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"A alegría e a tristeza nótanse no lixo"

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Recogida nocturna de basura. SEBAS SENANDE
Los contenedores de la basura, desde el contenido a sus condiciones, hablan de la calidad del servicio y recogida de la ciudad, pero también de quienes habitan en ella

CARLOS ARIAS sale cada noche a las 9.45 horas de la nave que Urbaser tiene en As Arieiras al frente de un camión de recogida de basura de carga lateral. Esto significa que es el único trabajador que va en el vehículo y que vacía los contenedores sin apearse de él, con la ayuda de cámaras. Esta mayor distancia con la basura le impide ver las características de esta, como sí hacen los operarios de los camiones de carga trasera, donde el vaciado es más manual, pero aun así el trabajo le permite un amplio margen de observación sociológica.

Su ruta va de la Avenida da Coruña a la Avenida das Américas, por A Milagrosa, y no aprecia, dice, calles donde los vecinos sean más limpios y calles donde lo sean menos, algo en lo que tampoco Ildefonso Méndez, encargado de noche, ve particularidades. En todas suele haber contenedores con bolsas fuera aun sin estar llenos. A veces, ni mediados. "Chega con que unha persoa, polo que sexa, deixe a bolsa fóra para que as seguintes xa non se molesten en mirar se hai sitio dentro e as pousen ao carón", explica. Reconoce que en algunas zonas quizás sería necesario algún contenedor más, pero no cree que en general ese sea el problema.

La existencia de bolsas fuera de los colectores hace que, detrás del camión de carga lateral, tenga que ir otro vehículo menor, con un operario que se baja para recoger lo que queda. No van pegados, lo que a veces provoca comentarios críticos de ciudadanos que desconocen el sistema y creen que solo pasa el primero y que los residuos quedan en la calle.

Hay vecinos exigentes con el aseo urbano y otros que lo valoran poco. Entre estos últimos están —explican los trabajadores de Urbaser— algunas personas que rebuscan en los contenedores. Sacan las bolsas fuera y las abren y en muchos casos no las devuelven al interior. La situación se agrava en el entorno de algunos supermercados que se deshacen de productos perecederos.

CAMBIO DE ARMARIO. Uno de los momentos del año en que llega más basura a los contedores es, según explica Carlos, con el cambio de armario. "En xuño nótase moito. Hai moita máis roupa, libros..., supoño que porque coincide tamén con que acaban as clases", apunta. "Na Rúa da Herba —añade su compañero— sempre aparece cunha bolsa con roupa e zapatos á beira dun contenedor. Supoño que a deixan fóra por se alguén a ve e quere aproveitar algo do que hai dentro".

Las épocas de bonanza y de crisis tienen también un gran reflejo en la basura. "Nos bos tempos víase de todo nos contedores. Televisores de alta calidade, bicicletas novas...", recuerda el conductor. Que la economía fluía se notaba en el tipo de artículos que se desechaban y en la cantidad. "Eu ás veces na noite facía tres viaxes á planta para descargar. Agora fago dous". "A alegría e a tristeza nótase moito", coincide Ildefonso.

Ambos creen que el gasto se ha recuperado pero que no ha vuelto a los niveles precrisis. Así, aunque por circunstancias que se les escapan, cada vez se ven más enseres al lado de los contenedores, Ildefonso aprecia mucha diferencia respecto a hace unos años. "Agora a maioría do que se ve é material de moi mala calidade ou moi vello, como colchóns, mobles...".

Los trabajadores recuerdan que Urbaser dispone de un punto limpio en O Ceao y de un servicio de recogida de enseres casi puerta a puerta, previa llamada telefónica. "Non sei que pasa, se a xente se desfai de máis cousas ou se as baixa á rúa sen avisar a Urbaser", señala Carlos.

LLAVES EN EL CONTENEDOR. El monótono trabajo de recogida de basura depara algún sobresalto de vez en cuando, como cuando hay que detener el camión para intentar recuperar algo que un ciudadano ha depositado por error en el contenedor o que se le ha caído dentro. ¿Quién no se ha llevado un susto alguna vez al creer que había mandado las llaves de casa al contenedor? Casi siempre son solo sustos, pero a veces sucede. Llaves y lo que cuadre. Si el ciudadano se da cuenta en el momento puede llamar a Urbaser y desde allí contactan con los operarios de esa ruta. Si hay suerte y el camión aún no ha llegado al contenedor, este se vuelca en la calle y se busca. Si el contenedor ya ha sido vaciado hay poco que hacer porque el camión descarga en una tolva en la planta de transferencia que Urbaser tiene en O Ceao y los residuos se prensan para enviar en otros contenedores a la planta de Sogama en Cerceda (A Coruña).

Carlos e Ildefonso, que acumulan varias décadas de trabajo en Urbaser, han visto de todo. "Unha vez foi ao contedor a recadación de todo o día dun supermercado, uns dous millóns de pesetas", recuerda Ildefonso. "Aínda non hai moitos días chamaron porque unha persoa tirara sen querer un sobre con 6.000 euros nun contedor pola zona de Fingoi. Penso que non se puido facer nada porque fora a noite anterior", añade Carlos. Exámenes sin corregir, las declaraciones de la renta de de una gestoría, llaves de coches... son ejemplos de material que fue a la basura por error y que en muchos casos se salvó.

TRABAJAR DE NOCHE. Tanto a Carlos como a Ildefonso les gusta trabajar de noche. Para el primero, uno de las grandes ventajas es la tranquilidad. "É máis fácil. Hai moito menos tráfico. Vese moi ben cando, por unha circunstancia, hai que empezar antes da hora habitual, que en inverno son as dez e en verán, as once".

Este trabajador opina que en general los conductores son poco pacientes con el camión de la basura. "Ao bus se está parado non lle pitan, pero a nós si». Son poco pacientes y, en algunos casos, poco cuidadosos hasta con sus coches. "Hai quen aparca case rozando o colector e complícanos moito o traballo. Hai que baixarse e tirar polo recipiente para fóra ou chamar á Policía para que mande a grúa", narra un trabajador que, como el resto de empleados de Urbaser en Lugo, estuvo en el punto de mira en el verano de hace cinco años por una huelga que duró 61 días. ¿Les han vuelto a mirar bien los ciudadanos? "É unha ferida mal curada", reconoce Ildefonso sen medias.

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