Las claves de un atraco rodeado de incógnitas

Figurar como investigado no convierte al lotero en culpable, pero sí en sospechoso de un asalto a una administración sin precedentes en Lugo
Guillermo Rodríguez atiende a los medios. XESÚS PONTE (AEP)
photo_camera Guillermo Rodríguez atiende a los medios. XESÚS PONTE (AEP)

Nada más arrancar el año, el 4 de enero, un lotero lucense realizó una llamada al 092 para comunicar que había sido víctima de un robo. La noticia corrió como la espuma y los medios de comunicación se agolparon a las puertas de la administración de lotería de la Rúa Lamas de Prado para informar del suceso. Guillermo Rodríguez se mostró nervioso y contó el atraco con todo lujo de detalle.

Según explicó, alrededor de las ocho y media de la mañana, cuando acababa de entrar en su establecimiento y antes de que le diese tiempo a realizar ningún tipo de gestión, dos asaltantes lo abordaron y lo empujaron hacia el interior del mostrador. Acto seguido, según su versión, lo amenazaron con dos pistolas y uno de los ladrones le colocó el arma en la cabeza, al mismo tiempo que le exigía el dinero de la caja fuerte y le decía: "Somos colombianos y venimos a lo que venimos, a por el dinero, así que haz lo que te decimos y no te pasará nada". Con el botín en su poder –que cifró en 400.000 euros– los ladrones se esfumaron y dejaron a la víctima encerrada en la administración.

Un testimonio bien articulado y un golpe demasiado sencillo

A priori, la versión del lotero resultaba creíble y su voz temblorosa demostrada que había vivido un momento cuando menos angustioso. Sin embargo, su actitud llamaba la atención en algunos aspectos. Guillermo Rodríguez habló ante los medios de comunicación sin titubear y contó con los hechos con un discurso claro, conciso y ordenado, sin olvidar los detalles. Lo explicó todo sin que fuese necesario preguntarle nada y lo hizo además varias veces, ante cada periodista que iba llegando a su administración.

La víctima describió el robo e hizo también hincapié en que, justo el día anterior, había llamado a su gestora del banco para decirle que iba a ingresar exactamente 400.000 euros. Insistió en ese punto ante los medios de comunicación y ante la Policía. Los agentes interrogaron posteriormente a la trabajadora, quien confirmó este aspecto, pero explicó también que era la primera vez que el lotero llamaba al banco para anunciar la cantidad que iba a ingresar.

De entrada, sorprendía también lo fácil que lo tuvieron los asaltantes para acceder al dinero. Chocaba que una persona que iba a contar una cantidad tan elevada de euros no cerrase su negocio a cal y canto hasta que el taxi que lo iba a trasladar al banco estuviese en la puerta. Sin embargo, los presuntos ladrones llegaron a la administración y se encontraron con la verja a medio subir -aunque supuestamente solo se podía cerrar desde fuera- y las dos puertas abiertas, tanto la de entrada como la de seguridad que da lugar al habitáculo donde se guarda el dinero.

Además, tras el robo, los ladrones se dieron a la fuga y dejaron a la víctima encerrada dentro del establecimiento, pero dejaron las llaves puestas por fuera en la cerradura para que la Policía pudiese abrir en cuanto llegase.

Cámaras que no grabaron y complicaciones con el seguro

Todos estos detalles que podría haber apreciado cualquier persona no pasaron obviamente desapercibidos para la Policía Nacional, que tuvo al lotero en el punto de mira desde el primer momento.

Además, si el puzle ya era bastante complejo, la investigación se complicó todavía más cuando los agentes comprobaron que las cámaras de seguridad de la administración llevaban varios meses sin realizar ningún tipo de grabación. Esta circunstancia impidió comprobar la existencia de los 400.000 euros. ¿Había dinero en las cajas? ¿Había esa cantidad? Para otros loteros de la capital lucense la respuesta era clara: «Imposible», comentaban. Sus colegas de profesión se mostraron incluso molestos y preocupados por el hecho de que otros delincuentes pudiesen pensar que guardaban tanto dinero en sus negocios.

