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"Viendo a mi hijo me di cuenta de que yo también soy una TDAH de libro"

El Trastorno por Déficit de Atención es cada vez más visible, pero queda mucho por hacer ► Bule Bule organiza una charla sobre el tema con la neuropediatra del Hula Laura Pérez Gay

Marina y Álvaro se han convertido en dos expertos en Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) sin haberlo pretendido. Lo son porque han dedicado muchas horas a buscar respuestas sobre lo que le pasaba a su hijo. Los ocho años que han pasado desde que la orientadora del colegio les sugirió que la conducta de su pequeño de cuatro años podría responder a ese diagnóstico hasta el día de hoy dan muestra de que se ha ido avanzando en este terreno, en el que, sin embargo, queda mucho por hacer. La referencia para Álvaro y Marina en TDAH hace ocho años estaba en Oviedo, hoy hay especialistas médicos y psicopedagógicos en Lugo, además de asociaciones donde las familias pueden encontrar apoyo y otras experiencias similiares.

Por el camino, Marina también aprendió algo de sí misma. "Viendo a mi hijo me di cuenta de que yo también soy una TDAH de libro", cuenta. Sin embargo, en su infancia, nadie hablaba de TDAH y ella aprendió a desarrollar sus propios recursos, que todavía le sirven a día de hoy. Con 12 años, su hijo no ha adquirido aún esos mecanismos, pero está en el proceso.

Sistema educativo: Deseo que cambie porque, aún siendo afortunados y sin querer generalizar, no está preparado para estos niños

El diagnóstico a los cuatro años es bastante precoz, según cuenta Marina. En casa lo veían algo infantil para su edad, pero nada les llamaba especialmente la atención hasta que entró en el colegio, donde mostraba un comportamiento inusual. Fue en el centro educativo, el María Auxiliadora, donde le recomendaron ir a Oviedo y allí les confirmaron la intuición de la orientadora escolar. "Ahora no haría falta ir a otro sitio, podría hacerse en Lugo", señala Álvaro.

Tenían el diagnóstico y cada año le hacían al niño una evaluación y les daban unas pautas a los padres, pero poco más. Fue suficiente hasta que el niño empezó a tener ansiedad y en Oviedo les dijeron que era el momento de comenzar a medicarlo. Para sus padres fue un pozo de incertidumbre. Los dos son profesionales sanitarios y les comían las dudas, porque buscaban información y recibían datos y opiniones contradictorios. Les recomendaron entonces ver a José Luis Herranz, un neuropediatra de Santander que iba en la avanzadilla del TDAH en España. Su respuesta fue que el niño lo necesitaba y que ya tenían que haber empezado.

Sin deshacerse de los miedos y las dudas, empezaron a tratarlo. "Vimos una mejoría considerable de la atención", cuentan estos padres, que también eran conscientes de los efectos secundarios del tratamiento, como la pérdida de apetito. "Pero pones ambas cosas en la balanza y compensa", concluyen, aunque en su caso decidieron no darle la medicación durante las vacaciones escolares para que pueda recuperar peso.

Es importante que la gente entienda que son incapaces de frenar los impulsos, no tienen ese filtro, pero no son maleducados

Álvaro está convencido de que en el caso de su hijo "no necesitaría medicación si no tuviera que ir a clase", tal es la importancia del sistema educativo en estos casos. Su deseo es que "cambie porque, aún siendo afortunados con los profesores que ha tenido y sin querer generalizar, el sistema no está preparado para estos niños", aunque ver a profesores formándose le da esperanza.

Las personas con TDAH no son capaces de frenar los impulsos, no tienen filtros para atajar respuestas poco aceptadas socialmente. Tienen que aprenderlos de otro modo. Para avanzar en este camino "es fundamental el apoyo de profesionales, del colegio y de la familia, que lo apoyen pese a lo que les digan", aconseja Marina, que sabe que muchas veces se etiquetan simplemente como "niños maleducados". Más bien al contrario, asegura que suelen ser "creativos, cariñosos, intuititivos, nobles y muy sensibles, pero también les cuesta aceptar las normas y los cambios". Es necesario, dice, que "la sociedad se dé cuenta de que son diferentes".

Para Álvaro y Marina este proceso fue "como subir el Everest, pero tuvimos suerte porque nos han respondido los pilares", dicen. Hoy Lugo cuenta con neuropediatras, gabinetes psicopedagógicos y asociaciones que pueden ayudar y a quienes están empezando en este camino les recomiendan que aprovechen todos esos recursos. "Les diría que se dejen guiar por profesionales, que escuchen a otros padres, que se den margen para conocer a su hijo, pero sabiendo que cada caso es único".

La neuropediatra del Hula Laura Pérez Gay hablará del TDAH este viernes, a las 19.30, en el centro de convivencia Uxío Novoneyra.

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