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Una librería que marcó varias vidas

Conchita Teijeiro, otra de las grandes clientas de la librería. Foto: PEPE TEJERO
Conchita Teijeiro, otra de las grandes clientas de la librería. Foto: PEPE TEJERO

Hoy echará el cerrojo pero su recuerdo quedará en la memoria de todos los lucenses, tanto lectores como no lectores. Souto seguirá siendo Souto como punto de encuentro -como en los últimos 70 años-, administración de lotería o quiosco. Es lo que tiene esta librería, que llegó incluso a ser escenario de una novela.

kate, la protagonista de la novela de Marta Rivera, tenía una librería. Una librería que era como la Souto. Allí, desde la atalaya del primer piso y entre libros, se construye una parte de esta novela de Marta Rivera, que no dudó en inspirarse en Souto a la hora de situar a su protagonista en un enclave conocido del centro de Lugo.

«Me venía bien, por eso la incluí en la novela. Está en un sitio tan bueno, en el centro, donde se cruza tanta gente que, en realidad, reunía todas las características que necesitaba para meterla en el libro», afirma Marta Rivera.

La escritora lucense no duda en reconocer que la librería Souto también formó parte de su historia como lectora.

«Ya, de pequeña, revisaba los cómics en la parte de abajo y los libros, en la de arriba. Recuerdo un cómic de Peter Pan, de Disney, que me compró mi padre. Después, ya de adulta, me inclinaba por los clásicos y allí adquirí, por ejemplo, las obras completas de Borges», cuenta.

Pero esta librería, también dejó otras huellas en la vida de Marta Rivera. Allí, fuera, quedó muchas veces con sus amigas y también fue una de las primeras en la que Marta Rivera firmó ejemplares.

«Algo que me hizo mucha ilusión fue cuando vi mi libro en el escaparate. Ahí fue cuando, realmente, tomé conciencia de que era una escritora», explica.

GENERACIONES

Casi se podría decir que Mary Loly Fernández Fernández, una profesora de Literatura ya jubilada, se crió en la librería Souto. Y eso es porque tanto ella, como sus nueve hermanos, acudían con frecuencia, desde pequeños, a este establecimiento al que se aficionaron a ir, primero, en busca de cromos y, después, en busca de libros. Al fin y al cabo, seguían el ejemplo de sus padres, también grandes lectores.

«Desde pequeñita iba allí a comprar y a cambiar cromos. Sería mediados de los 50 y coleccionaba cromos de animales o de películas como ‘Sissi’. También me gustaban los tebeos de ‘El capitán Trueno’. Iba con mis padres, que compraban libros, revistas, periódicos... y así seguí toda la vida», señala.

Mary Loly encontró en esta librería no solo un montón de ejemplares de su interés sino también el consejo de una de las dependientas más queridas por los clientes, Mary Carmen, ya jubilada.

«Hablaba con ella y ella me aconsejaba. Guardo en la memoria aquellas conversaciones con Mary Carmen, aquellos comentarios que me hacía sobre un libro u otro», manifiesta.

Esta clienta llegó a la Souto de mano de sus padres y, a la vez, pasó el testigo a la tercera generación, que, todavía jóvenes, también respetaron la tradición familiar de ir a buscar el libro de confianza entre los estantes de la Souto.

'LOTERÍAS'

Para Jorge de Vivero, ecologista y profesor de Literatura, Souto es ‘Loterías’. Así se le llamaba a este negocio en sus inicios, cuando era más conocido por la lotería que despachaba que por los libros.

«Tanto influyó en mi vida que mi llegada a Lugo, con 5 años, está ligada a la Souto o ‘Loterías’, como le llamábamos entonces. Souto y La Queta, un negocio de golosinas que había más arriba, fueron los referentes de mi infancia en la Praza Maior. En Souto, compré mis primeros tebeos, de ‘Pulgarcito’ y ‘El capitán Trueno’, que todavía conservo, y allí también adquiría los cromos de animales y futbolistas que luego cambiaba con mis amigos los domingos por la mañana», dice.

Ya, en la adolescencia, Jorge de Vivero acudía a Souto como punto de encuentro, que compaginaba, dependiendo de la cita, con otro enclave muy popular, ubicado en la misma plaza, pero bajo los soportales, Radio Meilán.

«Quedé con muchas chicas en Souto, pero solo venían algunas», dice, riéndose, a la vez que aclara que, sobre todo, «eran citas de pandillas».

«Era un sitio muy bueno para quedar porque estaba en el centro y, desde allí, nos desplazábamos a los cines, a los vinos o, simplemente, dábamos un paseo por el Cantón», añade.

Jorge de Vivero sigue haciendo un recorrido por su vida, que vincula en todo momento a esta librería.

«Después ya, de joven, casi adulto, comencé a comprar allí toda la prensa de la Transición como, por ejemplo, la revista Cambio 16. También sustituí los cromos por fascículos y así empecé a coleccionar fascículos de animales y de viajes», cuenta.

De ahí, a los libros. «Buena parte de mi biblioteca viene de la Souto», reconoce. Por eso, piensa que esta librería llenó, de una manera u otra, muchas horas de su vida. «Para mí, es un referente, un lugar de formación social e ‘intelectual’, un lugar de entretenimiento y diversión», resume.

VACACIONES

Honorio López Cruz -o don Honorio, como lo conocen en la librería- iba a Souto cuando estaba de vacaciones. Este hombre, que estudió Filosofía y Letras y ejerció de gerontólogo, es de Salamanca y, durante muchos años, solo venía a Lugo en periodo vacacional.

«Nunca traía los libros a Lugo para leer en vacaciones, como hace todo el mundo. Yo los compraba aquí. Me gustaba el material que tenían, la rapidez con la que conseguían los pedidos y lo amables que eran. Para mí, ir a la Souto no solo era ir a por libros sino también hablar, intercambiar, comentar y tocar los libros. Era un enriquecimiento personal y mutuo», indica.

Este hombre, que puso en marcha un club de lectura en el centro de mayores de la antigua Caixa Galicia, gastó sus primeros ahorros, de niño, en una edición de ‘El Quijote’. A partir de ahí, fue un no parar: libros de Filosofía, de Historia, biografías, narrativa o temática psicosocial. Todo valía.

REGALOS

Los libros no son solo para consumo propio, también suelen ser un regalo muy recurrido. Conchita Teijeiro era de las que siempre iban a comprar allí los libros que regalaba.

«Compré muchos libros para regalar pero también cosas para los niños pequeños porque allí había de todo», explica.

Conchita -que afirma haber sido una de las primeras clientas de la librería Souto- se define también como una gran lectora. Un libro que la dejó impresionada fue ‘Madame Bovary’, de Flaubert, pero, en general, dice que lee de todo.

«Este libro, ‘Madame Bovary’, fue, para mí, el mejor de todos los que leí. Leí mucho, pero leo con bastante calma. Dependiendo del grosor de los libros, lleva más o menos tiempo», afirma.

Conchita Teijeiro solía acudir a la librería con una idea pero luego, ya allí, se dejaba guiar, en ocasiones, por los consejos de las dependientas, como hacían muchos otros clientes.

«En Souto, había toda clase de novelas, pero yo me dejaba aconsejar siempre por aquellas chicas, que eran muy amables y cariñosas, unas chicas estupendas. La verdad es que siempre me encontré estupendamente allí y eso la hacía única. Es una pena que un negocio de este tipo cierre», dice.

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