El lotero mantuvo siempre que los ladrones no eligieron el día al azar y que sabían perfectamente que la semana entre Navidad y Reyes es el momento en el que más dinero se junta en una administración. Guillermo Rodríguez aseguró que tenía ese dinero y así se lo trasladó a su aseguradora. Sin embargo, la compañía no tardó en poner pegas, ya que supuestamente el afectado no cumplía el nivel de seguridad exigido al no tener activadas las cámaras de seguridad del interior del negocio. Así las cosas, aseguradora y cliente tendrán seguramente que litigar para demostrar si había o no el dinero. Si se demuestra que no, el lotero podría incurrir en un delito de estafa.

Conjeturas sobre posibles deudas y venta del negocio

Sin saber lo que sucedió dentro de la administración, y con la única imagen de los asaltantes grabada por las cámaras de una lavandería próxima -dos hombres con la cara tapada y sendos chalecos reflectantes-, la Policía Nacional indagó en la vida del lotero y tomó declaraciones a familiares, allegados y clientes, unos testimonios en los que salió a relucir en varias ocasiones la palabra «deudas».

Los investigadores empezaron a tirar del hilo por si la situación personal de Guillermo Rodríguez pudiese explicar su posible implicación en el robo. Sin embargo, aclarar este aspecto va a resultar complejo, ya que habría que determinar quién le habría prestado dinero y en qué términos. ¿Fueron grandes cantidades? ¿Se hicieron contratos? ¿Recurrió a amigos o a prestamistas? ¿Fue dinero legal o dinero en B? De momento, ninguno de sus supuestos acreedores denunció que el lotero le debía dinero, por lo que las supuestas deudas se mantienen de momento en conjeturas.

La Policía Nacional recibió también información sobre presuntos movimientos del denunciante para intentar vender la administración de Lamas Prado. Desde el sector explican que esta transacción tendría que ser aprobada por Loterías y Apuestas del Estado y que únicamente sería autorizada si el lotero está libre de deudas con dicha administración.

La magistrada mueve ficha y el afectado ve vulnerado su honor

La presión sobre el lotero se incrementó hace una semana, cuando la titular del juzgado de Instrucción número 2 de Lugo citó a Guillermo Rodríguez para comunicarle su cambio de condición en la causa, de parte afectada a investigado. La magistrada consideró que se habían sumado los indicios suficientes como para verse obligada a aplicar el artículo 118 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. La comunicación al afectado de que está siendo investigado es obligatoria en este momento de las pesquisas para no vulnerar sus derechos fundamentales, lo que podría dar lugar en un futuro a una nulidad de las actuaciones.

El lotero defiende su inocencia y la Policía Nacional confirma que mantiene abiertas varias líneas de investigación

En realidad, se trata de una medida garantista para el lotero, ya que a partir de ahora, entre otras cosas, no está obligado a declarar ni a decir la verdad cuando lo citen, algo que sí tenía que hacer como testigo. Además, tendrá acceso a todas las actuaciones que no sean declaradas secretas.

Guillermo Rodríguez se sintió molesto por el hecho de que los medios de comunicación se hiciesen eco de la decisión de la magistrada y de su condición de investigado en el caso. El lotero considera que se podría estar vulnerando su intimidad y su derecho al honor, por lo que el pasado martes acudió a la comisaría de la Policía Nacional de Lugo para protestar por la información que está saliendo a la luz pública. Además, su letrado anunció que está estudiando la posibilidad de emprender acciones legales al respecto.

Con muchos cabos sueltos todavía, la Policía Nacional trabaja a destajo para arrojar luz sobre el caso e insiste en que el denunciante no es el único investigado por el atraco. De momento, no hay ninguna imputación en su contra y los investigadores se centran también en localizar a los dos atracadores, cuyo testimonio resultaría fundamental para confirmar si actuaron compinchados con Guillermo Rodríguez o si el lotero es únicamente la víctima de un suceso que se volvió en su contra sin merecerlo.