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Un aula por la integración educativa

Las educadoras Lidia Escariz y Teresa Llano, junto a alumnos del aula de personas con Tea. VICTORIA RODRÍGUEZ
Las educadoras Lidia Escariz y Teresa Llano, junto a alumnos del aula de personas con Tea. VICTORIA RODRÍGUEZ

El IES Leiras Pulpeiro cuenta desde hace años con una clase para personas con trastornos del espectro autista

Todas las mañanas Alejandro, Adrián, Javier y Lenny pasan por el aula para personas con trastornos del espectro autista (Tea) con la que cuenta el Ies Leiras Pulpeiro desde hace ocho años. La clase se convierte en un lugar de aprendizaje, seguridad y calma para estos estudiantes con capacidades diferentes.

"Precisan saber o que vai ocurrir para sentirse máis seguros", explica Teresa Llano, que lleva la clase junto a su compañera Lidia Escariz. Llano comenta cómo deben notificar con anterioridad a los muchachos cuando se suprime una clase o si hay algún cambio en la rutina.

Los jóvenes pueden asistir al aula hasta los 21 años. Muchos van después a un centro de día, pero la provincia no tiene ninguno

Los estudiantes realizan algunas materias con el resto de los alumnos mientras otras son impartidas en el aula de autismo. Sin embargo, su trabajo diario va más allá del curriculum. "Suplimos as carencias que eles teñen á hora de relacionarse", describe Llano. Las educadoras trabajan las habilidades sociales de los chicos y les enseñan cosas como saludar al entrar en un sitio, pedir un café, pagar y dar las gracias.

Los jóvenes con TEA suelen ser muy literales, por lo que el aula cuenta con decenas de carteles que explican el significado de frases como "hablar por los codos" o "partirse de risa" para que comprendan su significado. La imagen suele ser el mejor método de enseñanza para estos chicos que son unas auténticas esponjas de conocimiento.

Los alumnos no aprenden solo el temario curricular, también se trabajan habilidades sociales como pedir un café 

La comunicación con los progenitores es muy importante. Los alumnos escriben todos los días una memoria sobre su mañana en el instituto. "Así los padres saben lo que les pasa aquí", resume Escariz. También tienen un cuaderno en el que los profesores hacen apuntes sobre incidencias y progresos.

Los jóvenes no terminan la Eso en cuatro años, necesitan ir más lento y pueden estar en el aula hasta los 21 años. "Por iso os pais queren que aproveiten aquí o máximo tempo posible", reconoce Llano, que explica que la alternativa después son los centros de día. La provincia no cuenta con uno todavía a la espera de que la asociación Raiolas cree el suyo.

"Nos gustaría que en el futuro ya no estuviesen esas aulas", defiende Escariz, que cree en un sistema inclusivo

Las profesoras se muestran muy satisfechas con el funcionamiento del aula en estos años. "É unha aprendizaxe continua", describe Llano, aunque a veces resulta duro ver la frustración que sienten los chicos con problemas de comunicación al no salirles las palabras.

"Nos gustaría que en el futuro ya no estuviesen estas aulas", defiende Escariz, que imagina a los alumnos con Tea en las aulas ordinarias y un apoyo específico en clase. Ambas defienden que su aula simboliza la integración física, pero que hay que seguir trabajando hacia la "inclusión". Las educadoras creen que la sociedad cada vez entiende más a las personas con trastornos del espectro autista.

Un aula por la integración educativa
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