Adiós a Dolores Sánchez Rey

Flores en un cementerio. VICTORIA RODRÍGUEZ
photo_camera Flores en un cementerio. VICTORIA RODRÍGUEZ

Tenía 95 años y la edad le había pasado factura físicamente, pero Dolores Sánchez Rey, Lolita, Lola o Loló, según el familiar o amigo que hablase de ella, seguía fiel a esa imagen que dio toda su vida de mujer decidida, de carácter y profundamente generosa, tanto en sus afectos como en lo material.

Lolita se había criado en la Ronda da Muralla, cerca de la Rúa Nova, junto a sus padres y sus cuatro hermanos: Pepín, Esteban, Chatina y Vicente. Allí dejó grandes amigos, al igual que cuando se trasladó a vivir a la Ronda das Fontiñas.

Y es que el gran corazón de Lolita hizo que fuese muy querida. Así lo atestiguan quienes trabajaron con ella en Urgencias, primero en la residencia Hermanos Pedrosa y después en el hospital Xeral, donde ejerció como auxiliar de enfermería y donde dejó innumerables muestras de su capacidad de trabajo, su dedicación y su empatía.

Este miércoles, a las 12.00 del mediodía, recibió el último adiós con una misa en Velatorios Lucenses, en As Gándaras, acompañada de sus sobrinos Moncho, Alberto, Teresa, Kuka y Dolo y de todos aquellos que siempre la recordarán.