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Tablones de anuncios urbanos

Anuncios en un bajante. (Foto: EP)
Anuncios en un bajante. (Foto: EP)

cuando era un estudiante universitario, hace de eso más de dos décadas, farolas y señales de tráfico eran los lugares idóneos para encontrar una oferta para compartir piso; un ‘negro’ para pasar trabajos a ordenador o intelectuales fiestas de facultad.

Dos décadas después no solo no se ha prescindido de estos improvisados tablones de anuncios urbanos sino que se ha ampliado el abanico de productos y servicios que se oferta en ellos, en algunos casos condicionados por la acuciante coyuntura económica.

Cuando ayer daba un paseo por el barrio de San Antonio me encontré en el bajante de un edificio un par de ofertas que despertaron mi curiosidad. Me pareció rudimentaria la presentación de una. Estaba escrita a mano. Pero su lenguaje era más directo, un piso por «11 kilos», y más publicitario, con el reclamo «¡¡chollo!!. No sé, no las tengo todas conmigo.

En la otra, el autor al menos se tomó la molestia de mecanografiarla. Pero su mensaje era más preocupante: «por crisis se vende». Con la que está cayendo no es para tomárselo a broma. A diario recibimos noticias de los aprietos por los que están pasando miles de lucenses. En el mercadillo que se anunciaba en la nota pegada en ese bajante figuraban desde una caldera de gas o un mueble-bar hasta un par de bicicletas, un ciclomotor y dos vehículos clásicos que ya han cumplido sus bodas de plata o casi: un Renault 11 de 1986 y un Mercedes Benz 260 E de 1988.

Mi paseo resultó todavía más fructífero. Ya no sólo en bajantes, pegada en fachadas, puertas o buzones externos -eso sí con celo para que resultase fácil y no dañina arrancarla- encontré una cuartilla que anunciaba la venta de una finca situada a cuatro kilómetros de Ombreiro, con pozo artesano y alumbrado público a 50 metros. Su precio, seis euros el metro cuadrado, según ese particular tablón de anuncios.

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