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La activista lucense contra el glifosato

Cristina Fontenla, junto a su coche, en el lugar de los hechos. VICTORIA RODRÍGUEZ
Cristina Fontenla, junto a su coche, en el lugar de los hechos. VICTORIA RODRÍGUEZ
Cristina Fontenla, preocupada por el uso que hace el Gobierno de un herbicida muy tóxico en el desbroce de los márgenes de las carreteras, decidió afrontar el problema y parar las máquinas

Los ecosistemas viven constantemente amenazados por el uso indiscriminado de herbicidas y pesticidas y el glifosato, que se prohibirá en 2022, está en el punto de mira por su toxicidad. Hay muchos críticos y en Lugo una activista se puso esta semana al frente de las máquinas para intentar parar su utilización.

Cristina Fontenla es una traductora de inglés y apicultora pontevedresa, asentada en Lugo desde hace 13 años, que en un acto de rebeldía cruzó su vehículo justo enfrente de una máquina que vertía glisofato, un potente herbicida conocido por su toxicidad, en un margen de la carretera de Santiago. Esta acción trajo consigo una discusión con los propios operarios de la empresa concesionaria y las posteriores explicaciones a la Guardia Civil, que se personó en el lugar a los pocos minutos de producirse el incidente.

El diálogo entre ambas partes comenzó nada más bajarse del coche la protagonista. "Los operarios de la empresa me decían que no podía impedir de esa forma su trabajo, así que me sacaron fotos allí mismo, y yo hice lo propio con ellos. Solo les dije que quería que parasen porque el planeta no puede con una gota de veneno más, y ellos me contestaron que eran unos mandados", relata.

La conversación se zanjó justo en el momento en el que los operarios de la firma llamaron a la Guardia Civil. "Es la tercera ocasión en la que hago una acción de este tipo. Esta vez estaba más nerviosa que en las anteriores. Veía como un imperativo que se tenían que marchar de ese lugar. Y al final suele pasar que la Guardia Civil te comunica que tienes que irte o te detienen, porque no hay otro desenlace posible y tampoco puedo permanecer en el arcén porque es un riesgo", asevera esta activista convencida.

FUTURO. Cristina Fontenla está convencida de que esta no será la última ocasión en la que obstaculice la propagación del glisofato por las carreteras lucenses.

"Con esos antecedentes no se qué más podemos hacer para que prohíban su uso. En Italia e India, hicieron investigaciones en plantaciones de maíz transgénico cuyos granos estaban envueltos en glisofato y se demostró su toxicidad", concluye.

"Está comprobado que el glisofato es un veneno neurotóxico"

Cristina Fontenla dice que no puede quedarse de brazos cruzados ante una situación como la que presenció el pasado jueves. No era la primera vez que se manifestaba abiertamente ante los abusos a los que se ve sometido el planeta y este "acto espontáneo", como ella misma califica su acción, tiene continuidad en el tiempo puesto que ya fue objeto de denuncia por parte de la Guardia Civil por unos hechos similares.

"Ya me impusieron una multa administrativa bastante grande hace un tiempo por colocarme delante de una máquina que rociaba glisofato en los arcenes. Aunque el juez desestimó el casó y también anuló la multa", comenta la protagonista de este suceso.

APICULTORA. Cristina Fontenla imparte clases de inglés, tras una larga estadía en Londres donde trabajó como traductora, y también se gana la vida como apicultora. Por ello es muy consciente del efecto nocivo que provocan los herbicidas en los seres humanos y en los animales.

"El uso de herbicidas y pesticidas desestabiliza los ecosistemas, cada vez se debilitan más. Está comprobado que el glisofato es un veneno neurotóxico. En las abejas, por ejemplo, les produce la pérdida del sentido de la orientación. Por eso vemos tantas colmenas vacías, este caso se conoce como síndrome de colapso de las colmenas ", manifiesta.

Causa muertes en Estados Unidos

El uso de glisofato es legal en Europa hasta el 15 de diciembre de 2022. "No lo puedo soportar. Me informé sobre el uso del glisofato. Siempre parece que lo van a prohibir porque está demostrada su toxicidad, pero al final nunca sucede nada. En Estados Unidos se demostró médicamente que el glisofato era la causa de la muerte de personas por un tipo de cáncer y la multinacional que posee sus derechos fue condenada a pagar unas indemnizaciones millonarias", relata Cristina Fontenla.

Prórroga
El Parlamento Europeo prorrogó el uso de glisofato gracias a una resolución aprobada en el año 2017, gracias a una moción de Alemania. Su utilización en el espacio comunitario es legal hasta el 22 de diciembre de 2022.

La activista lucense contra el glifosato
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