Si hay japonés, hay monumento

Después de caminar sin parar durante más de una hora y de darle varias vueltas a la misma manzana de calles con un mapa en la mano, me faltó bien poco para tirar la toalla. Estaba en Viena, hace ya algunos años, y trataba de encontrar, evidentemente sin éxito, la casa museo de Freud. A punto de mandar al cuerno tan edificante destino, para psicoanalizarme en la terracita de alguna cervecería, vimos a un grupo de japoneses que iba como un tiro por la acera contraria.

La reflexión fue primitiva. Si hay japonés, hay monumento. A pegarse a los de las cámaras caras. Pasamos un par de calles, giramos a la derecha y, en menos de cinco minutos, estábamos tocando a la puerta de los herederos de don Sigmund. Ni con un navegador por satélite.

La semana pasada, parado con el coche en el semáforo de la calle Santiago, en la confluencia con la Ronda, recordé aquella idea fugaz. Si hay japonés, hay monumento, pensé. Un joven nipón caminaba, con paso distraído y un mapa en la mano, por delante del colegio de las Josefinas, a pocos metros de nuestra Muralla. Apenas pude observarlo unos segundos, porque la luz se puso en verde, pero me quedé con la sensación de que había visto antes esa cara.

No fue una ilusión óptica. En un momento más relajado del día, recordé espontáneamente de que me sonaba. Había visto al mismo tipo en el Pazo de Feiras e Congresos, en compañía de otros tres o cuatro compatriotas. Formaban parte de una de las misiones comerciales inversas que fueron organizadas con motivo de la celebración de VI Congreso Mundial del Jamón.

Casi medio millar de personas, procedentes de catorce países diferentes, participaron durante tres días en un evento que logró reunir en Lugo a destacados especialistas y a simples comedores de jamón. En la inauguración del congreso, las autoridades locales invitaron a los asistentes a aprovechar su estancia en la ciudad para visitarla, con la idea de que acabasen convirtiéndose en sus ‘embajadores’. Al menos, algunos tomaron buena nota de la recomendación.

Da la sensación de que iniciativas como ésta, con independencia de los contactos comerciales que realicen las empresas participantes, sólo pueden aportar cosas positivas a la ciudad. Para quererte, primero tienen que conocerte.

En todo caso, superada esa primera fase, tampoco podemos olvidar que sólo es querido el que se hace querer. En un mundo global, en el que la oferta de destinos es infinita y hasta el más tonto hace relojes, no basta con tener una de las construcciones militares de origen romano mejor conservadas del mundo.

En la organización de este congreso ha sido fundamental la simbiosis entre la iniciativa pública y privada. Si no remamos todos en la misma dirección, la corriente nos llevará a ninguna parte. Entonces, habrá monumento, pero no habrá japonés. Ni catalán, ni noruego, ni extremeño…

Algunos hosteleros sirvieron casi doscientas tapas en un solo día de concurso

Algunos locales sirvieron en un solo día de concurso casi doscientas tapas, lo que demuestra el tirón que tienen iniciativas de este tipo. Entre los hosteleros hay quien habla de la necesidad de aumentar el número de participantes, pero tampoco falta quien propone hacer algo parecido en otra época del año. No estaría mal. Imaginación al poder. (Foto: J. Vázquez)

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