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La memoria de Recatelo

Ángel López Somoza. (Foto: VALLEJO)
Ángel López Somoza. (Foto: VALLEJO)

Ángel López Somoza mantiene desde su niñez un estrecho vínculo con el barrio de Recatelo. De aquellos años recuerda la intensa actividad comercial de esta parte de la ciudad y las rivalidades que mantenían con otros barrios de los alrededores

«os da CALZADA mataron un burro e os de Recatelo por non cocelo comérono crudo», con este popular refrán Ángel López Somoza ejemplifica la rivalidad existente entre las pandillas de los distintos barrios de la ciudad de Lugo.

Este vecino del barrio de Recatelo lleva casi 40 años residiendo en la zona, pero ya desde muy niño siempre mantuvo una intensa relación con el barrio. «Mis padres tenían una tienda en la Calzada, la tienda de Verín se llamaba, y los de Recatelo iban a comprar allí», indica.

Ángel López recuerda con añoranza los años de mayor apogeo de Recatelo. «El comercio dependió siempre del transporte. Fue un barrio de hospedaje y tenía fama de buen comer. En Recatelo se vendía el mejor vino de Lugo y, aún hoy en día, se sigue reconociendo como una buena zona de hostelería, que es lo que mantiene vivo al barrio», señala.

Según considera Ángel López, esta época de esplendor se debía al elevado movimiento de personas generado por el tráfico de viajeros. «Todos los coches de línea paraban aquí: la empresa de Friol, de Portomarín, La Directa... Todos se detenían en la puerta de Santiago. Además, antes de que la ronda estuviese asfaltada la gente que venía del puente romano pasaba por Recatelo, ya que por la ronda había mucho barrizal y los carros no circulaban», comenta.

Los días de feria y mercado eran días de gran actividad en Recatelo. El barrio se llenaba de gente procedente de las aldeas próximas a Lugo que venían a la ciudad a vender sus productos, con carros «cargados de leña, de tojos, de paja y luego tenían dinero fresco para gastárselo en un buen vino y una buena comida y sin duda, éste era el mejor sitio», explica López Somoza.

Durante estos años, el barrio contaba con algunos de los negocios más prósperos de aquellos tiempos. Así, según señala Ángel López, la calle Cedrón del Valle contó con un importante aserradero y Maderas Besteiro también inició su actividad con un local en esta zona. También recuerda como, siendo pequeños, el barrio llegó a contar con tres talleres de bicicletas: Platero, Fontao y el Pinche. Pero principalmente eran las casas de comida las que abundaban. «La Casa do Bataneiro era un referente de comidas en la época, junto con el Manco, el Frade, el Rivas o La Coruñesa, que fue un hito cuando se instaló en el barrio», subraya.

En su repaso por otros grandes nombres de la época no olvida la popular tienda que aún regentan en la actualidad la hermanas Prado o el mítico Cachorro, además de dos grandes almacenes de bebidas: Casa Mourelle y Campos. También señala que en los años 50 había un importante taller mecánico que arreglaba todos los motores Barreiros de la época. «Lo llamaban la Segunda Base», señala.

Ángel López también fue testigo de como las grandes extensiones de huertas empezaron a dar paso a las construcciones de los primeros chalés del barrio. «Don Senén Prieto, Don Severino Martínez o la casa Ordóñez eran algunas de las familias más pudientes de la época», indica.

Con el paso del tiempo, en Recatelo también desaparecieron algunas tradiciones populares. «Había una fiesta dedicada a la Virgen de los Dolores que se celebraba en el mes de septiembre. Teníamos fiesta dos días, el sábado y el domingo,pero la romería desapareció porque decían que se entorpecía la circulación», comenta López Somoza.

A pocos días de celebrar el San Froilán, Ángel López destaca la importancia de las fiestas, principalmente para la hostelería, aunque también señala que la celebración conlleva algún inconveniente como el ruido y los olores. Asimismo, subraya las excelentes condiciones que reúne la zona para la celebración de los festejos. «Si sacan las fiestas de la zona del parque, muere el San Froilán. Cuando en los años 80 lo llevaron a la Ronda del Carmen fue un fracaso total».

Recatelo, aquel barrio donde los niños jugaban en la calle de sol a sol conserva aún hoy en día ese carácter familiar, pero Ángel lamenta que ahora cada uno «vaya un poco más a lo suyo». Somos todos amigos y conocidos pero antes se sacaba la silla para fuera en la calle y se estaba de tertulia durante horas», añade. Entre las prioridades para el barrio, Ángel López reclama un mayor control y vigilancia policial, «sobre todo los fines de semana, cuando se concentra el botellón en la zona».

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