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El botoncito rojo que salva vidas

María Río Galán luce su pulsera de teleasistencia. ANA SOMOZA
María Río Galán luce su pulsera de teleasistencia. ANA SOMOZA

María tiene 82 años y hace seis que luce una pulsera con un botón rojo en su muñeca derecha. Una pulsera que le salvó la vida cuando comenzó a sentir los primeros síntomas de un infarto

No se la saca ni para ducharse, ni para ir a la cama. La pulsera que luce María Río Galán, desde que cumplió 76 años, la quitó ya de varios apuros y sabe que pulsando el botón rojo siempre habrá alguien a su lado que le tienda una mano inmediatamente. 

María vive sola en un piso del barrio de A Residencia. Todos los días va a comer a casa de su hija Celia pero el resto del tiempo se las apaña para hacer su vida sin ayuda de nadie. Sabe que, en realidad, no está sola. La acompaña el botón rojo de la pulsera que ofrece el servicio de teleasistencia domiciliaria de Cruz Roja. Siempre que se vea en un problema en el que necesite ayuda de forma inmediata, María pulsa el botón rojo y, rápidamente, le contesta un teleoperador que la saca del apuro. En una ocasión, logró superar un infarto gracias a este servicio.

"O botón dame moito valor. Unha vez iba para a casa da filla e vin que me sentía mal e con falta de vida. Así que dei a volta para a miña casa porque parecía que me mareaba e sentía moita angustia. Cheguei á casa, pulsei o botón vermello e puxéronme cun médico. Conteilles o que me pasaba e chamaron unha ambulancia para levarme ao hospital. Aos cinco minutos, xa estaba a ambulancia na casa. Ao final, aquelo era un infarto", relata María.

Su hija Celia también habla maravillas del servicio de teleasistencia de Cruz Roja. Lo conocía ya por su suegro, que era usuario, y cuando su madre se quedó sola tras enviudar no lo dudó ni un solo instante. Se dirigió a Cruz Roja y lo solicitó para ella.

María optó por la pulsera pero también puede ponerse un colgante con la misma función y el mismo botón

"Dache moita tranquilidade. Non só porque eles estean ben, senón porque tamén sabes que hai alguén a quen poden chamar de forma inmediata, a calquera hora do día ou da noite, e atender calquera tipo de emerxencia. Cando foi o do infarto, chamáronme eles a min e chegou antes a ambulancia ao hospital con ela ca min porque eu estaba no traballo e non me daba tempo a vir á casa a xunto dela e despois facer a xestión de chamar a Emerxencias. Miña nai confía moito no servizo e iso axúdalle porque, de momento, vive soa e vense para a casa supertranquila", explica Celia, una de sus hijos.

MÓVIL. La pulsera va vinculada a un aparato receptor de la señal instalado en su casa. Cuando María cruza el umbral de la puerta y sale fuera, la pulsera ya no actúa porque está fuera de radio. Sin embargo, ella sigue conectada permanentemente a través de un teléfono móvil de Cruz Roja que ofrece el mismo tipo de servicio y que, como la pulsera, permite la geolocalización permanente de la persona que lo lleva. Gracias a este sistema, una vez más María logró salir adelante de otro apuro que pasó cuando, de repente, iba por la calle y se mareó, quedándose totalmente desorientada.

"Mareouse cando iba pola rúa e, aínda que me chamou, non me sabía dicir onde estaba, quedou desorientada. Finalmente, grazas a que levaba con ela o móbil soubemos que estaba sentada nun banco na rúa Doutor Gasalla. Se non o levase, non teriamos nin idea de onde estaba", explica Celia, su hija.

María optó por la pulsera pero también puede ponerse un colgante con la misma función y el mismo botón. Esta mujer cumple a rajatabla las instrucciones que le da Blanca Granda Penalonga, enfermera responsable del programa de Mayores de Cruz Roja, y no se la quita nunca. Una recomendación muy importante que no conviene saltarse en ningún momento.

"No pueden quitarse la pulsera o el colgante. ¿Por qué? Porque si, por ejemplo, se los quitan para ducharse y resbalan y caen en la ducha... ¿quién les echa una mano? ¡No tendría sentido el servicio de teleasistencia a domicilio así! Lo mismo pasaría si van por el pasillo sin pulsera ni colgante y se caen y rompen la cadera. Es decir, se pueden dar situaciones de riesgo y si no llevan consigo esos dispositivos, no podrían pedir esa ayuda de emergencia y el servicio de teleasistencia domiciliaria no sería eficaz", comenta Blanca Granda.

María sonríe y mira para la pulsera. Ella lo tiene claro, no necesita que le insistan. Mientras se valga por sí sola, la tendrá en su muñeca derecha de por vida. Cuenta que le da mucha seguridad. Al fin y al cabo, sabe que, pulsando el botón rojo, siempre habrá un ángel de la guarda al otro lado del teléfono.

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