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Antonio de Castro: "Se salvó la fábrica de pinturas y eso nos permite seguir funcionando"

Antonio de Castro, este domingo delante de la devastada nave de Castro Parga en O Ceao. XESÚS PONTE
Antonio de Castro, este domingo delante de la devastada nave de Castro Parga en O Ceao. XESÚS PONTE

"Ha ardido el trabajo de una parte de mi vida", dice el gerente de Castro Parga, que está decidido a seguir adelante y ya busca naves para poder retomar la actividad de forma inmediata

Antonio de Castro vio arder este domingo la empresa familiar a la que ha dedicado toda la vida y, en medio de la desolación, pensaba en cómo seguir adelante. "Lo más importante es que se salvó la fábrica y eso nos permite seguir funcionando", aseguraba el empresario tras el gran incendio en el polígono de O Ceao

En la fábrica de pinturas el fuego no entró y esa instalación es uno de los motores de la empresa. De allí salen las pinturas Kromo, con un gran mercado en Galicia y que se distribuyen también en Andalucía, Madrid y País Vasco. 

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Pero el resto de la actividad de la firma ha quedado muy tocada. Antonio de Castro reconocía haber vivido la tragedia con una gran "impotencia", pero también contaba que estaba ya buscando alguna nave en la que reiniciar la actividad. 

La empresa tiene varias tiendas en Lugo y en Galicia, pero el motor estaba en O Ceao. De ahí salía el material para surtir a todos los establecimientos, recordaba. 

"He vivido esto con mucha impotencia. La empresa la creó mi padre en 1942 y yo le he dedicado más de 40 años", dice De Castro

Decía tener la tranquilidad de contar con una buena cobertura del seguro y, mirando hacia los trabajadores, agolpados frente a la nave, aseguraba que su reto es que todos puedan volver a trabajar

Al personal, de hecho, ya lo convocó para este lunes, para trabajar en la reconstrucción, y contaba que lo primero será revisar todos los sistemas informáticos que preservaban información fuera de la sede, para valorar el impacto real de las pérdidas, cuantiosas en todo caso porque la nave quedó completamente destruida y se evaporó todo el material que había dentro. Había mucho, decía, porque, como estaba habiendo problemas de suministro internacional, se había decidido hacer un gran stock para evitar problemas. 

Pero antes de poder reunir información para hacer balance exacto del desastre, Antonio de Castro no podía evitar reconocer que "ha ardido el trabajo de una parte de mi vida". 

De Castro explica que "en O Ceao estaban las oficinas, el almacén y el establecimiento y desde ahí se distribuía a todas las tiendas de la empresa" 

Y no solo eso, porque el fuego se llevó por delante todo un legado. El empresario recordaba que la empresa la creó su padre en 1942, hace casi 80 años, y que él se incorporó a la firma familiar nada más salir de la universidad. Le ha dedicado a la firma más de cuarenta años de su vida, recordaba. 

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La empresa sigue siendo familiar, así que para todos supone un varapalo emocional el desastre, decía De Castro, que recibió el aviso de que la nave ardía a las ocho de la mañana. Le avisó su sobrino y contó que "cuando me llamaron ya me supuse que era grave. Cuando te dicen que arde...". 

De Castro entró en la nave en cuanto se apagó el fuego. Quería ver con sus ojos la dimensión del desastre. Sobre el origen solo había hipótesis. "Tendrán que hacer un informe los bomberos. Habrá sido un cortocircuito o algo así; algunos hablaban de la tormenta, pero fue por la tarde, así que lo dudo", decía el empresario.

José Manuel López: "Pensé que era un robo y encontré a ocho bomberos tirando agua como locos" 
Los bomberos controlan el fuego en Dielectro. SEBAS SENANDE
A José Manuel López, delegado de Dielectro Industrial, lo despertó la empresa que gestiona las alarmas. Según parecía, alguien había entrado en la delegación en Lugo de Dielectro Industrial, que él dirige. "Vine para aquí a las nueve y me encontré dentro a un montón de bomberos tirando agua como locos", recuerda, "habían tenido que forzar las cerraduras de la verja de entrada y de la puerta del almacén para entrar. Había ocho tíos aquí dentro y los camiones fuera cargando las mangueras". 

Las llamas atacaron a esta empresa de material eléctrico, fontanería y climatización por la parte de atrás, en su mayor parte cubierta con chapa. El fuego entraba por una de las esquinas superiores tras doblegar toda la chapa metálica. José Manuel López asume que "habrá que mirar cómo está la parte de arriba porque el fuego subía por ahí, y vaciaron tres camiones de agua, se inundó todo. No sé el material que hay mojado". 

Tuvieron que abrir todas la tapas de desagüe del almacén para vaciar la auténtica piscina en la que se había convertido. Y menos mal, porque "cuando llegué estaba un bombero cagándose en todo porque decía que era increíble que en un polígono como este las tomas de agua del Concello no tengan presión y que tuvieran que ir a cargar los camiones a no sé dónde. Además, ya pasó en el incendio de Leche Río". 

Aún así, tenía que resignarse a pensar que "dentro de todo, pudo ser peor. Si empieza a arder el cable y lo que tenemos aquí...", imagina con miedo. 

Por si no fuera poco el susto del incendio, a mayores tuvo que aguantar las llamadas de algún empleado de la aseguradora: "Ahora me llama el del seguro y me pregunta que qué daños tengo. Y yo qué sé, tendrán que enviar un perito y hacer tasaciones, yo qué sé ahora cómo está el material dentro de las cajas mojadas. O quién te dice que la pared empieza a agrietar en unos días y va a más", protesta impotente.

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