Alvarellos y la memoria cultural de Lugo

El fundador de la popular academia, creador de una reconocida editorial y respetado músico recibió un homenaje en la ciudad a los veinte años de su desaparición. Cultura citó a los lucenses para recordar su obra y escuchar su música. Dejó 60 composiciones musicales y se escuchó en A Mosqueira su obra favorita y más redonda, la Cantata da Lanzada

Enrique Alvarellos decía que por su recordada academia de Lugo habían pasado cien mil alumnos, según rememoraba este sábado su hijo, Quique Alvarellos. El número abulta mucho, desde luego, pero es que a aprender taquigrafía venía a la ciudad gente de todas partes, sobre todo de la provincia.

Hubo un tiempo en que aprender taquigrafía era muy importante. Para aprobar una oposición a secretaria, o para ser comercial, había que lograr 250 pulsaciones por minutos y el método de enseñanza era fundamental. 

Y ahí estuvo uno de los grandes aciertos de Alvarellos, que desarrolló un método de taquigrafía aprobado en 1968 por el Ministerio de Educación que le permitía emitir el título de mecanógrafo en un tiempo en el que esa habilidad era muy preciada.

Pero la academia Alvarellos, en A Mosqueira, enseñaba muchas más disciplinas, porque entre Enrique y su mujer, Conchita Casas, abarcaban casi cualquier rama del saber.

A Alvarellos mucho de ese conocimiento que iba expandiendo por la ciudad le venía del Seminario, donde se formó hasta acumular muchos de esos saberes humanísticos tradicionalmente tan apreciados aunque muchos hayan ido cayendo en desuso. Era, por ejemplo, maestro de Latín y Griego.

La música, otra de las pasiones de Enrique Alvarellos

En el Seminario Alvarellos aprendió también música. Esa fue una de sus pasiones y una de las razones por las que se le recuerda aún en Lugo. No fue profesional porque vivió en tiempos en los que la música no daba para vivir, contaba su hijo con motivo del homenaje que el Concello rindió a Alvarellos en A Mosqueira, junto a la casa que ocupó su academia.

No vivió de la música, pero la música le daba la vida y en Lugo creó cuatro coros, incluyendo la recuperación del Orfeón Xoán Montes y uno hoy desaparecido, el de la Policía Local. 

Su mundo musical no se limitó a la interpretación, aunque entre otras cosas era un buen intérprete de clarinete. Toco ese instrumento desde en la mili hasta en la Banda de Lugo. En el acto en A Mosqueira se escuchó interpretado por el clarinetista Gerard Vázquez la que era su pieza favorita, Unha noite na eira do trigo.

Era, además, compositor. Dejó escritas unas 60 composiciones, desde composiciones populares a otras más complejas, como la Cantata da Lanzada, su favorita y la pieza elegida por el Coro do Hospital para el homenaje.

 

La pieza, interpretada bajo la dirección de Fernando Gómez Jácome, fue muy aplaudida por el numeroso público reunido en A Mosqueira, donde la concejala de Cultura, Maite Ferreiro, elogió la huella musical y cultural dejada por Alvarellos en la ciudad.

Alvarellos Editora, la editorial fundada en 1977

Y de ese legado, recordó, forma parte también la editorial que fundó y que vio la luz en 1977, tras años esperando conseguir la licencia para ser editor.

La editorial se mantiene y tiene hoy unos 250 libros vivos y un catálogo histórico de unos 400, pero se estrenó con la democracia con dos obras, una novela de su autoría, Botei 40 anos y Poesía dun Labrego, de Paco Ledo. Se presentaron en una galería cultural que tenía en el centro de la ciudad entonces Carlos Dafonte, recordaba su hijo.

Todo ese legado se celebró en el homenaje organizado por la concejalía de Cultura por los veinte años de su muerte y en el que tuvo especial protagonismo la familia, con su mujer, Conchita, al frente, y sus hijos, Cecilia y Quique, y sus nietos, Pablo, Cecilia y Manuel. Ellos tres fueron los encargados de la ofrende floral que siguió al descubrimiento de la placa en memoria de Alvarellos. En un día que fue feliz para la familia, que descubrió que Lugo aún recuerda al agitador cultural que fue Alvarellos.