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No es cuestión de diligencia vital

HACE ALGUNOS años, un catedrático de Derecho Constitucional me dijo, a los dos minutos de conocerme, que dudaba mucho «de la diligencia vital» de los periodistas. Sin duda, semejante afirmación no es la mejor manera de entablar conversación con alguien que ha hecho de esa profesión su medio de vida. Desde ese preciso momento, supe que no iba a llevarme bien con aquel señor, pero en vez de contestarle con un exabrupto, cerré el pico, miré hacia el techo y menté a su madre para mis adentros, porque la mía siempre me recuerda que «la mala palabra es de quien la dice» y que «no hay mayor desprecio que no dar aprecio».

Casi había enterrado en la memoria ese desafortunado encuentro, pero en los últimos días, con todo el follón de la campaña electoral y las interminables horas de trabajo delante de la pantalla del ordenador, recordé aquella rebuscada expresión. Después de varios fines de semana doblando turnos para dar cobertura a la rebosante agenda de los políticos, casi la mastiqué en mi cabeza: «di-li-gen-cia» vital.

Sin hacer de menos a ninguna profesión, el trabajo de los periodistas es fundamental para la democracia en la que vivimos. Los que juntamos letras a diario no salvamos vidas, como los médicos, ni construimos bonitos edificios que perduran en el tiempo, como los arquitectos. Es más, el fruto de nuestro esfuerzo es a veces tan efímero que caduca a las pocas horas. Sin embargo, manejamos a diario uno de los derechos fundamentales, protegido por el artículo 20 de la Constitución, el de «comunicar o recibir libremente información veraz».

Entramos en la segunda y última semana de campaña. Desde hace días, la tensión y las horas de trabajo se han multiplicado en las redacciones. Muchas personas opinan que los períodos preelectorales tendrían que ser más cortos o que se le da demasiada importancia a la propaganda política, pero lo cierto es que a la sociedad sólo llega una mínima parte de la información a granel que generan los partidos.

Son los periodistas los que durante quince días siguen a todas partes a los que gobernarán y a los que serán oposición. También los que escuchan horas y horas de verborrea, muchas veces destinada a convencer a los ya convencidos, para cribar las ideas manoseadas y separar el grano de la paja. Son, en definitiva, los ojos y los oídos de la sociedad que tendrá que decidir el 22 de mayo.

Por cierto, también son los periodistas los que muchas veces tienen que dejarse las pestañas para interpretar los textos jurídicos, sentencias o escritos de acusación, que escriben los hombres y mujeres de leyes como el señor catedrático, para hacer comprensible su contenido al resto de los mortales. Por eso, quizás flojee nuestra diligencia vital, pero con todo lo que tenemos que oír a diario no se nos puede negar que tenemos paciencia. Mucha paciencia.

Los animales provocaron el 33% de los accidentes en carreteras provinciales desde 2005

Animales domésticos y salvajes han provocado 4.479 accidentes en las carreteras provinciales en el último lustro, lo que representa más de un 33% de los 13.450 siniestros registrados. El 78,5% ha sido ocasionado por especies cinegéticas. Algunos sucesos son inevitables, pero a mayor precaución al volante, menor riesgo para los conductores.

No es cuestión de diligencia vital
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