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Himnos

Estamos en época de nuevos himnos, de exaltación de cualquier valor por mínimo o particular que sea a través del canto y la interpretación musical.

En pleno declive del Romanticismo, Gustavo Adolfo Bécquer nos dejaba aquellos versos: “Yo sé un himno gigante y extraño/ que anuncia en la noche del alma una aurora”.

Los himnos, o mejor su proliferación y creación, acostumbran a surgir en momentos difíciles en las relaciones humanas, como los que nos toca vivir actualmente y que no son, ni mucho menos, anunciadores de una nueva aurora que comience a florecer, como rezaba uno de los versos de aquel trasnochado  Himno Marista que los alumnos debíamos cantar, puestos en pie, en la fiesta de la Inmaculada, patrona del colegio lucense.

La Marcha Granadera, llamada también Marcha Real, es el himno que se emplea oficialmente en España, una composición que carece de letra a pesar de los empeños de José María Pemán otrora y de algunos ahora, por dotarlo de ella. Para los republicanos, su himno sigue siendo el de El Riego, que sí tiene letra pero que durante la Guerra Civil fue trastocada por otra popular y más adaptada a las circunstancias bélicas de uno de los bandos, aunque esto de cambiar letras o estrofas por parte del pueblo no es nada novedoso y en un poema tan conocido por los gallegos como es Cantiga, de Curros Enríquez, el primero de los versos, “No xardín unha noite sentada”, fue cambiado por autor anónimo por “Unha noite na eira do trigo”, texto con el que se interpreta actualmente.

Ahora hasta la Selección Española de Fútbol, La Roja, quiere tener su propio himno y realmente el que le han compuesto, por lo que a letra y música se refiere, es más propio de los tiempos del Plan Marshall, con la identificación de España con Andalucía, que de los tiempos que corren.

Todos, como se ve, quieren tener su himno: al CD Lugo le han compuesto un segundo, la Peña Anda tiene el suyo con letra de Trapero Pardo y el Azkar ha estrenado uno que prefiero no recordar.

Tengo que hablar con mi amigo Manolo Pajón para que me componga el mío y estrenarlo el día de mi cumpleaños. Qué entrañable, con mi familia cantándolo con la mano en el corazón mientras que yo, con los pulmones cargados de aire, intento apagar las velas.

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