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Tres años viviendo en un portal

Nivius duerme envuelto en un saco y sobre unos cartones a bajas temperaturas.EP
Nivius duerme envuelto en un saco y sobre unos cartones a bajas temperaturas.EP
Un indigente rumano duerme en un saco sobre cartones en un bajo de la avenida de Madrid ► El dueño del local se queja de la suciedad mientras Cruz Roja y Concello intentaron realojarlo

Un viejo saco de dormir y un par de cartones. Eso es todo lo que necesita cada día para echarse a dormir en la calle, en el suelo y con intenso frío como el de estas noches pasadas. Nivius -así dice él que se llama- lleva tres años haciendo lo mismo desde que llegó a Lugo, noche tras noche. Su habitación está en el número 25 de la avenida de Madrid, en el portal de Muebles Castro, un establecimiento que echó el cierre hace un par de años pero que aún funcionaba cuando este indigente comenzó a usar esta entrada como su hogar.

Acaba de anochecer y Nivius ya está allí, sentado en el suelo y haciendo algo de tiempo antes de preparar su cama de cartones y echarse a dormir. Lleva consigo un saco -en el que se mete-, una mochila y unas bolsas de plástico. De pocas palabras y conversación inconexa, este hombre, de mediana edad, dice ser rumano. Cuenta que, antes de llegar a Lugo, estuvo en Italia, donde trabajó como camionero y camarero hasta que algo se torció en su camino y acabó en Lugo, durmiendo en la calle. "Estoy solo aunque hay gente que me ayuda. Me acercan comida pero también compro. La noche la paso aquí y el día lo paso haciendo turismo", dice, al tiempo que saca del bolsillo una bolsa con un montón de tiques del supermercado arrugados.

Nivius no consiguió un trabajo en Lugo. Su edad, su formación, el idioma y quizás su estado de salud le impiden acceder a un empleo. Se le pregunta y solo pronuncia un "no". Antes de decidir quedarse en el portal de Muebles Castro, Nivius estuvo en el del cajero del BBVA, situado al lado. Finalmente, tuvo que marchar. El cajero fue cerrado con una puerta y ya no podía entrar.

Aquí, en Muebles Castro, de momento puede acceder libremente. Sin embargo, el dueño del establecimiento, José Antonio Fernández, está pensando en cerrarlo. Se queja de la suciedad que queda en el lugar. No cerró antes básicamente por humanidad.

"Me quejo yo de la suciedad que deja pero también los vecinos. Le llevan café y comida de Cruz Roja y él deja todo allí tirado: mondas de plátanos, vasos... Hablé con él varias veces para que dejase el sitio pero se va y vuelve a los dos días. Antes, cuando tenía el negocio abierto, dormía pero limpiaba. Ahora, no, y la Policía dice que no puede hacer nada para echarlo. Es cierto que bastante desgracia tiene por no tener dónde dormir. Quizás deberían hacer algo los servicios sociales. Yo, ahora, me planteo cerrar el portal pero ¿por qué tengo que gastar el dinero y, en cambio, nadie hace nada?", se pregunta José Antonio Fernández.

AYUDA. Los servicios sociales conocen la situación. Casos como el de Nivius hubo pocos en Lugo, pero la solución no es fácil. Este hombre carece de documentación, se niega a ser realojado, apenas se comunica y, aparentemente, sufre una enfermedad mental. Cruz Roja intentó pagarle un alquiler o un hostal o arreglar para que fuese unas noches al albergue, pero la negativa fue siempre la respuesta. "Nos está costando más de la cuenta ayudarlo porque, en cuanto insistes se bloquea. Antes le emocionaba que le llevásemos el bocadillo y un día vino hasta el centro nuestro, donde les ofrecemos ducha y lavado de ropa, pero no volvió. Conseguimos vacunarlo, eso sí, pero hasta que la persona no esté preparada, no podemos obligarla. Si no quiere salir de la calle, es imposible, salvo que haya una orden judicial o que sea incapacitado judicialmente. Hay veces que, si sufren un brote psicótico, se puede hacer un ingreso involuntario, pero tampoco es el caso", explica Patricia Castiñeira Castelo, responsable del programa de Atención Integral a Personas sin Hogar de Cruz Roja.

El Concello ofrece también, en colaboración con Cruz Roja, un piso de acogida para personas que pasan por el albergue que aspiran a una vida "medianamente autónoma", apunta la edil de servicios sociales, Olga López Racamonde.

"Están entre medio ano e un ano antes de que teñan un traballo que lles permita independizarse. Nós facilitámoslles a alimentación e supervisámolos pero a xente, en xeral, quere autonomía e a verdade é que case todos son reinsertables laboralmente, pero este caso é especialmente difícil", afirma la concejala.

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