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La última copa antes del cierre fue un jarro de agua

La camarera de un bar de Lugo echa el cierre. ADRA PALLÓN
La camarera de un bar de Lugo echa el cierre. ADRA PALLÓN
La lluvia cercenó el ánimo de los lucenses de gozar de los bares el último día antes del cierre

Justo cuando el día comenzaba a amenazar con fiesta, descargó el chaparrón. La lluvia llegó para aguar las pocas ilusiones de alegría que podían albergar los hosteleros y los lucenses, que no pudieron despedirse como les hubiera gustado de sus bares queridos. Es el signo de la pandemia.

Y eso que la hora del vermú, las comidas y los chupitos de la tarde no habían ido tan mal, teniendo en cuenta las circunstancias. "Los clientes nos quieren, mira como está de animado el local", presumía poco antes un hostelero histórico de Recatelo que había levantado alguna mesa del mediodía a las siete de la tarde. Fuera, en unas sillas bajo una cornisa, dos de esas clientas se despedían con unas cañas de su bar, y de todos. "Yo creo", comentaba una de ellas, "que aún no somos conscientes de lo que nos viene encima".

[Un grupo de 'convivientes' en la Praza do Campo.VICTORIA RODRÍGUEZ]Un grupo de 'convivientes' en la Praza do Campo. VICTORIA RODRÍGUEZ

Un par de horas después, otro camarero de la zona miraba llover desde la puerta de su local con una expresión de pena y rabia que ni la mascarilla podía ocultar: "Ahora viene la otra pandemia", lamentaba mientras se frotaba los dedos pulgar, índice y corazón en el gesto del dinero. Una clienta que se protegía bajo la puerta mientras fumaba iba más allá: "A mí ni me va ni me viene, pero mañana pienso ir a la manifestación porque lo que están haciendo con la hostelería es una injusticia".

Se refería a la movilización que la asociación de hosteleros que han realizado este sábado por la orden de cierre de un mes que entró en vigor a medianoche. Salió del tramo peatonal de la Ronda y llevó su protesta hasta la sede de la Xunta y la Subdelegación del Gobierno.

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Reunió, sin duda, a más gente de la que este viernes por la noche había por los bares del centro de Lugo. Una pareja que acababa de ocupar una mesa con taburetes bajo unos soportales de la Praza do Campo llamaba la atención sobre "o triste que está todo, no hay música en ningún bar, solo silencio". A unos diez metros de ellos, en la terraza de otro bar, tres chicos y tres chicas compartían risas ante una mesa plagada de botellines de cerveza vacíos. No tenían mucha pinta de convivientes, pero daba gusto cómo convivían.

La Rúa Nova estaba despejada como si los bares acabaran de abrir en lugar de estar a punto de cerrar para un mes. "Las comidas han estado bastante bien", reconocía la camarera de uno de los restaurantes, "pero ahora no hay nadie". Este sábado se va al Erte, en el local solo quedarán el dueño, el cocinero y un camarero para atender las peticiones de comida a domicilio. Ella lleva muchos años trabajando allí y está segura de que cuando vuelvan a abrir tendrá trabajo, "pero muchos no. Hay algunos que si cierran no van a volver a abrir", advierte.

Un hostelero echa el cierre en Lugo. ADRA PALLÓN

Un hostelero echa el cierre en Lugo. ADRA PALLÓN

NI CAFÉS. La Rúa da Cruz aún parecía mantener algo más de ambiente, pero era engañoso. "El chaparrón ha sido la puntilla", explicaba el camarero de local, "y a esta hora ya no se va a recuperar". El también es carne de Erte. Habían estado pensando en abrir para dar cafés para llevar, "pero para que te compense tienes que dar 80 o 100. Nosotros movemos café, pero con todo cerrado la gente se mueve menos". La decisión lógica, el cierre.

No eran ni las 20.30 y las terrazas de la Praza Maior ya estaban echando la cadena a las sillas. Apenas unas pocas mesas aguantaban bajo las estufas exteriores. No se oía el jolgorio habitual a esas horas de niños jugando. Tampoco junto al parque infantil de Campo Castelo, uno de los pocos lugares de la ciudad, junto con algunas calles de A Milagrosa, que mantenía las ganas de una despedida por todo lo alto.

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Las mesas eran una prueba la riqueza de la diversidad de hogares que hay en la ciudad: en una, cinco hombres maduros; un poco más allá tres jóvenes en la treintena; enfrente cuatro chicas; en alguna también se sentaba la típica pareja, pero solo porque tiene que haber de todo.

"Nosotros somos conniventes", aclaraba un señor entre las risas de su tres acompañantes. Se habían enterado este viernes mismo que los bares no cerraban a las tres de la tarde, como se dijo al principio, sino a las once de la noche; habían salido "pensando que esto iba a ser como en Nochevieja" y se encontraron con un réquiem. Ya están volviendo a prepararse para el "videovino" que tomaban durante el confinamiento. Uno ha comprado aceitunas, otro galletitas saladas. Piensan hacer competiciones virtuales de empanadillas.

A las nueve, cuando parecía que la zona de los vinos estaba empezando a animarse, comenzó de nuevo la lluvia. Bajo un paraguas, una pareja camina a paso lento y sin rumbo, señalando mesas vacías sin que ninguna parezca convencerles. Da la sensación de que ni siquiera les apetece estar en la calle en una noche así, de que solo han salido a despedirse de los bares, y de que la lluvia y el frío no les están dejando llorar a gusto a sus lugares queridos.

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Los dos concellos con restricciones en A Mariña, Viveiro y Burela, comparten el mismo malestar, pero reaccionan de manera opuesta; así, mientras en Burela habrá concentración a las once en el consistorio desde Beiras de Viveiro consideran que secundar la propuesta de la Apehl sería una "acción irresponsable al estar en alerta roja" y temen el riesgo para la salud.

ALCOA. Los trabajadores secundarán las protestas para devolver el apoyo que "siempre recibimos" de comercio y hostelería.

ZONA SUR. Monforte y Chantada tienen convocadas sendas protestas, a las 11.00 ante sus respectivos ayuntamientos.

La última copa antes del cierre fue un jarro de agua
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