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Una aventura de ida y vuelta a la actualidad

El quiosco, una cita ineludible estos días. SEBAS SENANDE
El quiosco, una cita ineludible estos días. SEBAS SENANDE
Los quioscos y establecimientos de venta de prensa siguen abiertos al público

Son un bien escaso. Sirven de punto de reunión de los vecinos, de información para viajeros, peregrinos y turistas. Son negocios de toda la vida. Evocan los tiempos de la lectura pausada y el café a pequeños sorbos. Necesarios para mantener la rutina diaria de bajar a comprar la prensa. En plena era digital, de ‘fake news’ y de fiebre por las redes sociales, los quioscos ayudan a divulgar la información entre una ciudadanía en confinamiento.

Por ello, el Estado considera a estos emblemas de la información un servicio esencial, y permite su apertura diaria.

Las ventas de periódicos han crecido durante esta crisis, en la que los ciudadanos buscan información contrastada. Se da, con todo, el fenómeno de quioscos por los que pasan menos clientes. Es lo que ocurre, por ejemplo, en el centro urbano, donde hay pocos vecinos y no llegan los residentes en otros barrios de la ciudad, que habitualmente compraban esos productos básicos como la prensa cerca, por ejemplo, de sus puestos de trabajo.

→ Compra de cercanía
En estos momentos se compra cercanía. Y no solo porque se adquiera la prensa en los establecimientos más cercanos a casa y a puntos como los supermercados, sino también porque la prensa local es, según los últimos datos, la que más piden los ciudadanos. Se nota que buscan la información más cercana, la que les acerca a lo que ocurre en Lugo.

José Landeira: "Os exemplares de El Progreso véndense todos a primeira hora na Fonsagrada"

María Vázquez atiende las necesidades diarias de información de los lucenses desde El Kiosko, un diminuto mostrador de cuatro metros cuadrados amparado bajo el número 2 de la rúa Teatro, donde el cliente puede surtirse de prensa local y nacional, revista de toda índole y golosinas.

Su propietaria reconoce que, como les ocurre a otros negocios del centro, estos días vacío, ahora ella no despacha tantos ejemplares como hacía antes del inicio del estado de alarma.

A la hora del abonar la prensa también percibe el temor por el contacto de sus clientes. “Muchos me pagan con las monedas metidas en un pañuelo de papel o envueltas en una bolsa de plástico. La gente aún le tiene mucho respeto al virus, y con razón”, dice esta conocida quiosquera del centro de la capital lucense.

María Vázquez abre ahora su negocio en horario reducido hasta las dos de la tarde, dada la escasa afluencia de compradores a su quiosco en estos momentos en los que el centro de la ciudad, junto a los polígonos industriales, parece ser el más afectado por la paralización de las actividades económicas que ha supuesto el estado de alarma.

Pablo Balseiro: "Vienen los clientes habituales. A muchos les gusta leer la prensa diaria en papel"

“Algunos clientes habituales ya me contaron que salen una vez a la semana a hacer la compra y se meten en casa”, afirma la propietaria del emblemático kiosko lucense de venta de prensa.

→ A Mariña
A Mariña lucense tampoco ha podido escaparse de la inseguridad que produce el virus a la hora de traspasar el portal de casa. La compra de alimentos se convirtió en una de las pocas razones de peso para salir. El momento de acudir al supermercado es el que aprovechan la mayoría para ir también a comprar la prensa, para mantenerse informado de una forma más cercana, pausada y analítica de la que ofrecen las redes sociales o, incluso, las televisiones.

El quiosco Mayje, en Viveiro, es un claro ejemplo de ello. Pablo Balseiro está al frente de este negocio que abrió sus puertas hace más de 30 años en la capital viveirense. “Sobre todo vendemos prensa, y algunos productos de papelería”, explica.

Él es también de esos quiosqueros a los que la crisis sanitaria y el confinamiento les ha afectado y su clientela se nutre ahora de los más fieles a su negocio.

María Vázquez: "Muchos clientes me pagan con las monedas metidas en pañuelos de papel o envueltas en bolsas"

“La gente pasa todo el día en casa viendo la televisión y está demasiado informada, porque no hablan de otro tema en todas las cadenas. Afortunadamente, aún hay muchas personas a las que le gusta leer el periódico en papel todos los días”, asevera.

→ A Montaña
En A Montaña se repite esta situación en las calles. Para José Landeira, de A Fonsagrada, el estado de alarma repercurte en el tránsito hacia su librería. “Isto parece a guerra, non hai ninguén na rúa. A Policía e a Garda Civil evitan que a xente saía das casas e ande por ahí, pero saír a comprar o xornal está permitido, porque trátase de un dereito importante, o da información”, afirma Landeira. Cuenta que “os exemplares de El Progreso véndense todos a primeira hora”. “Niso aquí non baixaron as vendas”, concluye este quiosquero, que da cuenta de lo que ocurre a primera hora en muchos puntos de venta: la gente sale a primera hora a por su periódico.

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