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Zapatero llama a dar la batalla con la herencia del PSOE como bandera

LLegada de Zapatero (Foto: A. Álvez)
LLegada de Zapatero (Foto: A. Álvez)

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, animó ayer a sus simpatizantes a no dar la batalla electoral por perdida pese a las encuestas ya que, en su opinión, lo conseguido durante estos ocho años de gobierno socialista es la mejor garantía de que se puede afrontar el futuro con optimismo y de que se puede salir de la crisis sin cargar el peso sobre los más desfavorecidos.

En un auditorio Gustavo Freire lleno hasta la bandera, Zapatero quiso mostrar su apoyo a su ministro de Fomento y mano derecha, José Blanco, en un mitin que el presidente reconoció que era muy especial para él y en el que empleó la mayor parte de su tiempo en hacer balance de la gestión de sus gobiernos. Al igual que Blanco, cuya intervención fue sin duda más contundente y la más aplaudida, situó la inversión realizada estos años en Galicia como la más importante para la comunidad en toda su historia.

«Posiblemente», aseguró Zapatero, «son Galicia y Castilla-León las comunidades con la mayor inversión en estos ocho años». «Esto responde a una convicción, una idea que es la base de nuestro proyecto: que aquellos que están más lejos se acerquen. Es una cuestión de voluntad política», sentenció.

Es ese concepto de voluntad política de gobernar para los más desfavorecidos, con el que el presidente quiso caracterizar la acción del socialismo, el que presentó también como garantía de futuro para el país ante las elecciones del 20-N, cuando, según dijo, los españoles van a decidir cómo se afronta su propio futuro y el de la Unión Europea «en un momento histórico». Por eso, reclamó la participación de todos los ahora indecisos y pidió a los suyos que ayuden a mantener «un debate sereno y alejado de la demagogia», que muestre un partido «comprometido con el país que sitúa a España por encima de sus siglas».

Rodríguez Zapatero se esforzó en defender en especial los aspectos de sus políticas sociales e incidió en todo momento en la gran capacidad que, según dijo, ha demostrado este país para conseguir cosas cuando todos están unidos y creen en su posibilidades. Como ejemplo más cercano situó el final de la violencia terrorista de Eta para vivir las primeras elecciones democráticas sin la amenaza del terrorismo, un logro que achacó al esfuerzo colectivo pero en el que destacó el papel jugado por Alfredo Pérez Rubalcaba.

Blanco

El único que ayer pudo robarle protagonismo fue, no obstante, José Blanco. En una intervención apasionada y vibrante que puso varias veces en pie al auditorio, el ministro de Fomento sacó pecho y presumió de ser el ministro gallego que más ha invertido en la comunidad en toda la historia. En el mismo sacó metió a los gobiernos de Zapatero, y todo ello lo enfrentó con «la hoja en blanco» de Mariano Rajoy durante sus ocho años como ministro con Aznar, «de los que en Galicia solo recordamos los hilillos de plastilina. Él nunca ha sentido ni ha querido a Galicia, ni a los gallegos ni al gallego. Galicia no va con Rajoy».

El cabeza de lista por Lugo respondió al PPdeG, que lo tildó de soberbio por presumir de su labor por Galicia: «Soberbio es el puente de Lugo; soberbios son los aeropuertos; soberbia es la Autovía del Cantábrico... No es soberbia decir la verdad cuando la verdad es soberbia».

La necesidad de la movilización de la izquierda también fue otro punto en el que coincidió con el presidente español.

Orozco y Vázquez

Antes les había correspondido el turno de intervención al alcalde Lugo, José López Orozco, y al líder de los socialistas gallegos, Pachi Vázquez. El primero agradeció a Zapatero su presencia, todo lo conseguido por Lugo en estos años y una herencia política que resumió en la frase «el talante forma parte del proyecto».

Vázquez, por parte, cumplió con su papel de ariete contra el Gobierno de la Xunta y contra Alberto Núñez Feijóo, al que situó como el peor ejemplo que puede elegir Rajoy para aplicar su acción de gobierno.

En el mitin, estuvieron además presentes los ministros Elena Espinosa y Francisco Caamaño, éste además cabeza de lista por A Coruña; también acudieron a Lugo las otras dos cabezas de cartel del PSdeG, Laura Seara y Carmen Silva, además de otros destacados miembros del PSdeG.

Al margen

  • Una reunión privada de 20 minutos

El convoy de coches con el que viaja Zapatero llegó puntual al auditorio, a las 20.00 horas, si bien el acto no dio comienzo hasta veinte minutos después. Fue el tiempo que el presidente del Gobierno compartió en una sala privada con el ministro de Fomento, José Blanco; el presidente de la Diputación, José Ramón Gómez Besteiro; el secretario xeral del PSdeG, Pachi Vázquez, y el alcalde de Lugo, José López Orozco.

Por otro lado, la amplia presencia de miembros de la seguridad del presidente del Gobierno y su particular forma de entender su trabajo dificultaron en buena medida tanto la labor de la organización del acto como de los numerosos periodistas que se dieron cita para informar del mismo.

PASEO SENTIMENTAL
Blanco visitó como ministro la unidad de Carreteras de Lugo en la que trabajó su padre
El ministro de Fomento, José Blanco, dio ayer un paseo que él mismo calificó de «sentimental», ocho horas antes del mitin, por las oficinas de Obras Públicas en Lugo. Allí, saludó a los funcionarios, despacho a despacho, y recuperó la ficha de su padre, Luciano Blanco, como operador de maquinaria pesada que fue.

«Mi padre conducía una pala Ebro y a mí, de pequeño, me hacía mucha ilusión subirme a ella», le comentaba Blanco a un funcionario de las oficinas de Lugo, que dijo haber trabajado con su padre en la planta de aglomerado de Guntín.

No hubo despacho sin visitar, ni funcionario sin saludar. Otra trabajadora le recordó que, hace un tiempo, coincidió con ella en la cafetería del ministerio.

El titular de Fomento, que estuvo acompañado por el subdelegado del Gobierno, José Vázquez Portomeñe, visitó, posteriormente, de forma privada, la catedral donde revisó los trabajos de restauración que financia su ministerio y donde contempló, con gran interés, la restauración de las pinturas murales ante la presencia del obispo, Alfonso Carrasco, y del deán, Luciano Armas.

El titular de Fomento recogió la ficha de su progenitor, que fue operador de maquinaria pesada, y recorrió los despachos

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