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Recordando el 23-F

Estamos en febrero y dos canales estatales de televisión nos han traído al recuerdo, uno bajo la recreación de una historia de amor y el otro con la importante documentación que guarda en su archivo, aquella fatídica data del 23-F en el que la débil democracia española estuvo a punto de irse al garete.

Es esta una fecha que incita a la memoria y que motiva a escribir, como cuando se aproxima el 20-N, el 14 de abril o el día de la Constitución.

Del 23-F se ha escrito mucho sobre su repercusión en otras ciudades españolas pero, ¿cómo fue aquí? En apariencia predominaba en Lugo, esa tarde y su noche correspondiente, una falsa tranquilidad apreciable en la escasa presencia de gente por las calles y en la gran actividad que se desarrollaba en algunas sedes de partidos políticos.

Daba la sensación de que no pasaba nada pero también aquí se había cocido el golpismo a las orillas del Miño, en donde en jornadas previas se habían reunido los favorables al golpe de estado para apoyarlo. Entre las actividades que habían previsto figuraba la de entregar una pistola a un joven extremista para que ese día asesinase a una persona destacada de la ciudad, lo que provocaría la indignación de algunos militares que aprovecharían para alzarse en armas a favor de Tejero.

En Lugo, en aquellos días, la extrema derecha estaba dividida entre el sector radical, el de Tejero, y los que apoyaban la monarquía, de los que no se fiaban los primeros por lo que no los incluyeron en la intentona aunque alguno de ellos se ufanase posteriormente, en charla de café, de su participación en el golpe.

La cosa iba mucho más en serio de lo que pueda pensarse y tras el 23-F, un periódico coruñés y posteriormente el semanario A Nosa Terra publicarían a toda plana la lista negra de los que deberían ser detenidos y fusilados en cada provincia gallega, con una apostilla sobre cada uno, aportada por los golpistas, en la que se hacía constar su militancia o ideología.

El 23-F en este periódico, tras conocerse la entrada de Tejero en el Congreso, se ordenó cerrar la puerta y se continuó con el trabajo pero con la vista puesta continuamente en los teletipos. Mientras, en algunos sindicatos y partidos la actividad era otra: se quemaban archivos o se ocultaban, en otros se volvían a reorganizar en células para pasar a la clandestinidad e incluso algunos cogieron el camino hacia Portugal con la idea de volver armados para la guerrilla.

Una fecha en apariencia tranquila pero que pudo haber sido dramática para muchos lucenses y sus familias y es que, a veces, las apariencias engañan.

Recordando el 23-F