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"Una caja de 2.400 FFP2 llegó a costar como un coche bueno"

Eduardo Vázquez del Río. VICTORIA RODRÍGUEZ
Eduardo Vázquez del Río. VICTORIA RODRÍGUEZ
Eduardo Vázquez Río es el direc tor general de VP. Tras cumplir su compañía Vrio Pack las bodas de plata fabricando bolsas de papel para sustituir a las de plástico en comercios y supermercados, este empresario halló otro nicho de negocio en producir estos equipos de protección

¿Por qué emprendió esta iniciativa?

Surgió viendo la problemática que teníamos para conseguir un producto tan básico. Hay que tener en cuenta que el precio de una caja de 2.400 unidades de mascarillas FFP2 o KN95, que son más o menos de la misma calidad, costaba en su momento lo mismo que un coche bueno. Eso no puede ocurrir. Eso solo pasó porque el mercado asiático nos tenía que suministrar al 100% o al 99,9% de un producto que no teníamos. Tanto las administraciones públicas como algunos empresarios decidimos crear un tejido nacional de fabricación de estos productos para que no vuelva ocurrir.

¿Pero es un negocio?

Nosotros lo montamos para ganar dinero lógicamente. Pero además nos hemos marcado unos objetivos claros hacia el consumidor. El prim e r o es que nuestra calidad siempre será la máxima que permita el producto. Nuestras mascarillas quirúrgicas están certificadas por Aitex (Asociación de Investigación de la Industria Textil), que es uno de los laboratorios españoles reconocidos internacionalmente, y protege más del 99,8%. Nosotros podemos hacerlas mucho más económicas, pero no es nuestra línea de trabajo, que sí es la protección máxima que se pueda dar al cliente, pues son fabricadas en una sala blanca, higiénica y certificada, las cajas van cerradas exteriormente por un precinto inviolable de forma que no permiten su manipulación, si se manipula se sabe.

Lugo surte al mercado mensualmente con 7 millones de mascarillas

El sector se queja de una competencia desigual con los fabricantes asiáticos.

En estos momentos en la mayor parte de los concursos públicos de suministro prima exclusivamente el precio. La calidad consiste en aportar una certificación. Esas certificaciones cuando vienen de otros países muchas veces no reúnen las exigencias que nos fijan a nosotros las administraciones. Nuestras mascarillas se fabrican en salas blancas, mientras que en países como India o Pakistán se hacen manualmente una a una en cualquier lugar, sin embargo se llegan a vender como si tuviesen todos los requisitos y la mayoría no los tienen. Dependemos de esos millones y millones de mascarillas que entran de otros países, sobre todo de Asia. Los fabricantes españoles, que somos unos 30, hemos invertido nuestro dinero para que el mercado español no dependa del asiático y ahora nos encontramos con que no se nos tiene en cuenta en los concursos públicos.

¿Cómo ve el futuro, condicionado por la pandemia?

El 2021 lo veo complicado porque el paro va a ser enorme, el poder adquisitivo va a disminuir... España es un país turístico. Miles y miles de empresarios del sector de la hostelería, restauración, hoteles, agencias de viajes..., que merecían algo más de lo que están recibiendo para poder aguantar el tirón, se van a venir abajo. Eso nos va a perjudicar a todos directa o indirectamente. Y a eso sumamos que los hábitos del consumidor están cambiando totalmente. El usuario compra online a grandes empresas, como puede ser Amazon, por lo que la tienda tradicional, como no tiene venta, cerrará. Vemos además que grandes grupos como Inditex cierra más de 300 tiendas, pero no porque no venda, sino porque ya vende online. Las pequeñas estructuras o tienen un apoyo importante o no subsistirán a corto plazo, a dos o tres años.

¿Exige una mayor implicación de las administraciones públicas?

Las administraciones se tienen que preocupar de los sectores que se van a la quiebra. No se van porque no tengan capacidad para desarrollar esos negocios, sino porque no tienen posibilidad de lucha, porque no pueden luchar contra Amazon. Hay que buscar un sistema que iguale la balanza. Tal vez esas multinacionales, que ganan tantos miles de millones de euros al año, tendrían que pagar otro tipo de impuestos y esos impuestos repercutirlos entre el pequeño comercio para que subsista, porque es vital. Cierran más de los que abren. Lo estamos viendo en el centro de Lugo y en otras ciudades. Eso también nos repercute porque las grandes empresas se proveen de nuestros artículos en países en los que la mano de obra cuesta 200 o 100 euros y nosotros no somos competitivos a ese nivel.

"Una caja de 2.400 FFP2 llegó a costar como un coche bueno"
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