'Mi vida acabó; ella era mi vida''

Pernas, durante la vista celebrada ayer en el TSXG. (Foto: La Opinión)
photo_camera Pernas, durante la vista celebrada ayer en el TSXG. (Foto: La Opinión)

Juan Carlos Pernas García se presentó ayer ante la sala del TSXG escudado tras los mismos argumentos que había esgrimido en la Audiencia Provincial de Lugo ante el jurado que lo condenó a 21 años y ocho meses por la muerte del su esposa, la enfermera Montserrat Labrada: sí, la mató de cinco hachazos en la cabeza, pero no fue un asesinato premeditado, sino un homicidio en un arrebato provocado por la situación de tensión que soportaba por la relación extramatrimonial que ella mantenía.

«La quería, lloro todos los días por ella», le decía al tribunal coruñés, en una repetición exacta de la frase que ya había utilizado en el juicio en Lugo, antes de desmoronarse entre lágrimas y el lamento «sé que mi vida se acabó, porque ella era mi vida». No obstante, la vista de ayer ante el alto tribunal gallego era para recuperar buena parte de esa vida, ya sin Montserrat: solicitaba la anulación del juicio en el que fue condenado o, en su defecto, la calificación de homicidio en lugar de asesinato; la anulación de la condena por maltrato habitual y la admisión de varias atenuantes, lo que podría rebajar en una decena de años su condena.

MALTRATO HABITUAL
«En 18 años no le puse un dedo encima»

Juan Carlos Pernas mostró en la vista de ayer un punto de obsesión que ya había llamado la atención en el juicio en Lugo: admitió sin problemas la brutal muerte de sus esposa, pero negó con vehemencia que la hubiese sometido a maltrato. De hecho, incluso se negó a llegar a un acuerdo con la Fiscalía que le hubiera ahorrado varios años solo por no reconocer este punto. 

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