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''La gente se escandaliza si el Estado cobra la educación''

AL TERMINAR EL BACHILLERATO en el IES A Nosa Señora dos Ollos Grandes, Marco Bello ansiaba estudiar Medicina, pero la nota de corte lo dejó a las puertas de la facultad. Se reorientó entonces hacia Veterinaria, de la que realizó un curso, pero se dio cuenta de que no era lo suyo. Buscó entonces un modo de seguir adelante con su idea y se propuso, además, realizar sus estudios íntegramente en inglés. Aunque parezca extraño, en Hungría halló esta posibilidad. Desde el pasado mes de septiembre vive en Budapest, la capital, donde cursa el llamado ‘Pre-med course’ en un centro de estudios internacional. El próximo año empezará sus estudios en una de las universidades húngaras con un programa internacional y su intención es acabar ahí, al menos, el primer ciclo de la carrera; es decir, tres años más.

En su círculo familiar y de amigos el proyecto sonó algo raro al principio. "A mi madre no le gustaba mucho la idea de que me fuese tan lejos", y de sus amigos oyó cosas como "¡qué valor tienes!" o "¡estás de broma!". Pero no lo estaba, y a día de hoy Marco se muestra encantado de su decisión. "Está siendo una gran y grata experiencia. El hecho de cuidar de mí mismo en prácticamente todos los aspectos, excepto el ámbito económico, es algo que me gusta y me motiva mucho", cuenta, y el hecho de conocer a gente de diversos países "resulta muy emocionante".

Después de bastante papeleo, Marco se plantó en Budapest, un lugar en el que le gustaría "vivir un tiempo, pero no de forma permanente" y al que encuentra un aire con las fotos del "Madrid de los setenta"  —es, de lejos, demasiado joven para haberlo vivido—. Le encanta "la comida picante y el aspecto bohemio de la ciudad en general" y lo que menos le gusta es "lo descuidadas que están muchas calles y edificios de distritos menos céntricos, los más alejados del río Danubio".

Sin embargo, a pesar de la apariencia de algunas zonas, Marco asegura que las calles son "como norma general seguras y pasear por la noche por los distritos más céntricos no resulta en absoluto ningún problema, aunque por desgracia abunda la prostitución y la pobreza", cuenta.

A pesar de que Hungría es un país miembro de la Unión Europa, mantiene su moneda propia, el florín, cuya relación con el euro está ahora en 260 unidades por euro.  En virtud del cambio, "la vida no resulta muy cara para un visitante español", cuenta Marco.

Mucho menos accesible es el idioma. "Hasta los nativos se quejan de la dificultad de su lengua porque tiene casi más excepciones que normas", dice Marco. Lo que ha aprendido hasta ahora le ha servicio para comprobar que es "bastante flexible en cuanto a construcciones sintácticas", a pesar de que la primera impresión invita a pensar lo contrario. Los nativos, asegura, "dicen que es muy rico en vocabulario". Para alegría de los extranjeros, la mayor parte de los estrenos cinematográficos son en versión original en inglés.

En Hungría, la educación es "estrictamente pública" y en general, "buena", según las referencias que pudo recabar Marco. Se trata de un país de la órbita comunista, así que "cuando el Estado intenta imponer algún tipo de pago en la educación, la gente se escandaliza". Aunque existen centros privados, los ciudadanos "pueden cursar sus estudios universitarios totalmente gratis".

Algo similar sucede con la sanidad, pues la mayoría de los hospitales son públicos y la atención sanitaria tiene fama de ser buena, aunque los médicos y enfermeros "suelen quejarse de su bajo sueldo" y muchos de ellos se van a trabajar a Suecia, donde ganan un salario mucho más elevado. Existe una diferencia importante con respecto a otros países europeos en el campo de los seguros de vida, puesto que no existen compañía privadas, sino que es únicamente el Estado el que controla e invierte en ellos.

En cuanto a la movilidad, en Budapest hay una extensa red de transporte público, pero aún así "mucha gente usa el coche". Tanto en los medios comunitarios como en vehículos propios, en la capital "la gente pasa mucho tiempo viajando a sus lugares de trabajo", cuenta Marco, que añora de Lugo los amigos, la familia y "el ambiente tranquilo y familiar".

"O tienes un piso o casi eres un sin techo"
En la capital húngara, el alquiler de un piso de unos 60 metros cuadrados puede oscilar entre los 250 y los 500 euros al mes, dependiendo de las condiciones. La mayoría de los compañeros de Marco pagan una media de 300 euros mensuales, cuenta. Sin embargo, fuera del estudiantado, el alquiler no suele ser una opción. "Difícilmente se alquila: o tienes un piso o prácticamente eres un sin techo", le han contado a Marco. Además, algunas casas, incluso en Budapest, se encuentran en bastante malas condiciones y quizás lo más adecuado, dice, sería llamarles "refugios".

Comida picante
A Marco le encanta la comida húngara, bastante picante. No se puede dejar de probar, dice, el ‘Gulash’ . Los húngaros siguen siendo muy fieles a la comida casera y apenas salen a comer fuera sobre todo porque puede resultar diez veces más cara, aunque se trate de un local económico.  Restaurantes y comida preparada suele ser para turistas y visitantes, salvo los comedores de colegio y lugares de trabajo. Además, es frecuente que los niño se lleven el desayuno que les preparan sus madres. El número de comidas es similar al de España, aunque más tempranas.

Propinas frecuentes
En los restaurantes hay que tener en cuenta que las propinas al camarero son "estrictamente obligatorias"; y también en el caso de otros servicios, como la peluquería. "Si estás satisfecho y quieres volver a usar el servicio en un futuro, definitivamente debes dar algo de propina", alrededor del 10% de la cuenta. No se da, sin embargo, si es un trabajador por cuenta propia que no da recibo —algo ilegal, pero frecuente, sobre todo entre los taxistas—

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