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Batalla contra los estorninos

Bandada de estorninos, en la zona del parque Rosalía de Castro
Bandada de estorninos, en la zona del parque Rosalía de Castro
El agravamiento de las condiciones meteorológicas en el centro y el norte de Europa provocó que, como cada invierno, poblaciones de estorninos bajaran a la Península Ibérica. Solo este mes, se contabilizó la entrada de 12.000 ejemplares en la ciudad de Lugo

LA PRESENCIA de estorninos en la ciudad ha disminuido en los últimos días, pero hasta hace nada eran bien perceptibles en sus zonas preferidas de pernoctación, tanto por sus chillidos al anochecer, cuando regresan a los árboles -por el día se desconoce por dónde se mueven- como por sus desagradables defecaciones. No hay coche que aparque en el entorno del parque Rosalía de Castro, el dormidero primario, que se libre de los corrosivos excrementos.

El número de estorninos que hay en Lugo no sería un problema si estuvieran repartidos por la ciudad, pero son aves gregarias. Viven y duermen juntas, para darse calor y defenderse, por lo que, mientras hay espacio, entran todas en el mismo árbol. Sus excrementos son el principal problema, ya que el árbol puede llegar a pudrir, pero también se ven perjudicados los automóviles y el mobiliario.

La empresa Locus Avis lleva años controlando la población lucense, por lo que conoce muy bien sus hábitos en la ciudad. El Parque es siempre su lugar preferido para pasar la noche, aunque en alguna época también Frigsa funciona como dormidero primario. En agosto pasado, sin ir más lejos, se contabilizaron unos 15.000 pájaros en este lugar, aunque en la segunda semana de febrero -último periodo del que Locus Avis aporta datos- solo había 1.750.

Frigsa se mantuvo bastante libre de estorninos todo el otoño e invierno. Para evitar a los técnicos de la empresa leonesa, los pájaros buscaron emplazamientos secundarios, como la Praza Maior y la Diputación, y las proximidades del Parque, como la avenida de Ramón Ferreiro y en menor medida el complejo residencial juvenil Lug II.

La labor de Locus Avis se intensifica desde otoño hasta aproximadamente marzo. Sus técnicos se desplazan a Lugo todas las semanas -al principio, o cuando hay repuntes, todos los días- con sistemas para asustar las aves e impedirles que duerman, hasta que, tras varias noches en vela, deciden irse al extrarradio. Llegan provistos de reproductores y altavoces con los que emiten una mezcla de sonidos de varias aves, entre ellas, estorninos. Los pájaros creen que hay un depredador y que el líder de la bandada les está avisando y deciden emprender vuelo. Cuando la gran mayoría de las aves se ha marchado y solo quedan las más resistentes, el personal de Locus Avis saca un águila de Harris para intentar ahuyentarlas, pero hay un grupo de pájaros tan asentados que el trabajo es inútil.

Es una población de entre 1.000 y 1.500 ejemplares autóctonos que son inmunes a las técnicas de ahuyentamiento. Están tan acostumbrados a la luz y al calor de la urbe que ningún método consigue desterrarlos. Son más grandes y tienen la pluma más negra que los que vienen del norte de Europa, aunque solo los especialistas son capaces de distinguirlos al vuelo.

Desde mediados de este mes, las bandadas de estorninos se redujeron de forma considerable. La semana pasada, Locus Avis contabilizó 2.083 en el Parque, 1.750 en Frigsa, 1.600 en la Praza Maior, 875 en la Fonte dos Ranchos, 750 en el complejo Lugo II, 333 en la Avenida de Ramón Ferreiro, 300 en los jardines de la Diputación y 200 entre la Ronda de Fingoi y República Argentina.

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