la que suceden acontecimientos grotescos que Federico Fellini deforma con su lente barroca.

Bongianni vuelve a hablar de un barrio central por el que andaban los romanos; en el que sonaba el ritmo pausado de artesanos y anticuarios, y al que llegaban algunos turistas extranjeros que dormían en hoteles y comían en restaurantes.

Había pensado que su vida en Roma sería eterna como la propia ciudad. "Trabajaba como aparejador en una empresa municipal de agua y energía eléctrica. Era funcionario". Conoció a una lucense. Ella dio la vuelta a su asentado imperio vital. "Empezamos a venir a Lugo en 1992. Mi idea era que viviésemos en Roma, pero ella tenía morriña y yo estaba cansado de las prisas y del tráfico de Roma. Quería dedicarme a la fotografía. Pedí una excedencia de un año y nos vinimos. Pedí otra excedencia de un año y entonces monté el estudio fotográfico en Lugo. Yo venía de Roma y me pareció pequeño, pero eso ha cambiado y me gusta Lugo para vivir".

Alfredo Bongianni procedía de la metrópolis romana, por lo que el templo de Mitra lucense o unos baños de hace dos milenios ni siquiera llamaban su atención. "La muralla sí que me impresionó. En Roma conservamos partes de murallas de esa época, pero no una entera sobre la que puedas pasear. Es única en el mundo".

La fotografía le fue garantizando la vida, así que se despidió de su ciudad y de su empleo seguro. Había empezado a fotografiar en el instituto, con una Kodak Instamatic. Un día se olvidó de la máquina. Prefería pintar.

"Cuando tenía 23 o 24 años, en verano, una amiga me prestó una cámara Zenit. Yo no tenía ni idea, así que empecé jugando. Me puse en serio. Me compré libros de fotógrafos para aprender. Me gustaba retratar a mis amigas y el paisaje. Es lo que sigo haciendo", apunta como si fuese una obviedad.

Sus imágenes suelen ser de mujeres, en ocasiones sin ropa. "Cuando llegué a Lugo un amigo me advirtió de que tendría problemas con los desnudos porque esta ciudad era conservadora, pero nunca he hecho tantos desnudos como en Lugo". Rechaza que los lucenses sean conservadores. Observa que, a diferencia de la naturalidad de los romanos, "son más cautos". Añade que "necesitan observarte, pero son abiertos y me han acogido muy bien". Retoma la comparación con los familiares y amigos de su ciudad natal: "Cuando los visito los veo agobiados, me cuesta hacerles retratos. Hace mucho que no les hago fotos. Mis modelos son lucenses". Es una distancia que no encuentra cuando enfoca a un lucense.

El artista italiano se jubiló hace unos meses. "Mucha gente me pregunta si voy a volver a Roma ahora que estoy jubilado. Volveré próximamente durante un mes para estar unos días y recorrer el país, pero no se me pasa por la cabeza vivir allí. No soporto el tráfico, la contaminación, la burocracia... estoy encantado viviendo en Lugo. Todo está a mano, es más sencillo, más humano. No pienso moverme de aquí. Solamente para ir al Mediterráneo en invierno para escapar de la lluvia".

Daría una oportunidad a Roma si pudiese recorrerla en vespa sin apuros y sin estorbos automovilísticos, disfrutando de la luz ocre, resbalando lentamente sobre los edificios, como hace el director y actor Nani Moretti en Caro diario. "Es una película bonita, la he visto varias veces".