Una firma lucense lidera la investigación europea en detección de toxinas marinas

De izquierda a derecha: Tania Davila, José Manuel Antelo, Antía Barcia, Eva Cagide, Isabel Rodríguez, Carmen Alfonso, Mercedes Álvarez y Álvaro Antelo. xesús ponte
photo_camera De izquierda a derecha: Tania Davila, José Manuel Antelo, Antía Barcia, Eva Cagide, Isabel Rodríguez, Carmen Alfonso, Mercedes Álvarez y Álvaro Antelo. xesús ponte

La Unión Europa ha aprobado la eliminación de los bioensayos -ensayos con organismos vivos, en este caso ratones- para detectar la presencia de toxinas en pescados y mariscos. En un plazo de tres años han de desarrollarse métodos analíticos que permitan detectar sustancias tóxicas en estos productos de consumo, y para diseñar estos métodos es necesario contar primero con la toxina en el estado más puro posible para usarla como referencia, lo que se denomina estándar. En la actualidad, sólo un laboratorio desarrolla y comercializa este tipo de estándares en Europa y lo hace desde Lugo.

Laboratorio Cifga fue creado en 2007 con capital de una decena de accionistas lucenses. El objetivo inicial de la empresa era desarrollar alternativas terapéuticas contra el cáncer a partir de una patente del departamento de Farmacología de la USC -de la que son autores Luis Botana y Amparo Alfonso- sobre las propiedades anticancerígenas de una toxina marina, la yesotoxina.

Para llevar a cabo este proyecto de investigación -explica Severino Fernández Cascudo, consejero delegado de Cifga- fue necesario desarrollar un método complejo de biocultivo y purificación de la toxina con el fin de aislarla en el estado más puro posible. La empresa decidió entonces aprovechar el conocimiento alcanzado en ese ámbito para crear otra línea empresarial centrada «en la producción de estándares de biotoxinas marinas puras», indica Severino Fernández.

En la actualidad, el catálogo del laboratorio en este campo cuenta con doce estándares de toxinas marinas, y dos de ellas -la yesotoxina y el ácido okadaico- tienen la consideración de material de referencia certificado, es decir, se hace siguiendo unos protocolos de calidad específicos.

Fernández Cascudo asegura que Cifga «es la única empresa europea capaz de proveer de estándares de biotoxinas» con un único competidor a nivel mundial, el Consejo de Investigación Nacional de Canadá, un organismo público. Estos estándares no sólo se usan para métodos analíticos, sino también en investigación, ya que conseguir las moléculas y purificarlas es un proceso complejo y de coste elevado, por lo que muchos investigadores prefieren comprarlas a obtenerlas en laboratorio. Cifga vende en la actualidad a Suiza, Inglaterra, Canadá y Holanda, entre otros países.

Las perspectivas de esta línea pintan bien si se tiene en cuenta que debido a la eliminación de los bioensayos «todo control de biotoxinas habrá que hacerlo a través de controles analíticos y para conseguirlos se necesitan estándares puros de las toxinas que se pretenden detectar», indica Cascudo. Los cálculos apuntan a que «la demanda será máxima dentro de tres años».

Grave riesgo

Las toxinas marinas, tal y como se recoge en la página web de Cifga, «suponen un grave riesgo para la salud pública y son un serio problema socio-económico para la industria de los moluscos». Su efecto puede ser diarreico, paralizante -hasta el extremo de la muerte- o neuroactivo, cuyo potencial dañino es también muy alto. El cambio climático, además, fomenta la llegada a las costas europeas de nuevos tipos de toxinas que antes no actuaban en esta área geográfica.

Este riesgo ha llevado a numerosos países a poner en práctica complejos sistemas de vigilancia para proteger a los consumidores, una tarea para la que se precisan estándares.

De la complejidad de esta empresa da muestra la plantilla, compuesta por cinco doctores en Química, Biología o Tecnología de los Alimentos y tres técnicos de laboratorio.

Su sede actual está en la facultad de Veterinaria, donde han alquilado varias dependencias y equipos a la Universidad de Santiago, que han completado con adquisiciones propias de equipos de alta tecnología.

La empresa resultó adjudicataria de la venta de un terreno de la Diputación en el entorno del campus por un valor de 191.200 euros a principios de este año. «La idea es hacer allí un edificio, pero el presupuesto es limitado y preferimos invertir en investigación y en equipos antes que en la edificación», resume Fernández Cascudo.

Una plantilla cum laude

La plantilla de Laboratorio Cifga es extremadamente joven y cualificada. De los ocho miembros, cinco son doctores por la USC. Los integrantes son, de izquierda a derecha: Tania Davila, de Ribeira, técnico de laboratorio; José Manuel Antelo, de Outes, técnico de acuicultura; Antía Barcia, de Santiago, técnico de laboratorio; Eva Cagide, de Pontevedra, doctora en Biología; Isabel Rodríguez, de Lugo, doctora en Biología; Carmen Alfonso, de A Fonsagrada, doctora en Ciencia y Tecnología de los Alimentos y responsable de calidad; Mercedes Álvarez, de Noia, doctora en Química y responsable de Análisis, y Álvaro Antelo, de Santa Comba, doctor en Química y responsable de Certificación.

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