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La magia vino a Lugo en carroza

Baltasar en Lugo. J.VÁZQUEZ
Baltasar en Lugo. J.VÁZQUEZ

El discurso de Melchor provocó silbidos entre los asistentes, que lo consideraron excesivamente politizado

Las gélidas temperaturas que se dejaron sentir este sábado por la tarde en la capital lucense no lograron borrar la ilusión de las caras de los niños que esperaron pacientemente el paso de la cabalgata de Reyes. Melchor, Gaspar y Baltasar salieron pasadas las seis de la tarde del parque de Frigsa en sus respectivas carrozas —adornadas con diferentes personajes Disney— y recorrieron varias calles de la capital hasta llegar hora y media más tarde a la Praza Maior, que se atestó de público para recibirlos. 

La cabalgata llegó a las puertas del consistorio al son de las gaitas y los tambores y la actuación de un grupo de baile regional precedió a la ansiada llegada de sus majestades, que no escatimaron en saludos y sonrisas para los más pequeños, al igual que sus pajes. Animación y música no faltó, aunque muchos asistentes echaron de menos los típicos villancicos navideños con la llegada de los Reyes. "Sería más apropiado que sonaran villancicos que música clásica o los Cantajuegos. Animaría más la espera", comentaba una mujer.

La cabalgata resultó muy vistosa y por lo general no defraudó a los asistentes, que sí criticaron sin embargo la escasez de caramelos que se lanzaron en la Praza Maior desde las tres carrozas. "O ya los repartieron todos por el camino, o este año los Reyes Magos de Oriente están demasiado tacaños. No hay ni tan siquiera un caramelo por niño", apuntaba un asistente

Pero ni la música ni la cantidad de golosinas parecían importar en exceso a los niños, que no paraban de aplaudir a Melchor, Gaspar y Baltasar. Algunos incluso aprovecharon la ocasión para recordar a sus Majestades los regalos que les habían pedido en sus cartas. "¡No te olvides de mi patinete!", gritaba una y otra vez un niño. 

Y entre tanto entusiasmo, algún pequeño no pudo evitar mostrar su disgusto ante tanto alboroto y tanta novedad y acabó llorando en brazos de su progenitor. "A mí no me gustan. Me dan miedo", lamentaba una niña mientras su madre trataba de consolarla. 

Los Reyes Magos acabaron su recorrido en el balcón de la casa consistorial, donde el discurso de Melchor provocó silbidos entre los asistentes, que lo consideraron excesivamente politizado para el momento y el lugar. En su intervención aludió a obras que podían venir en los sacos de los Reyes para Lugo, como la playa fluvial o el Museo de la Romanización.

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