Las agresiones de hijos a padres originan 30 denuncias al año y solo afloran el 15%

La Ufam de la Policía Nacional afirma que esta problemática descendió en Lugo y en el 90% de los casos se unen ataques físicos y psicológicos. La violencia filio-parental afecta a todo tipo de familias y está relacionada con el bienestar emocional
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photo_camera La violencia filo-parental es ejercida en mayor medida por hombres. SENANDE

Las agresiones de hijos a padres descendieron en Lugo, al menos las que se conocen a nivel oficial en base a las denuncias presentadas ante las fuerzas y cuerpos de seguridad. Aun así, solo la Policía Nacional recogió en la capital lucense a lo largo del pasado año alrededor de una treintena de denuncias por algún tipo de violencia filio-parental.

La cifra puede no parecer alarmante, pero los datos no reflejan toda la realidad, ya que las entidades que trabajan a diario en este ámbito estiman que solamente se denuncian los casos más graves -que suponen entre un 10% y un 15% del total-, por lo que muchas veces el problema permanece oculto en el ámbito privado, ya sea por vergüenza, por lástima o por miedo.

El jefe de grupo de la Unidad de Atención a la Familia y Mujer (Ufam) de la comisaría lucense, el inspector Joseba Koldobika Socorro López-Pozuelo, explica que los padres y madres que se deciden a denunciar a sus hijos se encuentran en una situación desesperada y han pasado ya por varios episodios violentos. "Muchas familias vienen únicamente a pedir consejo porque no saben qué hacer y quieren saber las consecuencias que podría tener una denuncia. En esos casos, nosotros les decimos que lo mejor es que se asesoren con un abogado".

Joseba Koldobika, inspector jefe de la Ufam: "Tuvimos varios casos de menores que se ponen violentos por las nuevas tecnologías cuando le quitan el móvil"

Si finalmente se tramita la denuncia, la Policía Nacional activa el protocolo establecido para estos supuestos. "En el 90% de los casos que nos llegan a nosotros", comenta el inspector, "la violencia es física y psicológica. Los hijos tienen todo tipo de conductas violentas: rompen cosas, tiran comida al suelo, empujan a sus progenitores o amenazan con tirarse por la ventana. A veces lo hacen para llamar la atención y otras para conseguir algo que se les niega. Hemos tenido ya varios casos motivados por las nuevas tecnologías; jóvenes que se ponen violentos porque les quitan el móvil o les cortan el wifi".

Perfiles familiares

En cuanto al perfil de los agresores, el jefe de la Ufam de Lugo señala que este tipo de violencia afecta a todo tipo de familias, con independencia de su posición económica o social, y es ejercida tanto por los chicos como por las chicas.

Según un estudio de la Fundación Amigó -que ayuda a niños y jóvenes problemáticos o en riesgo de exclusión y desarrolla proyectos en nueve provincias españolas, entre ellas Lugo- el 56% de la violencia filio-parental registrada el pasado año fue ejercida por los hijos y el 44%, por las hijas.

Los motivos que desembocan en este tipo de situaciones son muy dispares, pero tanto desde la Policía Nacional de Lugo como desde la citada entidad reconocen que la educación juega un papel fundamental y apuestan por la prevención, basada en el afecto, la comunicación y la disciplina. En este sentido, un estudio publicado recientemente por la Fundación Barrié -elaborado en base a un cuestionario realizado a 125.000 escolares gallegos de 12 a 18 años-, "el hecho de que los hijos se sientan apoyados por sus padres es un elemento importante que tiene una correlación positiva con el bienestar emocional y la satisfacción con la vida. Los datos muestran que cuantas más formas de violencia ejercen los adolescentes, peor es su bienestar emocional y su satisfacción vital», concluyen.

Trastornos y adicciones

Sin embargo, aunque la educación y el apoyo parental son una cuestión fundamental, la idea del niño consentido que se convierte en un adolescente problemático tampoco es tan simple, ya que detrás de muchas conductas violentas se esconde algún tipo de trastorno.

"En muchos casos que vemos aquí", comenta el inspector, "el agresor tiene algún tipo de adicción -como por ejemplo al alcohol o a las drogas- o padece algún trastorno psiquiátrico o psicológico que influye en su conducta y que no se había detectado con anterioridad", señala. El estudio de la Fundación Amigó concluye que en el 49% de los casos, los hijos presentaban alguna adicción y un 32% habían sido testigos de algún tipo de violencia.

