Adiós a un taller artesanal

José Fernández y Mari Carmen Rodríguez, que tienen a la venta su negocio por jubilación, tras 37 años de oficio, ofrecen formación a quien lo adquiera
José Fernández y Mari Carmen Rodríguez en su taller de recuperación de calzado. SEBAS SENANDE
photo_camera José Fernández y Mari Carmen Rodríguez en su taller de recuperación de calzado. SEBAS SENANDE

Navegando por los portales de compraventa de inmuebles y por las redes sociales uno se encuentra con un curioso anuncio en A Residencia. José Fernández y Mari Carmen Rodríguez, que llevan 37 años ejerciendo como zapateros en este barrio, tienen su negocio en alquiler, traspaso o venta por jubilación y le ofrecen a quien se quede con él formarlo en el oficio.

"Quiero transmitir mi experiencia de casi 40 años", afirma José Fernández, quien, cuando le resta un año y medio para jubilarse, asegura que "ando buscando relevo, pero sin éxito".

Este naviego se formó en los años 80 de la mano del artesano Manuel Copa, en la céntrica Rúa Miño de la capital lucense, y de su tío Ricardo en Barcelona. Lo hizo tras trabajar tres años como gruista en la construcción. "Cambié de oficio por el frío que pasé en las obras y por tradición familiar, pues dos de mis tíos fueron zapateros", recuerda.

En 1985, tras contraer matrimonio, abrieron su primer taller en la Rúa Portugal y tres años después el de la Rúa Quiroga en donde se van a despedir del oficio, que dicen que les ha aportado «calidad de vida» por la fidelidad de sus clientes, a los que expresan su agradecimiento.

Pese a esa dilatada experiencia la friolesa Mari Carmen Rodríguez cuenta que aún se encuentra con clientes que cuando llegan a la tienda le preguntan: "¿No está el zapatero?". José Fernández destaca el papel que desempeña su esposa en este taller de A Residencia, además de por la calidad de sus trabajos, porque «la gran mayoría de los clientes son mujeres y entiende mejor sus necesidades».

AMPLIACIÓN DE SERVICIOS. Este artesano no es de los que aplica el refrán de zapatero a tus zapatos. "Hoy hay que hacer de todo. Este oficio da mucho margen, desde las nuevas tecnologías (mandos a distancia, pilas, llaves...) hasta cualquier tipo de artesanía (bolsos, carteras...) y venta, sin olvidar la reparación", detalla. Este matrimonio de artesanos recuerda que el adiós del hospital Xeral en 2011 fue "un leñazo" para la actividad comercial en el barrio, aunque reconoce que era "inviable que siguiese aquí" para poder ampliar los servicios que prestaba. También advierten que las nuevas dotaciones "ayudarán, pero no serán lo que fue".

Consideran que el suyo es un oficio en regresión, como a su juicio lo pone de manifiesto que solo queda una docena de profesionales en la capital lucense, Mari Carmen Rodríguez lo atribuye, en parte, a «la influencia del calzado barato», por lo que hay reparaciones que "no se pueden hacer o que resultan muy costosas".

Coincide con esa apreciación su marido. "En alguno casos ahora hacen los zapatos con fecha de caducidad", precisa.

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