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La bailarina Myriam Roca ficha por el Ballet Nacional de la Ópera en Lituania

Myriam Roca en una actuación. FERNANDO DE VALENZUELA
Myriam Roca en una actuación. FERNANDO DE VALENZUELA
La lucense debutará con su nueva compañía en el estreno de 'Giselle' el 12 de agosto

"Bailo ballet desde los tres años", cuenta Myriam Roca, una bailarina lucense de tan solo 21 años, que tiene ante sí una prometedora carrera profesional.

Ahora mismo se encuentra en Lituania, ya que fue contratada por la Lithuanian National Opera and Ballet Theatre. "Me vine a hacer la audición antes del 26 de julio, ya que en Lituania a partir de ese día no se permitía la entrada de españoles", explica la lucense, que debutará con el estreno del ballet Giselle, el próximo 12 de agosto.

Myriam, que se graduó en danza clásica y contemporánea, empezó a bailar ballet como una actividad extraescolar y con seis años entró en el Conservatorio de Danza de Lugo. Con 17 años, después de terminar el bachillerato, se aventuró a una andadura por diferentes destinos. Estuvo un año en la Escuela de Ballet Carmina Ocaña en Madrid y otro en el Estudio de danza María de Ávila en Zaragoza, del que destaca "el trabajo con Lola de Ávila".

Después de esos años en España, dio el salto al exterior y la bailarina formó parte del Ballet Nacional de la Ópera de Varna, donde fue solista durante varias temporadas. Asimismo, hizo "varios tours por el Reino Unido".

"Hoy estoy aquí y mañana en otro sitio, es una profesión muy impredecible", reconoce Myriam Roca, que destaca que la carrera de una bailarina clásico que "es muy corta".

DANZA. La lucense aprovecha para reivindicar que "en España no se apoya lo suficiente a las artes", y añadir que "hay mucho talento, pero pocas facilidades". Así, en Lituania no es la única española y enfatiza que querría poder trabajar en su país.

"El ballet es un arte y no un deporte", reivindica Myriam Roca sobre su profesión, de la que dice que exige "mucho a nivel físico y mental". Pese a la situación complicada que hay en España, en otros países como Bulgaria, donde bailó, explica que "el Estado paga a las compañías e invierte mucho dinero en la ópera y el ballet".

La decisión de dedicarse profesionalmente a la danza generó ciertas dudas a la joven, pero tuvo en todo momento el apoyo de su familia. "No me pusieron trabas, tuve mucha suerte", recuerda.

Asimismo, lanza un mensaje de perseverancia: "Tienes que saber si es lo que quieres y lo que te hace feliz, no es una cuestión de dinero o de aceptación social".

El ballet exige muchas horas de dedicación. Así, para el próximo estreno de Giselle, Myriam y el resto del cuerpo de baile ensayan mañana y tarde con el vestuario, maquillaje y la música en directo de la orquesta. "Estoy muy agradecida porque en la situación actual no es fácil encontrar trabajo en el mundo del arte", afirma sobre su oportunidad en el Ballet Nacional de Lituania.

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