"La educación es muy importante, pero detrás de muchos casos hay algún tipo de trastorno psicológico o de adicciones"

Los psicólogos de esta fundación explican que la violencia no se inicia cuando ya está presente la violencia física, sino que casi siempre se inicia en niveles de violencia más bajos, "ante conductas que normalizamos o a las que restamos importancia", comentan. "Por ello, prevenir y empezar a intervenir en cuanto se den las violencias más leves -potenciando la implicación de todos los miembros de la familia y agentes socioeducativos- es el camino en el que hay que trabajar para abordar esta problemática social", concluyen.

Delitos: la Fiscalía abrió en un año 16 expedientes a menores por violencia familiar

Los datos recabados por la Fiscalía Superior de Galicia confirman también un descenso de la violencia filio-parental en Lugo. Así, a lo largo de 2022 (último año recopilado), se abrieron en la provincia 16 expedientes a menores por estos delitos, frente a los 21 de 2021 y los 40 de 2020.

Con estas cifras, Lugo es la provincia gallega donde esta problemática tiene una menor incidencia. En Ourense se abrieron 44 expedientes en 2022, 31 en 2021 y 29 en 2020. En Pontevedra se contabilizaron 77 en 2022, 74 en 2021 y 79 en 2020, mientras que A Coruña se incoaron 93 en 2022, 188 en 2021 y 63 en 2020. En toda la comunidad gallega se contabilizaron 230 expedientes a menores por violencia doméstica en 2022, 314 en 2021 y 211 en 2020, por lo que se trata de un problema social latente.

Convivencia. El estudio realizado por la Fundación Barrié concluye que el 40,6% de los jóvenes encuestados tuvo discusiones fuertes con sus padres en los últimos meses.

El 12,9% dijo que había llegado a insultarles y un 2,8% reconoció que había ejercido sobre ellos algún tipo de violencia física. Más de la mitad, el 52%, afirmó que le había "levantado la voz", aunque sin que se registrasen incidentes de mayor relevancia.

"Aproximadamente", concluye el estudio, "en 1 de cada 10 hogares se han detectado manifestaciones de violencia filio-parental, con cuatro o más formas de violencia distintas en los últimos meses".

Caso grave en Lugo: pisa a su padre hasta romperle el fémur y le condenan a 2 años

La violencia filio-parental no entiende de clase social, de género, ni es fruto únicamente de la rebeldía de la adolescencia. De hecho, una de las últimas sentencias dictadas en Lugo en esta materia condenó a dos años de prisión a un hombre adulto por agredir a su progenitor, de 75 años. El ataque fue tan brutal que la víctima acabó con el fémur roto y con una parada respiratoria.

El fallo judicial recoge que el 30 de agosto de 2020, el acusado, "con ánimo de atentar contra la integridad física de su padre y aprovechándose de las limitaciones derivadas de su avanzada edad», le dio una patada y lo tiró al suelo. Además, una vez en que el hombre estaba tumbado y no era capaz de levantarse, su hijo le pisó con fuerza la pierna, hasta que le fracturó el fémur. Además de la fractura, el septuagenario sufrió "una parada respiratoria secundaria a dolor". El hombre tuvo que ser atendido de urgencia y fue sometido a una operación quirúrgica, tardando 221 días en recuperarse.

La Policía Nacional acudió al domicilio de los implicados tras recibir un aviso del servicio de Emergencias 112 Galicia y el anciano manifestó ante los policías que había sido agredido por su hijo. El hombre volvió a contar lo mismo cuando declaró en el juzgado de Instrucción en agosto de 2020, seis meses después del incidente.

Sin embargo, en la vista oral, celebrada en el Penal número 1 de Lugo, la víctima cambió su versión para proteger a su hijo y declaró que las lesiones que presentaba aquel día obedecían a "una caída fortuita". A pesar de que el hombre no ratificó su testimonio inicial, la jueza estimó que había pruebas suficientes para condenar al hijo y le impuso una pena de cuatro años de prisión como autor de un delito de lesiones agravadas.

RECURSO. Tras conocer la sentencia, el abogado de la defensa presentó un recurso de apelación ante la Audiencia de Lugo. El tribunal confirmó que —a pesar de la declaración "exculpatoria" de la víctima en el juicio— había pruebas suficientes para condenar al acusado, como la declaración de los policías, los testimonios previos del padre y el parte de lesiones. Sin embargo, la sala alegó que "la avanzada edad de la víctima no es suficiente para entender que era una persona "especialmente vulnerable", por lo que condenó al agresor por un delito de lesiones, pero no agravadas, por lo que rebajó la pena a dos años de prisión.

La defensa pidió además una atenuante por alteración psíquica y dependencia a los opiáceos, pero la Audiencia la rechazó porque no quedó probado que sus patologías afectasen a sus facultades intelectivas y volitivas

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